EEUU: Nueva York cuenta con 27 millones de ratas, tres por cada ciudadano

El Periódico
10/05/10

Seguramente los turistas que se dejan seducir por primera vez por la magia de Manhattan no pueden dejar de mirar al cielo para contemplar extasiados la hilera de rascacielos que, uno tras otro, pueblan las calles y avenidas de la ciudad, terminando al final del día con el típico dolor de cuello de los primerizos.

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Es probable, además, que se emocionen subiendo al mirador del Empire State, paseando entre los árboles de Central Park o viendo los escaparates de la Quinta Avenida.
No extraña tampoco que sus caras sean todo un poema al toparse por primera vez, y a plena luz del día, con decenas de bolsas de basura apiladas sin ton ni son y a la vista de cualquiera a la espera de que los camiones se dignen a retirarlas de la acera. La llamada capital del mundo, la ciudad que nunca duerme, siempre ha estado asociada a calificativos como cosmopolita, sofisticada, ruidosa... pero el recién llegado descubrirá también que es muy sucia. Las bolsas de basura agujereadas y el mal olor que desprenden han sido desde siempre los mejores aliados para otra de las temidas criaturas que habitan desde hace décadas la ciudad: las ratas. Pues bien, la última ocurrencia para intentar frenar la plaga de roedores ha sido la aparición en el mercado de unas nuevas bolsas que desprenden un fuerte aroma mentolado para acabar con los malos olores de los desechos.

Sí, lo que están leyendo, bolsas con olor a menta que al parecer espantan incluso a las ratas más hambrientas. Puede parecer algo banal, pero en la ciudad de las banalidades todo tiene siempre una explicación. Nueva York genera a diario más de 23.000 toneladas métricas de basura, y las estimaciones más conservadoras aseguran que la ciudad, de algo más de ocho millones de habitantes, cuenta hoy en día con una población de 27 millones de ratas, tres por cada neoyorquino.

Las de ciudad, las marrones, las de alcantarilla, las de río, las callejeras. Hay infinidad de nombres pero todas son de una misma especie, las ratas noruegas. Cuando llega la noche se pasean a sus anchas por las bolsas de basura, corren por el metro e instalan sus madrigueras en terrenos abandonados. Últimamente son los vecinos de los sectores más acomodados del Upper East Side los que más se quejan por los roedores.

Hay quien achaca la última plaga en esa zona nice de la ciudad, donde viven los ricos y famosos, a las obras de ampliación del metro en la Segunda Avenida, aunque la empresa MTA asegura que está aplicando las medidas recomendadas por el Departamento de Salud: desde veneno en zonas de alto riesgo hasta las trampas de toda la vida. «Estamos cumpliendo la normativa», dice. Pero los vecinos insisten en que cada vez hay más roedores.

Todo un problema que desde luego no es nuevo pero que amenaza incluso con empeorar después de que el alcalde Michael Bloomberg anunciara que en los tiempos de crisis que corren se ha visto obligado a despedir a buena parte de la plantilla que se encarga de limpiar los terrenos baldíos para ahorrarse más de un millón de euros. Quizá la solución sean esas bolsas mágicas que prometen acabar con los «malditos roedores», como decía el gato Jinks.

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