Microbios antárticos viven en un ambiente que no se consideraba apto para la vida

NSF EFN
01/06/09

Según una nueva investigación, un depósito inexplorado de un líquido salobre similar químicamente al agua de mar, pero sumergido bajo un glaciar en el interior de la Antártida, parece sustentar vida microbiana inusual en un lugar donde el frío, la oscuridad y la carencia de oxígeno hacían creer hasta ahora a los científicos que nada podría sobrevivir.

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Después de tomar muestras y analizar el flujo líquido de salida bajo el Glaciar Taylor, un glaciar de la Capa de Hielo de la Antártida Oriental en los Valles Secos de McMurdo, los investigadores creen que, con la ausencia de suficiente luz para realizar la fotosíntesis, los microbios se han adaptado a manipular compuestos de azufre y hierro para sobrevivir durante el último millón y medio de años. Los microbios son, además, de naturaleza notablemente similar a especies encontradas en entornos marinos. Esto sugiere que esa población bajo el glaciar es el remanente de una población de microbios mayor que en su día vivió en un fiordo o en el mar, recibiendo luz solar. Muchos de estos linajes marinos probablemente sufrieron un declive, mientras que otros se adaptaron a las condiciones cambiantes cuando el Glaciar Taylor avanzó, cerrando el sistema bajo una capa gruesa de hielo.

Los Valles Secos están desprovistos por completo de animales y vegetales complejos, y los científicos consideran el lugar como uno de los desiertos más extremos de la Tierra. Los Valles reciben sólo 10 centímetros de nieve al año como promedio. A pesar de la escasez de precipitaciones, durante el verano de la Antártida, las temperaturas ascienden lo suficiente para que una porción del hielo comience a derretirse. El agua del deshielo forma arroyos que entran en lagos cubiertos por hielo, el cual tiene un grosor comparable a la altura de un edificio de dos o tres pisos. La científica Jill Mikucki y sus colegas basaron sus análisis en muestras tomadas en las Cataratas de Sangre, una formación de nombre ominoso pero acertadamente descriptivo, ya que posee características que la hacen parecer una cascada, al borde del glaciar, fluyendo irregularmente, y a menudo presenta una brillante tonalidad roja, que destaca de modo notable contra el fondo blanquecino de las masas de hielo. Los Valles Secos han sido objetivo de investigación científica desde los inicios de la exploración de la Antártida, en la denominada "Época Heroica" a principios del Siglo XX. Incluso los primeros exploradores ya notaron la gran mancha en el pico del glaciar y especularon sobre qué la pudo haber causado.

Los primeros exploradores pensaron que un alga roja era la responsable de ese color llamativo. Sin embargo, en el nuevo estudio, Mikucki y sus colegas argumentan que las criaturas que sobreviven bajo el Glaciar Taylor son más exóticas y adaptables que lo supuesto por los primeros exploradores. La vida bajo el Glaciar Taylor podría ayudar a los científicos a responder preguntas sobre la vida en otros entornos hostiles, incluyendo los lagos subglaciales de la Antártida y quizás hasta en otros astros helados del sistema solar, tales como el subsuelo bajo masas de hielo marcianas o el océano bajo la corteza de hielo de la luna Europa, en órbita a Júpiter.

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