Los patócratas argentinos no dialogan, imponen.

Roberto Cachanosky
Periodismo de verdad
17/06/08

Antes de la protesta del campo, ya se sabía que la economía estaba deslizándose rápidamente hacia una crisis. La inflación se había disparado mucho antes del paro agropecuario, mientras que los problemas energéticos, fiscales y ausencia de inversiones eran más que evidentes. Hoy, por lo tanto, no estamos asistiendo a una crisis política, social y económica inesperada ni gratuita, sino que vivimos el resultado inevitable de una acumulación de disparates que tenía que terminar de esta manera.

Es que el supuesto paradigma del nuevo modelo económico no era tal por más que algunos empresarios pretendían verlo como un descubrimiento de la ciencia económica, por el cual se podía emitir sin generar inflación, crecer sin tener inversiones y lograr que la economía funcionara con crecientes controles e intervencionismo.

Todo lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un modelo intrínsecamente perverso que se basa en el autoritarismo económico y político.


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Néstor Kirchner creyó que podía, sin costo alguno, emitir moneda en cantidades crecientes para sostener el eufemismo del tipo de cambio competitivo, hasta que un día se dio cuenta que había inflación. En vez de corregir el rumbo económico, lo mandó a Guillermo Moreno a controlar los precios y a apretar a los empresarios para disimular la inflación mientras el BCRA seguía imprimiendo billetes. Como eso no le alcanzó, destruyó el INDEC para que dijera que los precios no subían en Argentina. Prohibió exportaciones, aumentó sistemáticamente los impuestos a las exportaciones, denunció y acusó a sectores productivos de avaros. Hoy el gobierno dice que aumentó las retenciones para que se produzca, entre otras cosas, más carne. Todavía me acuerdo de su discurso, vociferando desde la tribuna que el campo quería lucrar con el hambre del pueblo argentino. Hizo todo lo posible para destruir la ganadería, lo consiguió y ahora se queja que no se produce carne.

No conforme con todo esto, metió la economía en una maraña de subsidios para disimular la inflación, duplicando en un año los subsidios a la energía para que no se tocaran las tarifas. El resultado es que a las empresas le bajan la palanca cada vez más seguido porque si no tienen que dejar sin luz a la gente mientras el gasto público crece por la necesidad de mayores recursos para financiar estos subsidios.

Néstor Kirchner creyó que podía manejar indefinidamente a las trompadas la economía y hoy se encuentra con que la realidad le devuelve las trompadas a él. Desabastecimiento, inflación galopante, un país económicamente paralizado y una imagen del gobierno que cae en picada como nunca antes se había visto.

Pero frente a la cruda realidad que cualquier persona puede ver, el gobierno sigue empeñado en negarla. La presidente sigue diciendo que el país crece, que hay menos pobreza, que nunca antes en toda la historia de la Argentina habíamos crecido como lo hicimos en los últimos 5 años. Ella y sus funcionarios han llegado a formular declaraciones que ofenden la inteligencia de la gente. Alberto Fernández afirmó que las retenciones no son un impuesto sino que son una herramienta de política económica y, por lo tanto, no tienen que pedirle permiso al Congreso para aumentarlas.

Después de 90 días de conflicto Cristina Fernández de Kirchner quiere hacernos creer que cuando se anunciaron las retenciones móviles se olvidó de explicar que lo hacía para destinar más fondos a planes sociales. La verdad es que tratar de “vender” el impuestazo al campo como una necesidad de “solidaridad social” es casi una falta de respeto al coeficiente intelectual de los argentinos. ¿Cómo puede pararse frente a las cámaras de televisión y decir, sin que se le mueva un pelo, que los recursos van a ser destinados a construir más hospitales si los que hay se caen a pedazos? ¿En serio creen que con ese discurso van a convencer a la gente que ellos son buenos y el resto son avaros?

El gobierno y Moyano se cansaron de decir que por culpa del paro agropecuario la inflación se había disparado. Había inflación por culpa del campo. Pero resulta que el INDEC acaba de “informar” que la inflación en mayo fue de solamente el 0,6% y los alimentos subieron el 0,1%.

