Cada cinco minutos muere un niño en Iraq debido al conflicto

Rebelión
22/11/07

Ver fotografías de niños iraquíes mutilados por la guerra hace que el conflicto sea inolvidable. Reflexionar sobre las causas que provocaron la guerra hace que el conflicto sea imperdonable. Gota a gota aparece información nueva sobre los efectos de la guerra en los niños y cómo [ésta] ha afectado no sólo a su salud sino a su calidad de vida y a sus posibilidades para el futuro.

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El Día Internacional del Niño se celebra hoy [20 de noviembre] en todo el mundo. Evidentemente no en Iraq, donde los niños se han convertido en las víctimas más trágicas del conflicto.

Cada cinco minutos muere un niño como consecuencia de la guerra y muchos más son heridos de gravedad. De los aproximadamente cuatro millones de iraquíes desplazados, en su propio país y fuera de él, un millón y medio son niños. La mayoría no tienen atención sanitaria básica, educación, techo, agua ni condiciones de higiene. Llevan sobre sus espaldas las trágicas consecuencias de una guerra sin sentido.

100 médicos británicos e iraquíes han afirmado que: “[…] Se deja morir a cientos de niños enfermos o heridos que podrían tratarse con medios sencillos simplemente porque no se tienen los medicamentos elementales u otros recursos. Los niños que han perdido las manos, los pies y las extremidades carecen de prótesis. Los niños con graves problemas psicológicos están sin tratamiento”.

No importa que de acuerdo a la resolución 1483 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tanto Estados Unidos [EEUU] como Reino Unido estén reconocidos como los poderes ocupantes de Iraq y que como tal estén obligados al cumplimiento de las convenciones de La Haya y de Ginebra que exigen que los poderes ocupantes sean responsables no sólo de mantener el orden sino también de dar respuesta a las necesidades médicas de la población. Tragedias como esta no tienen valedores.

Entre tanto, los niveles de desnutrición entre los niños siguen aumentando y actualmente hay más del doble de niños desnutridos que había antes de la invasión liderada por EEUU. La tasa de desnutrición infantil está ahora a la par que la de Burundi, la de cualquier país de África asolado por una brutal guerra civil y por encima de la de Uganda y Haití.

Según un informe de Oxfam y otras 80 organizaciones de ayuda humanitaria, el número de niños iraquíes que han nacido por debajo del peso normal o que sufren desnutrición sigue en aumento y ahora [el número] es mucho más elevado que antes de la invasión.

Casi un tercio de la población —ocho millones de personas— necesitan ayuda urgente y más de cuatro millones dependen de la donación de alimentos.

La destrucción de los servicios básicos afecta al conjunto de la población. Por ejemplo, el 70% de los iraquíes carece de un suministro adecuado de agua y el 80% de medidas higiénicas efectivas, condiciones ambas que sientan las bases para un aumento paralelo de las infecciones intestinales y respiratorias que afectan fundamentalmente a los niños.

Ahmed Obeid, responsable del Ministerio de Sanidad, advierte que: “[…] Los niños mueren a diario debido a la carencia de servicios sanitarios básicos. El catastrófico sistema de alcantarillado y la falta de agua depurada, fundamentalmente en los barrios periféricos, es un tremendo problema cuya solución llevará años”.

Al mismo tiempo, una variedad de enfermedades crónicas relacionadas con el medio ambiente está apareciendo entre los niños debido a su exposición a los contaminantes ambientales. Se cree que muchos de los casos de malformaciones congénitas y de cáncer entre los niños son la consecuencia de la exposición a materiales químicos y radioactivos, que han aumentado de forma significativa durante la guerra.

Y esto sin contar con lo que eufemísticamente denominan “daños colaterales”: los cientos de niños asesinados por explosiones durante los ataques suicidas o los ataques de las fuerzas de ocupación.

Miro otra vez la cara de un niño desconocido, una fotografía de Dan Cheng para The Guardian, sus facciones abrasadas que casi impiden reconocerlo, esos ojos tristes que parece decir a quienes miramos ‘¿Qué hice pera merecer esto?’ y yo no puedo pensar más que qué canallas son esos adultos que destruyen la vida de los niños con total impunidad.

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