Gitanos en Francia enfrentan futuro incierto

Gerardo Lissardy
BBC
03/09/10

A sólo 40 minutos de tren desde el centro de París, un grupo de gitanos rumanos han decidido aferrarse a lo poco que tienen, temerosos de que la policía llegue a evacuar su campamento y expulsarlos de Francia.


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"Lloro todos los días: yo con mi mujer, incluso con los niños", relata Vasile, un inmigrante de 27 años que vive en el lugar.

Hay una veintena de casas rodantes desvencijadas, sin agua potable y con la electricidad que da un pequeño grupo electrógeno. Las moscas revolotean y un humo negro surge desde una fogata de desechos.

El piso es de tierra seca, un predio privado donde se instalaron ilegalmente desde 2007 en la comuna de Triel-sur-Seine, apenas 35 kilómetros al noroeste del glamour de la capital.

Las 100 personas que viven aquí son parte de los miles de gitanos de Rumania y Bulgaria que llegaron a Francia en los últimos tiempos y que hoy se encuentran el centro de la polémica.

Las dos caras del debate


Francia ha repatriado a un millar de gitanos a Rumania y Bulgaria.

El presidente, Nicolas Sarkozy, está en plena campaña para cerrar la mitad de los 600 campamentos gitanos como éste que hay en el país y repatriar a los gitanos inmigrantes sin trabajo ni permiso de residencia.

El gobierno francés aduce que esos campamentos son focos de delitos y esgrime estadísticas que dicen que uno de cada cinco robos en París es cometido por rumanos.

La otra cara del debate la muestran organizaciones de apoyo a los gitanos, que señalan que esa comunidad sufre problemas de acceso a empleo, educación, salud y vivienda que la relega del resto de Europa.

Nómadas desde hace 10 siglos, los gitanos aprendieron a vivir con lo mínimo, pero los requisitos que hoy les exige Francia para permanecer en el país son casi imposibles de satisfacer para muchos.
Minoría mayor

Se estima que los gitanos iniciaron su periplo por el mundo desde el noroeste de India, la tierra de sus ancestros, y que se expandieron por Europa en el siglo XV.

La Comisión Europea (CE) calcula que actualmente hay entre 10 y 12 millones de gitanos en el continente, la mayor minoría étnica del bloque. Un quinto de ese total vive en Rumanía.

En Francia la comunidad gitana o de "gente de viaje", como se los conoce a nivel local, está compuesta por al menos 400.000 personas afincadas desde hace décadas o siglos en el país.

Pero el debate actual se concentra en los cerca de 15.000 gitanos que llegaron de Rumania y Bulgaria para escapar de la pobreza y la discriminación desde que sus países entraron a la Unión Europea (UE) en 2007.

Sus condiciones de vida son aún peores a las de los gitanos radicados en Francia desde hace más tiempo, que gozan de ayudas públicas y, según la organización no gubernamental Médicos del Mundo, tienen expectativas de vida hasta 20 años superiores.

Tercer mundo en Europa


"El rechazo (a los gitanos en Rumanía) es mucho peor", dice Fabienne Laurent.

Médicos del Mundo sostiene que los gitanos viven en Francia y Europa "con indicadores comparables a los de países subdesarrollados".

Eso incluye una de mortalidad neonatal nueve veces mayor a la media poblacional, de mortalidad infantil cinco veces mayor y una esperanza de vida de entre 50 y 60 años.

Ante la falta de predios cedidos por las comunas para asentarlos, muchos se instalan ilegalmente en tierras privadas como el de Triel-sur-Seine, que plantean claros riesgos.

"Este es un terreno insalubre", sostiene Fabienne Lauret, del grupo de apoyo Roms-Yvelines, en diálogo con BBC Mundo. "Aquí había industrias, hay mucha contaminación en la tierra y emanación de productos tóxicos".

También señala que "hay muchos obstáculos para escolarizar a los niños". De un total de 50 menores que viven en este campamento, apenas 15 están inscritos en algún centro educativo.

Sin embargo, Lauret explica que los habitantes del campamento "quieren vivir en Francia porque en Rumania el rechazo es mil veces peor".
"Hacer los papeles"

Vasile habita en el campamento de Triel-sur-Seine, con su esposa de 20 años y sus dos hijos, desde 2007.

Llegó al lugar después de que la policía evacuara el campamento gitano donde había aterrizado como inmigrante en 2005 y se viera obligado a pasar "dos días y dos noches" en la calle.

Dice que su esperanza es "vivir en Francia, hacer los papeles, trabajar…". Pero carece de un permiso de residencia y las noches han pasado a ser una pesadilla de lágrimas y miedo para él.

"Estoy esperando que me vengan a buscar", comenta a BBC Mundo.

Los gitanos rumanos y búlgaros son ciudadanos europeos con derecho a ingresar a Francia sin visa, pero bajo reglas transitorias deben contar con un trabajo estable o permisos de residencia para quedarse más de tres meses.

Obtener empleo es difícil para muchos (los empleadores deben pagar el equivalente a US$1.150 en impuestos por un contrato indefinido) y buena parte permanece en Francia irregularmente: trabajan clandestinamente o mendigan.

Desde que lanzó la ofensiva policial en julio, Francia envió de regreso a Rumania y Bulgaria a cerca de un millar de gitanos y clausuró más de un centenar de campamentos ilegales.

El gobierno de Sarkozy sostiene que su campaña cumple con las reglas europeas y aduce razones de seguridad y orden para llevarla a cabo.

El ministro del Interior, Brice Hortefeux, dijo esta semana que los crímenes cometidos por rumanos aumentaron 259% en los últimos 18 meses.
¿Problema europeo?

El gobierno francés sostiene que, además de las expulsiones por delitos cometidos, muchos gitanos han sido repatriados de forma "voluntaria", a cambio del equivalente a US$385 por adulto y US$130 por niño.

Sin embargo, la ofensiva ha sido criticada por observadores de las Naciones Unidas contra el racismo, por grupos defensores de los derechos humanos y encendió alarmas en Bruselas.

clic Lea: ONU critica acciones contra gitanos

Un informe de la CE divulgado esta semana descartó que la política francesa ponga énfasis suficiente en las circunstancias individuales para la expulsión de cada gitano, como salud, edad y tiempo de estadía en el país.

Las autoridades afirman que la integración de los gitanos es un desafío de toda Europa e instan a Bruselas a que promueva medidas concretas para eso.

De hecho, otros países europeos como Italia, Dinamarca o Suecia, también apelaron recientemente a la expulsión de gitanos.

Pero en esta polémica subyace una pregunta: si Francia, un país orgulloso de sus sistemas públicos de educación y salud, no integra a familias como la de Vasile, ¿quién podrá hacerlo en Europa?