Las transnacionales en el centro de la gran evasión

Jean-Christophe Servant
Le Monde diplomatique
Traducido para Rebelión por Caty R.
25/07/10

Paraísos fiscales en África

La lucha contra los paraísos fiscales está en calma. Reunido en Toronto a finales de junio, el G20 ha reiterado su intención de aplicar sanciones contra ellos, pero a partir de una lista establecida por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) que no deja de mermar. Únicamente cuenta con 14 Estados «y todavía tienen que salir próximamente las Islas Cook y el Sultanato de Brunei. No queda más que confeti que representa el 0,2% de las finanzas offshore (*) mientras que las multinacionales son responsables de dos tercios del fraude fiscal global», subraya Jean Merckaert, del Comité Católico contra el Hambre y para el Desarrollo (CCFD). «Peor, señala Attac, los países se comprometen a abrir todavía más los mercados de bienes y servicios (¡Entre ellos los servicios financieros!) y a continuar eliminando los últimos instrumentos de protección de los que disponen los gobiernos o las regiones frente al ‘imperio del mercado’» (1).

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1,8 billones de dólares evaporados

Unos meses antes un informe del instituto de investigación estadounidense Global Financial Integrity reveló las cifras de la evasión fiscal en el continente africano (2). Según dicho informe las salidas ilegales de capitales habrían supuesto 1,8 billones de dólares durante los últimos 40 años. Esta evasión, precisa el informe, se habría efectuado principalmente hacia las instituciones financieras de los países ricos, creciendo a un ritmo anual medio ¡del 11,9%! «Incluso si optamos por un cálculo más prudente con base en los modelos económicos del Banco Mundial y el FMI, Global Financial Integrity calcula que de esta forma el continente habría perdido 854.000 millones de dólares de capital acumulado entre 1970 y 2008», precisa el semanal económico Les Afriques (3).

En porcentaje del PIB, ese fenómeno de evaporación representaría el 2% del Producto Interior Bruto del continente en 1970, el 11% en 1987, el 8% en 2007 y el 7% en 2008. Cantidad que podría cancelar la deuda externa de 250.000 millones de dólares y dejaría a disposición casi 600.000 millones de dólares para luchar contra la pobreza y promover el crecimiento económico. El economista Léonce Ndikumana, director del departamento de investigación sobre el desarrollo en el Banco Africano de Desarrollo, considera que si no existiera esa fuga de capitales África podría ser perfectamente la acreedora del resto del mundo.

Las transnacionales, primeras culpables

Las monstruosas malversaciones cometidas por un puñado de dictadores difuntos, del zaireño Mobutu Sese Seko al nigeriano Sani Abacha, así como las de un puñado de déspotas establecidos mayoritariamente en los alrededores del golfo de Guinea y en África central, actualmente se conocen ampliamente. Así, en 1999 el semanario inglés The Economist estimaba que los dirigentes africanos, sólo ellos, poseían entonces 20.000 millones de dólares colocados en cuentas bancarias sólo en un paraíso fiscal: Suiza. En la misma época se calculó que los bancos londinenses atesoraban 6.000 millones procedentes únicamente de Kenia y Nigeria. Sin embargo el árbol del dictador africano no dejaba ver un bosque de otros delincuentes «de guante blanco» que siguen aprovechando discretamente las ventajas ofrecidas por la globalización de los circuitos financieros.

En efecto, dicha globalización ha contribuido ampliamente a la intensificación de la fuga de capitales. Así, por si fueron poco los 57.000 millones fugados durante la década de 1970, tenemos después 437.000 millones de capitales africanos evadidos entre 2000 y 2008. Y si ciertos «Big Men» al estilo del zimbabuense Robert Mugabe han sabido, por ejemplo, aprovechar las ventajas fiscales que ofrece un territorio como Hong Kong (4), las transnacionales por su parte, junto con los circuitos criminales, son actualmente las principales protagonistas de la gran evasión fiscal.