Es curioso, los Kirchner despotrican contra el libre mercado, pero se mueven políticamente recurriendo a las reglas del intercambio comercial. Permanentemente buscan el precio de conseguir el apoyo de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y sectores productivos. La caja por un lado y el apoyo por el otro. Obviamente, un esquema de este tipo nada tiene que ver con una democracia republicana. Por el contrario, el matrimonio parece ver el poder como un negocio personal. Si consigo el poder tengo el monopolio de la fuerza y con el monopolio de la fuerza puedo apropiarme del trabajo de la gente y con ese dinero construir más poder comprando voluntades. Para conseguir ese objetivo todo el sistema económico tiene que estar subordinado al mantenimiento del poder, por más inconsistentes que sean las políticas económicas que se apliquen. El costo de semejante esquema está a la vista.

El discurso de que las retenciones se ponen para que la gente tenga comida en sus mesas ya no convence a nadie, porque no solo los precios de los alimentos se han disparado fruto de la inflación que generó el gobierno sino que, además, han logrado uno de los desabastecimientos más grandes de la historia argentina.

De aquí en más sabemos que los Kirchner no van a dialogar porque no conciben el diálogo como un mecanismo de entendimiento. Los sistemas autocráticos no dialogan. Imponen. Ellos creen en la prepotencia, la descalificación, las amenazas y en infundir miedo utilizando el monopolio de la fuerza que los argentinos le delegamos para que defendiera nuestro derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Comentario SDLT:
Y aquí recordamos a nuestros lectores la importancia de adquirir conocimiento acerca de la Ponerología Política. Las teorías allí analizadas nos brindan una clara explicación de cómo y por qué "gente" como este matrimonio llegó al poder. En materia de política, no tener escrúpulos, empatía ni nada de lo que pueda ser visto como cualidades positivas de un ser humano, es una herramienta clave. Y allí como en otros sectores, los psicópatas son lamentablemente una minoría muy, pero muy poderosa.

Aun así, siguen siendo la minoría, y no son invencibles si todos tomamos consciencia y aprendemos a decir NO a los valores inhumanos.

Lo que hoy se está discutiendo en Argentina ya no es un tema de retenciones o de política económica. Estamos discutiendo la defensa de una democracia republicana contra un sistema autoritario basado en el abuso del poder delegado por los ciudadanos.

Comentario SDLT: También deberíamos estar discutiendo el efecto nefasto que tiene el poder psicopático en el razonamiento humano, y cómo puede llevar a un quiebre social caracterizado por el miedo y el sufrimiento.

Si desean conocer ejemplos de la historia argentina y latinoamericana en los que un estado de shock
trajo consecuencias terribles a toda la sociedad, les recomendamos "La doctrina del Shock", de Naomi Klein. En Argentina, el shock podría llegar tras la falta de alimentos, la pobreza y la inflación. Y es en esos momentos de fragilidad social cuando los patócratas clavan el puñal y ponen en práctica sus planes más macabros.

El mundo latinoamericano todavía está pagando el precio de la represión y el lavado de cerebro que vivió en el transcurso del siglo pasado. Ha perdido su capacidad de reflexión y acción. No se confundan. Que hoy no se vean militares por la calle no significa que haya más libertad. La supresión del conocimiento y la ponerización pueden ser más insidiosas de lo que imaginamos.


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5 comentarios:

Alda Pelegri dijo...

Las primeras minorias o los sectores que votamos para que pongan limitea, tampoco hacen el trabajo que les corresponde

jose dijo...

Igualmente, yo vote oposicion, pero no se opone a "nada"

Héctor Corvalán dijo...

Justamente, Cachanosky es el típico economista "liberal" apocalíptico que denuncia Naomi Klein en su libro. A los "patócratas" hay que buscarlos por ese lado. Saludos

Equipo Señales De Los Tiempos dijo...

Lamentablemente sin conocimiento de psicología, toda ideología es susceptible a la ponerología - la patocracia.

El gobierno argentino tiene un discurso de oveja pero sus políticas son más bien las de un lobo, más allá que de vez en cuando recurra a alguna medida "progresista"...

Equipo Señales De Los Tiempos dijo...

Andrej Lobazcewski demuestra cómo el Mal se propaga en toda asociación, ideología o partido político cuando la gente no está al tanto de su origen. En la ocurrencia, los gobernantes argentinos son quienes tienen la responsabilidad en la actualidad, pero no por eso sugerimos votar a la oposición, y mucho menos que ésta es inocente.

He aquí lo que dice este autor acerca de las asociaciones ponerogénicas, que en este caso podrían describir muy bien a los partidos políticos:

"Llamaremos por el nombre de “asociación ponerogénica” a cualquier grupo de gente que se caracterice por procesos ponerogénicos de una intensidad
social por encima de la media, en donde los portadores de varios
factores patológicos cumplen la función de inspiradores, fascinadores y líderes, y en donde se genera una verdadera estructura social patológica. Las asociaciones más pequeñas y menos permanentes serán llamadas “grupos” o “uniones”.

