EEUU provocó la guerra civil palestina para destruir a Hamas, según 'Vanity Fair'

Mónica G. Prieto
El Mundo
14/04/08

BEIRUT.- Para la prensa occidental y buena parte de la árabe, la guerra civil palestina que se vivió en Gaza en el verano de 2007 fue una lucha entre los "extremistas" de Hamas y los "moderados" de Fatah, un combate desigual que derivó en un "golpe de Estado" de los islamistas y que justificó, por tanto, que el presidente palestino disolviera el Gobierno electo de Hamas y abandonase a su suerte al millón y medio de palestinos hoy asfixiados por el cerco israelí e internacional de la franja.

Una imagen muy conveniente para los intereses de Estados Unidos en Oriente Próximo, tanto que según la revista Vanity Fair se trató de una pantalla para ocultar un conflicto creado ex profeso por Washington para destruir a Hamas y reforzar a sus 'socios' palestinos de Fatah, los únicos capaces de hacer las concesiones necesarias para que George Bush logre su objetivo de pasar a la Historia como el presidente que propició una paz entre israelíes y palestinos.

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En un artículo aparecido en su edición de este mes, el periodista David Rose afirma, apoyándose en documentos confidenciales autentificados por fuentes oficiales norteamericanas y palestinas, que "hubo una iniciativa encubierta aprobada por Bush e implantada por la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el viceconsejero de Seguridad Nacional, Elliott Abrams, para provocar una guerra civil palestina. El plan fue apoyar las fuerzas dirigidas por [Mohamed] Dahlan [entonces consejero de Seguridad Nacional palestino] y dotarlas con nuevo armamento suministrado a petición norteamericana para dar a Fatah la fuerza necesaria para eliminar del poder al Gobierno democráticamente electo de Hamas".

Victoria arrasadora
Según Vanity Fair, la decisión fue tomada tras la arrasadora victoria del Movimiento de Resistencia Islámica en las elecciones de 2006, apoyadas por una Administración norteamericana convencida de que Fatah se haría con la victoria. Contrariado tras constatar que la democracia no satisfacía sus intereses, el Gobierno de Bush comenzó a presionar al presidente palestino, Mahmud Abbas, para que disolviera el Ejecutivo electo de Hamas.

Lo hizo mediante la secretaria de Estado, desplazada en persona a Ramala, y el consul general en Jerusalén Jake Walles, que llegó a enviar memorandos reproducidos por la revista en los que daba un ultimátum de "semanas" a Abbas para que instara a Hamas a "aceptar un Gobierno que cumpla las condiciones del Cuarteto [por las cuales debía aceptar los acuerdos previos firmados por la ANP, reconocer al Estado de Israel y renunciar a la violencia] o bien a rechazarlo. Si no los acepta en el tiempo prescrito, [Abbas] debe [...] declarar el estado de emergencia y formar un gobierno de urgencia expresamente comprometido con estas condiciones". Además, Abbas era instado a "reforzar su equipo"con "figuras creíbles y estimadas por la comunidad internacional".
La figura creíble que necesitaba EEUU era Mohamed Dahlan. Bush se refería a él, según confirman a Rose fuentes de la Casa Blanca, como "nuestro socio". Entre muchos palestinos es considerado un espía de los norteamericanos gracias a sus excelentes relaciones con las diferentes Administraciones de EEUU. También es acusado de servir, directa o indirectamente, a los intereses israelíes. Y ante todo, es un enemigo implacable de Hamas, movimiento al que combatió durante una década, ya desde que Yasir Arafat estaba en el poder, dirigiendo una campaña de hostigamiento contra sus militantes que incluyó terribles torturas en las instalaciones de la Seguridad Preventiva, que él dirigía.

Sesiones de torturas
Así lo pudimos comprobar los periodistas que visitamos Gaza en los días posteriores a la guerra civil de aquel verano cuando los dirigentes islamistas nos mostraron los vídeos incautados en los despachos de los gerifaltes de los "moderados" de Fatah donde se podían observar sesiones de salvajes torturas. Entonces circulaba la versión –si bien edulcorada- de que EEUU era parte interesada en el conflicto, e incluso medios afines a Hamas afirmaban que en el despacho de Dahlan, abandonado tras consumarse la victoria islamista, se habían hallado documentos que demostraban que seguía órdenes del teniente general Keith Dayton, pero jamás fueron mostrados al público.

El nombre del estadounidense sonaba con fuerza desde hacía un par de años. Nombrado en noviembre de 2005 coordinador de Seguridad para los palestinos, su experiencia en la región databa de meses antes, cuando dirigía el comité norteamericano encargado de buscar las ilocalizables –sino inexistentes- armas de destrucción masiva de Sadam Husein en Irak. En noviembre de 2006, según Vanity Fair, Dayton se entrevistó por primera vez con Dahlan para darle un mensaje: "Tenemos que reformar el aparato de Seguridad palestino. Pero también necesitamos intensificar tus fuerzas para ocuparnos de Hamas".

Tras la victoria electoral de 2006, Abbas rechazó entregar el mando de la Seguridad al Gobierno islamista, a lo que éste respondió creando una milicia -la Fuerza Ejecutiva- con un personal escaso comparado con los 35.000 hombres de los que disponía Fatah en Gaza pero que bien organizados y sumados a las Brigadas de Izedin al Qasam, con 6.000 militantes, le convertían en un enemigo nada desdeñable.

'Irán Contra 2.0'
Dahlan pidió quedar al mando de los 14 organismos de Seguridad –sería nombrado Consejero de Seguridad Nacional para lograr esa competencia- y por supuesto recursos, armas que serían proporcionadas gracias a la presión estadounidense por los aliados árabes en la región pero pagadas por EEUU.

La estrategia es descrita por la revista como 'Irán Contra 2.0', una versión moderna del escándalo de mediados de los 80 –en el que se vio implicado el citado Abrams- por el cual EEUU vendió de forma ilegal armamento a Irán para financiar con las ganancias obtenidas a la contra nicaragüense. En esta ocasión, según la revista, Rice presionó en persona a Egipto, Jordania, Arabia Saudí y Emiratos para que reforzaran a Fatah con entrenamiento militar y con fondos destinados a la compra de armas que serían ingresados en las cuentas de Abbas. La revista habla de entre 20 y 30 millones de dólares.

El armamento comenzó a llegar en diciembre de 2006 y entró en Gaza –controlada por Israel- con el aplauso de Tel Aviv, cuyo ministro Benjamin Ben Eliezer se congratuló de que las armas y la munición "permitirían a Abbas enfrentar a las organizaciones que tratan de arruinarlo todo". Mientras, sobre el terreno, las escaramuzas entre militantes de la Fuerza Ejecutiva de Hamas y la Seguridad Preventiva y otros organismos de Fatah eran cada vez más frecuentes y mortíferos. La guerra civil era tan inminente en Gaza que Arabia Saudí emprendió una mediación para tratar de reconciliar a los palestinos que no dio frutos. Los combates estallaron con toda la virulencia posible pero, una vez más, el resultado sorprendió a EEUU.

El resultado es comparado por 'Vanity Fair' con el diasco de Bahía de Cochinos. La realidad frustró el golpe de Estado planeado por Washington cuando los ‘moderados’ de Fatah perdieron la guerra y sus dirigentes huyeron a Cisjordania, dividiendo aún más a los palestinos y haciendo improbable, por no decir imposible, ningún acuerdo de paz global en Oriente Próximo que llene de gloria a George Bush.

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