La manipulación de las operaciones comerciales con fines contables podría suponer el 65% de las fugas ilegales de capitales, según un resumen de la Red Europea sobre la Deuda y el Desarrollo (Eurodad), frente al 35% para las actividades criminales y el 5% para los pagos ilícitos. «Durante los últimos 25 años, precisa Mike Lewis de la red Tax Justice Network, asistimos a una aceleración de la movilidad transfronteriza de los capitales y a la expansión de un modelo de desarrollo que empuja a los países del Sur a ofrecer, por un lado, incentivos fiscales para atraer a los inversores extranjeros, y por otra parte, un acceso interno a los flujos financieros internacionales. La liberalización financiera y la ideología económica han propiciado la proliferación de mecanismos que permiten a los contribuyentes afortunados y móviles, así como a las empresas, librarse de sus responsabilidades fiscales hacia el Estado» (5). «En cierto número de países africanos, en especial las naciones ricas en recursos naturales, señala Babantude Olugboji, responsable del departamento de «Política africana» de la ONG Christian Aid, importantes multinacionales han negociado considerables rebajas de impuestos para sí mismas, mientras que otras en colusión con los funcionarios del gobierno defraudan, se libran de los impuestos y exportan esas cantidades no controladas hacia terceros países, generalmente paraísos fiscales».

El periodista del diario La Tribune y autor de La Grande Evasion (6) Xavier Harel señala que esos «pasajeros clandestinos de la globalización» han obtenido sus beneficios, en particular, de la «mala determinación» de los precios de las transferencias. Por «mala determinación» entiende los trucos realizados sobre la tarificación de las contribuciones en las transacciones entre las divisiones internas de las transnacionales. «La fuga de capitales a través de la mala determinación de los precios de transferencia no necesita los paraísos fiscales para llevarse a cabo», precisa Xavier Harel (7), ya que para la filial de una multinacional que explota, por ejemplo, cobre en Zambia, existe la tentación de canalizar los pagos por los paraísos fiscales. Lo cual permite (a las empresas) domiciliar los beneficios en dichos paraísos fiscales (donde, por definición, apenas se gravarán) y dejar los costes en el país donde se realiza la producción (minimizando de esta forma los beneficios sujetos a impuestos)» (8).

En su informe, Global Financial Integrity señala que esta «mala determinación» del precio de las transferencias costaría a los países en desarrollo entre 98.000 y 106.000 millones de dólares en pérdidas de ingresos fiscales. Por supuesto, señala Patrick Smith, responsable de Africa Confidential, ese tráfico sobre los precios tiene en común con las demás transacciones ilegales –el blanqueo del dinero de la droga y la corrupción- «que utiliza un ejército de elegantes juristas, contables, agentes y expertos que esconden el dinero mal adquirido en los paraísos fiscales (…). Por lo menos 11.500 millones de dólares se pueden colocar fácilmente en los paraísos fiscales offshore. Pero también, por increíble que parezca, la persecución de fugas de semejante amplitud no está considerada como una prioridad por las instituciones financieras internacionales».

Un continente en proceso de «offshorización»

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) sólo supervisa actualmente «84 jurisdicciones; y determinados países africanos, libres de cualquier control, sienten la tentación de ‘ir por libre’ y convertirse en paraísos fiscales para atraer a los inversores deseosos de librarse de los impuestos», precisa la red Tax Justice Network for Africa.

«Garantías de liberación del mercado»; «exenciones de tasas»; «exoneraciones temporales de impuestos»: desde hace algunos años ciertos países del continente son especialmente buscados por los profesionales del derecho y de las cifras para crear una «fiscalidad aligerada» que permita un «ambiente favorable a la inversión» y su introducción en el círculo de los centros financieros. En Túnez el presidente Ben Ali cuenta con «el puerto financiero de Túnez», primer centro financiero offshore del norte de África montado por el Banco Islámico Gul Finance para «formar parte de la esfera financiera internacional y permitir que el país acreciente su notoriedad financiera en desarrollo de los servicios financieros offshore de vanguardia».