Dicho tipo de asociación provoca el mal que hiere a otras personas así como a sus propios miembros. Podríamos crear una lista de los diversos nombres que la tradición lingüística ha adjudicado a tales
organizaciones: bandas, pandillas criminales, mafias, grupos políticos y clanes, que evitan ingeniosamente el choque con la ley mientras buscan obtener ventajas.

Tales uniones aspiran con frecuencia al poder político con el propósito de imponer su oportuna legislación sobre la sociedad, en nombre de una
ideología adecuadamente preparada, derivando ventajas bajo la forma de prosperidad y satisfacción desproporcionada de sus ansias de poder. […]

Un fenómeno que todos los grupos y asociaciones ponerogénicas tienen en común es el hecho de que sus miembros pierden (o ya han perdido) la capacidad de percibir individuos patológicos como tales, interpretando su conducta de una manera fascinada, heroica o melodramática. Las opiniones, ideas y juicios de personas portadoras de diversos déficits
psicológicos son dotados de una importancia por lo menos igual a la de individuos sobresalientes dentro de la gente normal.

La atrofia de las facultades críticas naturales con respecto a
individuos patológicos se convierte en una apertura para sus
actividades, y al mismo tiempo en un criterio para reconocer la
asociación en cuestión como ponerogénica. Llamemos a esto el primer criterio de la ponerogénesis.

[...]


/Otro fenómeno que todas las asociaciones ponerogénicas tienen en común es su concentración estadísticamente más elevada de individuos con diversas anomalías psicológicas. /Su composición cualitativa es crucialmente importante en la formación de la totalidad del carácter de
las actividades, del desarrollo o de la extinción de la unión.

Grupos dominados por diversos tipos de individuos /caracteropáticos/
desarrollarán actividades relativamente primitivas, demostrando que es bastante fácil que la sociedad de gente normal se quiebre. El asunto es diferente cuando tales uniones son inspiradas por individuos psicopáticos.

[...]

Describamos como primeramente ponerogénica una unión cuyos miembros anormales se mantuvieron activos desde el principio, efectuando el rol de catalizadores de la cristalización tan pronto como ocurrió el proceso de creación del grupo.

Llamaremos secundariamente ponerogénica a una unión que fue fundada en nombre de alguna idea con un significado social independiente, por lo general incluida dentro de las categorías de la visión lógica del mundo,
pero que luego sucumbió a una cierta degeneración moral. Esto a su vez
abrió las puertas a la infección y activación de los factores
patológicos en su seno, y luego a una ponerización del grupo entero, o a menudo de su fracción.

Desde el comienzo mismo, una unión primariamente ponerogénica es un
cuerpo extraño dentro del organismo de la sociedad, ya que su carácter
choca con los valores morales que la mayoría respeta. Las actividades de tales grupos provocan una oposición y disgusto, y se las considera inmorales; por regla general, entonces, tales grupos no se propagan demasiado ni se metastatizan en uniones numerosas. Finalmente pierden la
batalla contra la sociedad.

Sin embargo, para que puedan tener la oportunidad de desarrollarse en
una asociación ponerogénica de gran tamaño, basta con que alguna
organización humana, caracterizada por objetivos sociales o políticos y una ideología con algún tipo de valores creativos, sea aceptada por un grupo más grande de gente normal, antes de que sucumba a un proceso de malignidad ponerogénica.

Es posible que la tradición primaria y los valores ideológicos protejan durante un largo tiempo a una unión que ha sucumbido al proceso de ponerización del sentido común sano de la sociedad, en especial sus componentes menos críticos.

Cuando los procesos ponerogénicos afectan a una organización humana de ese tipo, la cual emergió y actuó en nombre de propósitos políticos y sociales cuyas causas estaban condicionadas por la historia y la situación social, los valores primarios originales del grupo alimentarán y protegerán tal unión, a pesar de que aquellos mismos valores primaros hayan sucumbido a una degeneración característica, y que su función
práctica se haya vuelto/ completamente/ /distinta /a la original, porque se retienen los nombres y los símbolos.

[...]

[A]l poco tiempo, los miembros más normales son empujados a dejar sus
funciones y se los excluye de los secretos de la organización; como
consecuencia, algunos abandonan la unión.

