Identificadores simbólicos y estereotipos judíos por Gilad Atzmon

Gilad Atzmon
Gilad.co.uk / Sott.net
Traducción al español por el Averiguador
18/04/2010

Generalmente los judíos están orgullosos de autodefinirse judíos. Algunos judíos, por ejemplo, llevan orgullosamente el cartel de judío (judíos por la Paz, judíos por la Justicia, judíos por Jesús, etc.) como si creyeran que la palabra de la ‘J’ tuviera atribuciones morales especiales. Sin embargo, también se ofenderán seriamente si son llamados ‘judíos’ por otros. Sugerir a un judío que “es judío” o que se “comporta como un judío” puede considerarse como una severa ofensa ‘racista’.
...Siga leyendo, haciendo click en el título...

Es lingüísticamente notable que el identificador simbólico ‘judío’ funcione como sustantivo y como adjetivo. Ya que el término apunta a una ‘cosa’, también es descriptivo. Sin embargo, supongo que los identificadores simbólicos asociados con políticas ideológicas y de identidad tienden a funcionar de un modo gramatical dual. Las palabras ‘feminista’, ‘socialista’, ‘Nazi’ y ‘supremacista blanco’ pueden apuntar a un sujeto humano pero también pueden ser descriptivos. Supongo, por ejemplo, que una feminista que orgullosamente lleva la bandera feminista igualmente aceptaría que ser llamada ‘feminista’ también le asigna ciertas características particulares y creencias ideológicas. Crucialmente, también aceptamos que ser feminista, socialista, Nazi o supremacista blanco son cuestiones de elección política. La gente no nace feminista o socialista. Adoptan luego esas ideologías o identidades en la vida.

Desde esta perspectiva el significador o identificador simbólico ‘judío’ es apenas diferente para los judíos que nacen bajo una identidad colectiva. Casi como cualquier caso de condiciones biológicamente determinadas tales como ‘mujeres’, ‘hombres’ o ‘negros’, algunas personas nacen judías. Sin embargo, aquí estamos claramente involucrándonos en un giro inesperado interesante. En primer lugar, los judíos europeos pueden desaparecer fácilmente entre una multitud de occidentales blancos a través de la asimilación e integración y pueden dejar atrás su identidad judía, donde las personas negras y las mujeres tienen que vivir sus vidas aceptando y disfrutando quienes son. En segundo lugar, la dualidad entre sustantivo y adjetivo en el caso de los ‘negros’ y las ‘mujeres’ no es necesariamente considerada como un abismo. Ni las personas negras ni las mujeres se ofenden cuando se les llama ‘negros’ o ‘mujeres’.

En cierta medida la forma en la que ‘judío’, como significador, funciona dentro del discurso, podría asemejarse al caso del identificador simbólico 'gay'. Mientras que muchas personas gay están orgullosas de exhibir su identidad gay, muchos también se ofenden cuando son llamados ‘gays’ por otros. En diferentes casos de identidad y políticas marginales podemos notar una tendencia paralela y simultánea a ‘poseer’ y ‘no poseer’, una clara inclinación a ‘identificarse’ con lo colectivo y al mismo tiempo un rechazo a ser ‘identificado’ como tal por los demás.

En la realidad multicultural tendemos a creer que este modo de comportamiento contradictorio tiene algo que ver con el mal uso de los estereotipos.

Un estereotipo se define comúnmente como una creencia pública o común acerca de grupos sociales específicos, o clases de individuos. Habitualmente es el producto de una generalización esencialista a través de la inducción: involucra una suposición no-científica acerca de las propiedades de una clase de sujetos basada en una acumulación de observaciones o encuentros anecdóticos que se refuerzan con el tiempo y la repetición.

El concepto de ‘estereotipo’ se confunde comúnmente con la noción de ‘prejuicio’. Habitualmente observamos que un estereotipo ligado a la etnicidad, clase o cualquier grupo, es un medio para emitir una opinión, generalmente desfavorable, basada en un conocimiento insuficiente y en sentimientos irracionales.

De cara a ello, pareciera que los judíos son hipersensibles a la implicancia ‘racial’ discriminatoria de la palabra que empieza con ‘J’. Sin embargo, la mayoría de los judíos no se preocupan tanto cuando se los asocia con grandes mentes, adorables intérpretes de violín o directores. En resumen, para aplicar a la categoría de ‘judío’, solo tienes que decir las palabras correctas. Nadie te causará problemas por mencionar a Albert Einstein en referencia a la inteligencia judía y hablar de Anne Frank como un motivo ejemplar de la inocencia judía, pero podrías meterte en serios problemas cuando mencionas la siguiente lista de individuos reales o ficticios: Bernie Madoff, Fagin, Wolfowitz, Lord Levy, Shylock, Alan Greenspan, Netanyahu y Nathan Rothschild, sin siquiera identificarlos como judíos.

Todo lo mencionado arriba describe una imagen muy oscura, y aún así, está lejos de sorprendernos. Según parece, en su mayoría, a los judíos no les interesan los estereotipos mentales o las categorías colectivas. No les interesan las generalizaciones raciales y estigmas esencialistas, siempre y cuando sean positivas.

Fagin Vs Anne Frank

Recientemente me sucedió que al yuxtaponer los estereotipos judíos (aquellos judíos que parecen odiar, contra aquellos judíos que promocionan las campañas étnicas) podría arrojar una luz importante sobre cuestiones que tienen que ver con la identidad colectiva judía. Eso también podría sugerirnos de qué manera se ven a sí mismos los judíos, y más importante aún, también podría ayudarnos a comprender de qué manera prefieren ser vistos.