Marruecos también lleva camino de convertirse en un centro financiero internacional en los próximos años. La misma ambición tiene Botswana, que cuenta con propulsarse entre los primeros hubs financieros del continente, fuerte por su vecindad con Sudáfrica. El pasado mes de febrero, el jefe del Estado de Burundi Pierre Nkurunziza prometió a los hombres de negocios belgas un régimen impositivo ligero, idéntico a un «paraíso fiscal». «Ahora que Burundi vuelve a ser políticamente estable, se han tomado disposiciones legales para asegurar a los inversores extranjeros contra las nacionalizaciones y para garantizar una tratamiento justo y equitativo de las operaciones económicas», precisaba el jefe del Estado reelegido en junio de 2010. Por su parte la isla de Anjouan, en el archipiélago de las Comores, alardea en su sitio Internet de sus servicios offshore que crean un «buen ambiente» para los inversores (9).

Ghana, un buen discípulo del Barclays Bank

En la actualidad es sobre todo Ghana, a punto de explotar sus yacimientos de petróleo y gas, quien preocupa a las asociaciones especializadas en la lucha por la justicia fiscal (10). Desde la modificación de la ley bancaria de Ghana en 2005, bajo la conducción de consultores internacionales, el Barklays Bank de Londres -90 años de presencia en Accra- dirige las actividades offshore para las personas no residentes y las multinacionales. Desde 2006, el Banco Central de Ghana se preocupa del impacto que podrían tener sobre su propia política las prácticas de semejante centro financiero offshore que opera con «una regulación mínima». El pasado mes de enero Jeffrey Owens, director del Centro de Política Fiscal de la OCDE escribió al Ministro de Finanzas de Ghana, Kwabena Duffuor, para advertirle «de los riesgos de no atenerse a las normas internacionales». Y señalaba que: «Lo último que África necesita son paraísos fiscales en su territorio».

Sin embargo parece que nada puede impedir la deriva de Ghana. El 50% de los impuestos sobre las empresas internacionales que operan en el país –es decir, más de 125 millones de euros anuales- ya se escapan del Estado. «Si se combina con una repentina afluencia de petrodólares, ¿qué puede resultar?, señala la periodista de investigación Khadija Sharife (11). Según Wilson Prichard, investigador del Instituto de Desarrollo Estudios, «hay grandes riesgos de que un paraíso fiscal del oeste de África situado en un país convertido en productor de petróleo empuje a facilitar la corrupción y la evasión de capitales a gran escala. Y podría amenazar la buena gobernanza y el crecimiento económico regional» (12).

Árido, complejo, poco mediatizado y sin embargo vital, el combate por la justicia fiscal debe movilizar a África, más que nunca, a preguntarse sobre el papel y la utilidad de sus impuestos…

(*) http://es.wikipedia.org/wiki/Offshore

Notas

(1) «G20 : pas de plans de rigueur pour la finance», Attac France, 25 de junio de 2010.

(2) «Illicit Financial flows from Africa : Hidden Resource for developpement», marzo de 2010.

(3) «Fuite des capitaux africains : 854 milliards de dollars évaporés», 29 de mayo de 2010.

(4) «Mugabe’s Home Away from Zimbabwe : Hong Kong», Time, 23 de febrero de 2009.

(5) «Evasion fiscale internationale et pauvreté», Alternatives Sud, vol. 14, número 1, 2007.

(6) Xavier Harel, La Grande évasion. Comment les riches et les multinationales continuent de ne pas payer d’impôts, Les Liens qui libèrent, París, 2010.

(7) «Les passagers clandestins de la mondialisation», IPS, 21 de mayo de 2010.

(8) Ver «On achève bien les mineurs zambiens», Le Monde diplomatique, mayo de 2009.

(9) The creation of an offshore centre, Anjouan Government and Offshore Finance Authority Website.

(10) «Taxation and Development in Ghana», Christian Aid Ghana, septiembre 2009.

(11) «Resource Curse», London Review of Books Blog, 8 de julio de 2010.

(12) «Tax Haven risks corruption, OECD warns Ghana», The Guardian, 19 de enero de 2010.

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