Luego, individuos con trastornos heredados se apoderan progresivamente
de los puestos inspiracionales y de liderazgo. El rol de los psicópatas de base crece en forma gradual, a pesar de que les gusta mantenerse ostensiblemente discretos (ej. dirigiendo pequeños grupos), imponiendo el ritmo como /eminencia gris/.

En las uniones ponerogénicas a una escala social mayor, el rol de líder por lo general está representado por un tipo de individuo diferente, uno
que es más fácilmente digerible y representativo. Algunos ejemplos
incluyen la caracteropatía frontal, o algún complejo más discreto de rasgos menores.

Al principio un fascinador hace simultáneamente de líder en un grupo ponerogénico. Más tarde aparece otra clase de “talento de liderazgo”, un individuo más vital que por lo general se une más tarde a la organización, una vez que ésta ya ha sucumbido a la ponerización. Se fuerza al individuo fascinador, por ser más débil, a llegar a un acuerdo
siendo desviado hacia las sombras y reconociendo el “genio” del nuevo líder a menos que acepte la amenaza de una pérdida total de su lugar en la unión. Se distribuyen los roles. El fascinador necesita el apoyo del líder original y decisivo, quien también necesita a cambio al fascinador para sostener la ideología de la asociación, tan esencial para mantener la actitud adecuada en aquellos miembros de la lista que insinúan una tendencia a la crítica y dudan de la variedad moral.

La nueva tarea del fascinador pasa a ser la reestructuración apropiada de la ideología, deslizando nuevos contenidos bajo títulos antiguos, para poder de esa manera seguir cumpliendo con su función propagandística bajo condiciones constantente cambiantes. También debe
sostener la mística del líder dentro y fuera de la asociación. Sin embargo, no puede haber plena confianza entre los dos, ya que el líder desprecia secretamente al fascinador y su ideología, mientras que este último desprecia al líder por ser un individuo tan ordinario. La confrontación siempre es probable; sin embargo, quienquiera que sea el más débil se convierte en el perdedor.

La estructura de dicha unión sufre una diversificación y especialización aun mayores. Un abismo se crea entre las masas de miembros más morales y
los iniciados de la elite, quienes por regla general son más
patológicos. Este último subgrupo se ve cada vez más dominado por
factores patológicos hereditarios, siendo estos por los efectos que
siguen a diversas enfermedades que afectan al cerebro, y también por
individuos psicopáticos menos típicos y por gente cuyas personalidades con trastornos fueron causados por una privación previa o por métodos de
crianza brutal por parte de individuos patológicos. Pronto resulta que queda cada vez menos lugar para la gente normal en el grupo. Los secretos y las intenciones de los líderes permanecen escondidos al
proletariado de la unión; los productos del trabajo de los fascinadores deben bastar para este segmento.

Un observador que está siguiendo las actividades de tal unión desde
afuera y que utiliza una visión psicológica natural del mundo siempre
tendrá tendencia a sobrestimar el rol del líder y su función
supuestamente autocrática. Los fascinadores y el aparato de propaganda
son movilizados para mantener esta opinión externa errónea. No obstante, el líder depende de los intereses de la unión, y en especial de los iniciados de la elite, mucho más de lo que cree. Libra una batalla constante de maniobras; es un actor con un director. En las uniones
macrosociales, esta posición la ocupa por lo general un individuo más
representativo que no está desprovisto de ciertas facultades críticas; iniciarlo con /todos /esos planes y cálculos criminales sería contraproducente.

En conjunción con parte de la elite, un grupo de individuos psicopáticos que se esconden detrás del escenario manejan al líder, del mismo modo que Borman y su camarilla manejaban a Hitler. Si el líder no cumple con
el rol que se le asigna, sabe por lo general que la camarilla que
representa a la elite de la unión está en posición de asesinarlo, o de lo contrario quitarlo de su puesto. […]

Hemos hecho un esquema de las propiedades de las uniones en las cuales
el proceso ponerogénico ha transformado su contenido original, generalmente benévolo, en un homólogo patológico del mismo, y ha modificado su estructura y sus últimos cambios de un modo lo
suficientemente amplio para que abarque el espectro más grande posible de este tipo de fenómenos, desde la escala social más pequeña a la más grande. Las reglas generales que gobiernan esos fenómenos parecen ser al menos análogas, independientemente de la escala cuantitativa, social e
histórica de tal fenómeno."

Justamente, es por lo que comentan que sugerimos siempre adquirir conocimiento acerca de la ponerología política.

Gracias por la retroalimentación.