Las sociedades evolucionan dando pequeños pasos hacia la complejidad

Yaiza Martínez
Tendencias 21
15/10/10

Estudio establece un paralelismo entre la evolución social y la biológica
Un equipo de investigadores del University College de Londres ha analizado las lenguas austronesias de las islas del Pacífico, utilizando un método de la biología evolutiva. A partir de este análisis, se ha podido constatar que la evolución de las sociedades no es abrupta sino que se produce siguiendo pequeños pasos secuenciales hacia una mayor complejidad. Estos resultados demostrarían un paralelismo entre la evolución biológica y la social, explican los investigadores: en ambos casos, la evolución tiende hacia la complejidad, en cuyo desarrollo la competitividad jugaría un papel clave.
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Durante mucho tiempo, historiadores, antropólogos y arqueólogos han debatido sobre si las sociedades y las culturas se desarrollan lentamente o por “saltos” repentinos, y si desaparecen de la misma forma.

Ahora, un equipo de científicos del University College de Londres (UCL) (en el Reino Unido) ha aplicado herramientas de análisis de la biología evolutiva para generar un árbol evolutivo de las estructuras sociales y políticas que se han ido desarrollando durante miles de años en las islas del centro y sur del Pacífico, conocidas como Austronesia.

A partir del análisis de dicho árbol, los investigadores concluyen que las culturas evolucionaron hacia una mayor complejidad siguiendo lentos procesos por fases, y hacia una menor complejidad dando pasos más radicales.

Revisar la explicación determinista

Los autores de la investigación, los antropólogos del UCL Thomas Currie y Ruth Mace, explican que el debate sobre los procesos de desarrollo de las sociedades se ha producido durante mucho tiempo en ausencia de pruebas rigurosas y cuantitativas. Su estudio ha pretendido solucionar esta carencia.

Según la teoría clásica, la complejidad de las sociedades en la era postglacial (definida por niveles crecientes de jerarquía social) se desarrolló lentamente pero a paso firme, con una previsibilidad mecánica.

Primero se formaron grupos igualitarios de gente estrechamente relacionada; después se crearon las tribus más extensas, pero igualmente igualitarias, con un liderazgo sólo informal; a continuación se dieron las “jefaturas” o chiefdoms, en inglés, en las que el liderazgo tenía un carácter hereditario. Finalmente, de las jefaturas se pasó a los Estados, con sus burocracias y sus oficinas administrativas.

Sin embargo, para algunos especialistas, esta descripción de la evolución de las sociedades es determinista. Según ellos, la evolución política no se produjo siguiendo un camino ascendente - de una menor a una mayor complejidad-, sino que se dio por “saltos”.

Para ellos, las tribus, las jefaturas y los estados representan todos trayectorias evolutivas distintas, en lugar de estadios de una única progresión. Los críticos a la teoría clásica afirman, además, que otra tendencia que también existe en las sociedades, la de ir desde una mayor complejidad a una complejidad más reducida, resulta infravalorada dentro de dicha teoría.
Análisis basado en las lenguas

La investigación de Currie y Mace se centró en Austronesia por las característica de las lenguas que en estas islas se hablan. Hace 5.200 años, en Austronesia se establecieron pobladores procedentes de Taiwán, cuyos descendientes se expandieron a partir de entonces de isla en isla, a través de Oceanía y del sudeste asiático, desde la Isla de Pascua a Madagascar, según publica Physorg.

A medida que se daba esta dispersión de la población originaria, las lenguas originales también se fueron bifurcando y dando lugar a lenguas locales que, en algunos casos, se han mantenido hasta nuestros días: son las conocidas como lenguas austronesias, y en ellas se ha basado el presente estudio.

En total, Currie, Mace y sus colaboradores analizaron los datos arqueológicos y lingüísticos disponibles de 84 sociedades. Para su investigación, los científicos aplicaron métodos filogenéticos tomados de la biología evolutiva que les permitieron reflejar dichas sociedades en seis modelos computacionales, como ramas de un gran árbol familiar, similar al árbol biológico evolutivo o filogenético.

La diferencia radicó en que, para este nuevo árbol, se utilizaron características lingüísticas en lugar de datos genéticos, como se hace en el árbol biológico.

Asimismo, los investigadores definieron la complejidad política de las sociedades estudiadas, en términos de número de estratos de autoridades locales y regionales en cada sociedad, y establecieron ejemplos de una amplia gama de organizaciones políticas, desde las pequeñas sociedades igualitarias que hablan Iban (en Borneo) y las jefaturas de la Isla de Pascua, hasta las jefaturas más complejas de Sumatra o Tahití o Estados como Java.

Paralelismos entre biología y sociedad

Según los científicos, el modelo computacional que se adecuó mejor a la realidad fue uno en el que la complejidad política se había desarrollado y se había desmoronado siguiendo una serie de pequeños pasos, con un estrato de autoridad añadido o eliminado en cada uno de ellos.

El modelo computacional que, en segundo lugar, se adecuó mejor fue un modelo de incremento secuencial de la complejidad y de reducción de la complejidad bien secuencial bien en descensos abruptos (por ejemplo, cuando una sociedad se colapsa toda a la vez o cuando un grupo de la sociedad se escinde para establecer una colonia diferente).

Según los investigadores, atendiendo a los resultados observados, pueden establecerse paralelismos entre la evolución biológica y social: en ambos casos, se constata la tendencia hacia el incremento de la complejidad, tendencia en la que juega un papel clave la competitividad.

En otro ámbito, estos resultados demuestran que no se dieron grandes saltos no secuenciales en el aumento de la complejidad durante la evolución de las sociedades austronesias, sino que los pasos de desarrollo fueron pequeños y crecientes.

Los científicos señalan que este modo de evolución podría tener su origen en una psicología más adaptada a vivir en pequeños grupos, y en la dificultad para reorganizar instituciones existentes, especialmente cuando éstas llegan a ser extensas y a implicar a un gran número de individuos.

Por último, en un artículo aparecido en la revista Nature, Currie y Mace concluyen que los resultados obtenidos sugieren que, a pesar de los numerosos y contingentes caminos seguidos por la historia de la humanidad, habría regularidades en la evolución cultural que pueden detectarse aplicando métodos filogenéticos computacionales.