Ideas sionistas para asesinar a un pueblo y salir ileso

Mariano Alí
Aporrea
02/09/10


¿Qué se le puede exigir a un Estado que no tiene constitución y cuando se le pide algún argumento normativo que justifique sus acciones genocidas lo que presenta su presidente al mundo es un texto bíblico el cual interpreta como historia? Se le solicita a Israel que dialogue, que no desate una guerra nuclear, que respete los derechos humanos, que se someta al derecho internacional; en fin, se le exige que actúe desde la racionalidad política y no partiendo de fundamentalismos religiosos. Israel no quiere dialogar ni mucho menos negociar la paz en Medio Oriente y menos aún aceptar la definición de las fronteras del Estado Palestino. Desde la creación forzada y artificial del estado de Israel con el contubernio de las Naciones Unidas, sus máximos representantes e ideólogos del sionismo han manejado un solo plan: desarabizar a través del genocidio y la colonización todos los espacios que ellos, según una visión dogmática, consideran como suyos.
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texto Ilan Pappé, historiador y conferencista de ciencia política de la Universidad de Haifa (Israel), autor además de varios libros dedicados a develar el entramado terrorista del estado de Israel, en uno de sus últimos textos titulado “La limpieza étnica de Palestina”, revela las argucias y estrategias nefastas del asesino David Ben Gurión (artífice del sionismo de origen Polaco y primer ministro de Israel entre los años 1948-1954 y otra vez en 1955-1963). Este libro señala que Ben Guríón en 1946, un año antes de la inefable RESOLUCIÓN 181 DE LA ONU, con la cual se le dio el beneplácito a Israel de expulsar a los palestinos de sus tierras, ya asumía sin ningún precepto moral, acabar con los palestinos. El plan lo calificó este representante del sionismo como Plan C (o Gimel en hebreo), y según las comunicaciones de Ben Gurión, encontradas por el profesor israelita Ilan Pappé, tenía como objetivo cumplir con los siguientes aspectos aún vigentes desde mi punto de vista:

“1.- Matar a los líderes políticos palestinos.

2.- Matar a los palestinos agitadores y a quienes les proporcionan respaldo financiero.

3.- Matar a los palestinos que actuaran contra los judíos.

4.- Destruir los medios de transporte palestinos.

5.- Destruir las fuentes de sustento de los palestinos: pozos de agua, molinos, etc
.

6.- Otros….”

Además en este ilustrativo libro, el escritor israelita, sustentando su investigación en documentos del propio estado de Israel como epístolas de Ben Gurión dirigidas a sus más fieles acólitos, explica las estrategias asumidas por el representante sionista quien en una carta remitida a la ejecutiva de la Agencia Judía en 1938 afirmó lo siguiente sobre la expulsión de los palestinos de su tierra en 1948: “Soy partidario del traslado forzoso, no veo nada de inmoral en él”. Cómo se evidencia en los hechos de ayer y hoy, la visión y acción hegemónica del sionismo está intacta, no ha cambiado ni cambiará si la actitud complaciente del mundo y en especial la de las grandes potencias, no se modifica ante el estado forajido de Israel.

Sobre las advertencias hechas por el comandante Fidel sobre el rol que desempeña Israel en el belicoso escenario que se impone ante Irán y los palestinos, no queda más si no aceptar que otra vez los supuestos postulados del derecho internacional y el tan manoseado concepto de la autodeterminación de los pueblos ha quedado en el relativismo y las interpretaciones impuestas desde la Casa Blanca. Hoy, gracias al atrevimiento de israelitas honestos y valientes como el profesor Ilan Pappé, a la sabiduría de Fidel y al liderazgo del presidente Chávez y de muchos otros, podemos desenmascarar a la canalla sionista del estado de Israel, el cual, cuando quiere justificar sus asesinatos ante el mundo, nos recomienda ver las películas de Steven Spielberg como La lista de Schindler o leer La Toráh (leyes judías fundamentadas en supuestos religiosos), en vez de asumir el derecho internacional y reconocer que los sionistas mejoraron las tácticas de sus verdugos nazis para aniquilar sistemáticamente a un pueblo y quedar como víctimas ante el mundo.