Es bastante obvio que algunos judíos están bastante descontentos con Fagin de Charles Dickens y Shylock de Shakespeare, quienes son considerados ‘antisemitas’. Tengo la impresión que al reconocido entusiasta sionista y abogado londinense, Anthony Julius, le gustaría ver a estos icónicos individuos eliminados del discurso popular. Por otro lado, la Fundación Educativa Británica del Holocausto (HET) ya se las ingenió para insertar a Anne Frank dentro del sistema educativo británico.

No hace falta ser un genio para comprender porqué Julius y otros se preocupan por Fagin o Shylock. Fagin es el mayor ladrón, explotador de niños y usurero. Shylock es el mercader sediento de sangre. Con Fagin y Shylock en mente, el barbarismo y el tráfico de órganos israelí parecen ser solo otros eventos de un infierno interminable. Sin embargo, también resulta obvio porqué el HET está tan interesado en Anne Frank. Por ello, y por obvias razones, Frank está allí para brindar una imagen de inocencia. Y ciertamente ningún sistema moral podría justificar jamás el horror que esta joven muchacha vivió junto a muchos otros.

Aún así, Anne Frank no fue exactamente una escritora genial. Su diario no es una pieza valiosa de la literatura. Tampoco era excepcionalmente inteligente. En realidad era una muchacha bastante común y ese es exactamente su poder dentro del discurso cultural occidental post segunda guerra mundial. Ella era tan solo una inocente muchacha promedio. De hecho, el intento por hacer de Anne Frank una heroína cultural, sería un genuino reflejo de la inclinación sionista hacia cuestiones similares. Frank refleja el desesperado intento sionista de probar al mundo que ‘nosotros los judíos’ somos un pueblo como cualquier otro. Es más, el suceso del Diario de Anne Frank está allí para continuar con la intención de occidente de aceptar al judío como un pueblo entre los demás.

Nuevamente, el discurso judío queda atrapado en el limbo. El pueblo judío nunca puede lograr su objetivo. Nunca pueden ser como ‘otro pueblo’ ya que ningún otro pueblo tiene como objetivo ser como otro pueblo. De hecho, aquellos que demandan ser vistos como iguales necesariamente se sienten inherentemente y categóricamente diferentes. Una vez más nos encontramos con una repetición de la irresuelta brecha de la identidad colectiva judía entre ‘aquellos que se declaran ser’ y ‘lo que uno es’.

En su último libro, Juicios de la Diáspora (Trials of The Diaspora), Anthony Julius renueva su ataque contra aquellos a quien denomina 'antisemitas' por ser antisionistas. El problema con el antisionismo, dice Julius, es que “niega a los judíos el derecho que tienen a compararse con otros pueblos, adhiere al derecho de autodeterminación a excepción del caso judío… Afirma la ley internacional. Excepto en el caso de Israel. Considera al nacionalismo judío (es decir, al Sionismo) como exclusivamente pernicioso, en lugar de otro mero nacionalismo” (Trials of The Diaspora, Anthony Julius pg Xl, Oxford University Press). El pedido de legitimidad e igualdad en el texto de Julius es bastante embarazoso, especialmente debido al hecho de que el ‘derecho judío a la autodeterminación’, es celebrado a expensas de otro (los palestinos). El Sionismo es exclusivamente pernicioso, al menos, por ser devastadoramente siniestro con la población indígena de la tierra prometida. En el texto de Julius es aparente que el abogado de Londres de cierta forma prefiere evadir involucrarse con la noción o el significado del pensamiento ético.

Para que la Hasbara (propaganda) gane un debate y para que Julius gane con su argumento, los judíos tienen que demostrar que son realmente ellos mismos en lugar de demandar ser vistos equitativamente. Seguramente Julius debe saber que ganar un argumento moral es muy distinto a ganar un caso legal.

Presumiblemente Julius está lo suficientemente familiarizado con el ‘imperativo categórico’ de Kant que sugiere que comportarse éticamente es ‘actuar de tal manera que el axioma de las acciones de uno, puedan ser tomadas como ley universal’. Julius podría estar fallando en comprender que la limpieza étnica de la gran mayoría de la población Palestina no puede ser ‘tomada como ley universal’. Encerrar a millones en campos de concentración como en Gaza, no exactamente un axioma de profundidad ética. Arrojar fósforo blanco sobre personas en un refugio de la ONU, no hace que el estado judío se vea como cualquier otro estado. De hecho, tampoco hace que el pueblo judío se vea como cualquier otro. Ver a los lobbies judíos en todo el mundo presionar por una guerra contra Irán, no hace que los judíos se vean como un pueblo común. Y eso es algo que ni siquiera Anne Frank puede cambiar.

Por más que Julius y otros quieran eliminar ciertos estereotipos fundamentales de nuestro discurso cultural colectivo, en realidad pueden esperar justamente lo opuesto. Fagin y Shylock ahora son más populares que nunca antes. Suficientemente devastadores son Fagin y Shylock, quienes apuntaron la luz sobre el estado judío y sus lobbies alrededor del mundo. Fagin no está solo ni se trata de un aislado episodio ficticio. La lista de crímenes sionistas está surgiendo a tal velocidad que es casi imposible para nosotros seguir el ritmo.

Me niego a sugerir a Julius que su intento es en vano. El mundo allí fuera se está volviendo rápidamente contra Israel, contra el nacionalismo y la supremacía judía. Eliminar a Fagin, Shylock y a TS Eliot no evitará que la palabra ‘judío’ sea un adjetivo y un emblema descriptivo negativo. Para que eso cambie, o para que los judíos sean genuinamente respetados, la autorreflexión es parte de la esencia. En lugar de señalar aquello que está mal con el Goyim, los judíos querrán considerar mirarse en el espejo. Yo lo hice hace muchos años. Nunca me he recuperado. Me dio un sentimiento profundo de auto-odio.