Hostilidad de EEUU y la comunidad internacional hacia Hamás sepulta a Gaza

Ali Gharib
Pazahora
11/02/09

La hostilidad de Estados Unidos y la comunidad internacional hacia el partido islamista Hamás retrasa la reconstrucción de Gaza y, por ende, la unificación territorial necesaria para la creación de un Estado palestino en paz con Israel, según expertos.

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Aún antes de la guerra de tres semanas de Israel contra la franja de Gaza, 80 por ciento de los 1,5 millones de habitantes del área dependían de la asistencia para satisfacer sus necesidades básicas.

Luego del masivo ataque por aire, mar y tierra de diciembre y enero, las demandas políticas se vieron sobrepasadas por la necesidad urgente de ayuda humanitaria y por gestiones para la reconstrucción del territorio.

Pero no queda claro cuánta ayuda, en especial desde Estados Unidos, será necesaria para esta porción de tierra de 360 kilómetros cuadrados, cerrada a cal y canto, cuya población está abrumada por la pobreza.

Las fronteras terrestres y la costa sobre el mar Mediterráneo de Gaza son controladas por Israel y Egipto, que la bloquearon durante 18 meses desde que Hamás (acrónimo en árabe del Movimiento de Resistencia Islámica) tomó el poder en la franja por las armas en junio de 2007.

La operación dividió a Palestina territorial, política, económica y socialmente en dos.

Desde entonces, Israel, Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional siguieron una política de aislamiento hacia Gaza y Hamás, así como de fortalecimiento de su rival, el secular partido Fatah, que controla la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el territorio de Cisjordania.

De todos modos, el primer ministro británico Gordon Brown encabeza los llamados de la comunidad internacional para recaudar financiamiento hacia la reconstrucción de Gaza, luego de reunirse con el presidente de la ANP, Mahmoud Abbas.

Pero la reconstrucción tras la demolición de blancos tan variados como edificios residenciales, carreteras, hospitales, universidades, plantas potabilizadoras e infraestructura comercial se empantanará, seguramente, en un proceso politizado dirigido a marginar a Hamás y fortalecer a Fatah.

"Esto es parte de una lucha política más amplia entre Hamás y Fatah en Palestina", dijo Tamara Cofman Wittes, de la Institución Brookings, experta en política de Estados Unidos en Medio Oriente.

Para la comunidad internacional, la reconstrucción de Gaza representa una oportunidad de demostrar su buena voluntad hacia los palestinos, pero las dudas al respecto son numerosas, dadas las restricciones y la oposición generalizada de Occidente a Hamás.

El Cuarteto, instancia de mediación de paz integrado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea (UE), Estados Unidos y Rusia, exigió a Hamás como precondiciones para integrarlo a las negociaciones el reconocimiento del estado de Israel, el respeto de los acuerdos ya firmados por la ANP y la renuncia a la violencia.

De ese modo, indicó el Cuarteto, la asistencia seguiría fluyendo a Gaza.

Nada de eso sucedió. Con el colapso de las negociaciones hacia la formación de un gobierno de unidad nacional entre Hamás y Fatah, la ayuda extranjera sólo se dirige, a través de la ANP, a Cisjordania.

Todo indica que el gobierno de Barack Obama mantendrá la política de aislamiento de Gaza seguida por su antecesor, el ex presidente George W. Bush. Por lo tanto, Estados Unidos no se involucrará directamente en los programas de asistencia a ese territorio, ni siquiera en los dedicados a su reconstrucción.

Esa política es percibida por la población de Gaza como un castigo colectivo. En términos del proceso de paz, las perspectivas son muy limitadas, pues para su éxito es preciso un fuerte rol de Washington y la unidad de la parte palestina.

"La prioridad de Estados Unidos, hoy, es restaurar su credibilidad", dijo Robert Malley, ex asesor de alto nivel en cuestiones de Medio Oriente del ex presidente Bill Clinton (1993-2001) que hoy revista en el no gubernamental Grupo Internacional de Crisis.

"Debemos reconocer el fracaso colectivo de nuestro enfoque --compartido por Estados Unidos, Israel, la ANP y el mundo árabe-- hacia las cuestiones de Hamás y de Gaza", agregó Malley.

Un nuevo enfoque no debería implicar necesariamente compromisos con Hamás, sino, más bien, "una posición pragmática y más matizada", explicó.

Malley consideró que la participación en "un masivo esfuerzo para ayudar al pueblo de Gaza" podría ser una manera de cumplir el compromiso de Obama con un renovado compromiso de Estados Unidos con el proceso de paz palestino-israelí.

Pero para eso Washington debería sortear numerosos obstáculos. Los más notables son el bloqueo israelí de Gaza, las objeciones al no reconocimiento del estado judío por parte de Hamás y la consecuente negativa del Cuarteto --y en especial de Estados Unidos-- a negociar con ese partido como único poder viable en el territorio.

El ex asesor de seis secretarios de Estado (cancilleres) estadounidenses Aaron David Miller, hoy experto del Centro Internacional de Académicos Woodrow Wilson, consideró que Washington no tiene muchas opciones para asumir la reconstrucción de Gaza, aunque sí las tiene la comunidad internacional.

Las leyes estadounidenses prohíben brindar apoyo material a Hamás, y el gobierno tiene la política de "no hacer nada que fortalezca" a ese partido.

"Coincido con el señor Malley en que una de las maneras de dar credibilidad y confiabilidad a Estados Unidos es abrazar el problema en Gaza, pero no lo haremos o no podemos", dijo Miller a IPS.

"El esfuerzo por la reconstrucción se retrasará como consecuencia de esos problemas políticos, lo cual es una mala noticia para los palestinos", agregó.

Israel se resiste a permitir el ingreso en Gaza de materiales esenciales para la reconstrucción, como acero, pues considera que podría usarlo para fabricar armas.

Mientras, la ONU distribuye ayuda directamente, dijo Wittes, y a veces llega al extremo de transferir dinero de bancos occidentales directamente a la cuenta de funcionarios públicos en Gaza.

Algunos actores en el conflicto cuestionan este tipo de mecanismos. "En cualquier conflicto político, la asistencia humanitaria se parece un poco a un partido de fútbol", ironizó la experta de la Institución Brookings en declaraciones a IPS.

La ayuda para la reconstrucción es significativamente más complicada que la asistencia humanitaria, como la alimentaria y médica. "El desafío es de otro nivel, porque el paso del dinero es más difícil", explicó.