La islamofobia avanza en Alemania

Rafael Poch
La Vanguardia/Rebelión
17/10/10


Las posiciones de la extrema derecha se adueñan del centro político


Más de una tercera parte de los alemanes creen que una Alemania sin islam sería mejor. Un 55% declara que los árabes le son "desagradables" y un 58% considera que "habría que prohibir la práctica de su religión". La crisis está derechizando el espacio de centro en Alemania, colocando concepciones ultras en el centro del discurso político, sugiere un estudio que acaba de publicar la fundación Friedrich-Ebert, situada en la órbita del Partido Socialdemócrata (SPD).

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Aumenta el "potencial antidemocrático" de la sociedad y el antiislamismo podría ser su termómetro, señalan los autores del estudio. Su conclusión es que las posiciones ultras, "decididamente antidemocráticas y racistas", así como la aceptación del darwinismo social (sobreviven los más fuertes) y de la desigualdad han aumentado en el 2010.

Eso explicaría el revuelo ocasionado por la banal afirmación del presidente alemán, Christian Wulff, de que "el islam también pertenece a Alemania", contenida en el discurso que pronunció en Bremen con ocasión de la fiesta nacional del 3 de octubre. Desde entonces se suceden las críticas y los matices a aquella afirmación, que no hacía más que reconocer el hecho de que en Alemania viven hoy cuatro millones de musulmanes.

El presidente de Hesse, Volker Bouffier, un barón de los democristianos de la CDU, sostiene que "el islam no pertenece a la República". En una curiosa interpretación jurídica, el presidente del grupo parlamentario de la CDU, Volker Kauder, ha afirmado: "El islam no reúne los requisitos de nuestra constitución basada en nuestra tradición judeocristiana".

La propia canciller, Angela Merkel, ha dicho que el islam es bienvenido en Alemania "sólo cuando reconoce nuestros valores fundamentales". La imagen del islam y su percepción en el país se caracteriza, ha explicado, por la aplicación de la ley islámica, la ausencia de igualdad de derechos entre hombres y mujeres y los "asesinatos por honor" –por ejemplo de mujeres divorciadas–, con algunos casos en Alemania.

El artículo cuarto de la Constitución alemana regula la inviolabilidad de la "libertad de culto, así como la de profesar una religión o creencia filosófica". Una sentencia del Tribunal Constitucional estableció en 1965 la "neutralidad del Estado" en asuntos religiosos, manifestándose contra cualquier "privilegio a una religión particular".

El jefe de la CSU bávara, Horts Seehofer, dice que habría que dejar de recibir en Alemania a "gente de otras áreas culturales" y compañeros de su partido dicen que en lugar de árabes y turcos debería fomentarse la emigración de europeos. El presidente del Partido Liberal (FDP), Christian Lindner, ha pedido que se considere la obligatoriedad de que los niños hablen sólo alemán en los colegios, pues donde hay muchos emigrantes a veces a los turcoparlantes les sale hablar en turco en el recreo. Sobre la misma ola, la ministra de Familia, Kristina Schröder, ha denunciado "discriminación étnica" porque, dice, niños y adolescentes alemanes son discriminados por sus compañeros extranjeros en los colegios. Su compañera y ministra de Educación, Annette Schavan, ha propuesto que los imanes sean educados en universidades alemanas, donde pueda aplicárseles "el rigor académico alemán".

Esta especie de terremoto denota, sobre todo, una radicalización de las ideas, pues desde el 2006 son más numerosos los emigrantes musulmanes que se van de Alemania que los que vienen.

Wulff no dijo nada nuevo en su discurso del pasado 3 de octubre. Hace cuatro años, el entonces ministro del Interior (y actualmente de Finanzas), Wolfgang Schäuble, declaró ante el Bundestag: "El islam es parte de Alemania y parte de Europa, parte de nuestro presente y de nuestro futuro", sin que se armara ningún revuelo.

El estudio de la fundación Friedrich- Ebert sugiere que ha habido una transferencia hacia el islam del antisemitismo y la tradicional xenofobia, que muchas veces sólo refleja pura ignorancia y miedo provinciano. Una encuesta del diario Bild señala que el porcentaje de alemanes que opina que los musulmanes no aceptan la Constitución (59%) es mucho mayor en el este de Alemania (alcanza el 70%), donde apenas hay musulmanes (un 2% de la población) ni la menor experiencia de convivencia con ellos.

"Los políticos están invocando el fundamento judeocristiano de Alemania con una vehemencia apenas imaginable –observa Stephan Kramer, secretario general del Consejo Central de los Judíos en Alemania–. Por desgracia, eso obedece a un intento muy obvio de utilizar el judaísmo en Alemania en un frente de batalla contra el islam".