Irán: Tal vez no quieran la bomba... y otras verdades inesperadas

Fareed Zakaria
Newsweek/ICH
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
26/05/09

Todo lo que sabes sobre Irán está equivocado, o por lo menos es más complicado de lo que piensas. Por ejemplo, toma la bomba. El régimen quiere ser una potencia nuclear, pero es perfectamente posible que le baste un programa nuclear civil (lo que podría significar que representa un desafío más complejo). ¿Cuál es la evidencia? Bueno, durante los últimos cinco años, altos responsables iraníes a todo nivel han afirmado repetidamente que no tienen la intención de producir armas nucleares. El presidente Mahmud Ahmadineyad ha citado al padre fundador del régimen, Ayatolá Ruhollah Jomeini, quien afirmó que semejantes armas son “no-islámicas.” El supremo líder del país, Ayatolá Ali Jamenei, emitió una fatua en 2004 describiendo el uso de armas nucleares como inmoral. En un sermón subsiguiente, declaró que “el desarrollo, producción o almacenamiento de armas nucleares está prohibido bajo el Islam.” El año pasado, Jamenei reiteró todos esos puntos después de reunirse con el jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed ElBaradei. Ahora, claro está, todos podrían estar mintiendo. Pero sería extraño que un régimen que deriva su legitimidad de su fidelidad al Islam declare constantemente que esas armas son no-islámicas si tuviera la intención de desarrollarlas. Sería mucho más astuto dejar de recordar a la gente de las declaraciones de Jomeini y dejar de emitir nuevas fatuas contra las armas nucleares.
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La adhesión a una estrategia nuclear civil tiene grandes beneficios. El país se mantendría dentro del derecho internacional, afirmando simplemente sus derechos bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear, una posición que tiene mucho apoyo en todo el mundo. Eso imposibilitaría la imposición de sanciones de gran amplitud contra Irán. Y si el objetivo de Teherán es expandir su influencia regional, no necesita una bomba para hacerlo. Le bastaría tener una clara capacidad de “salida” – la capacidad de armamentizar en unos pocos meses – que le permitiría operar con mucha más amplitud e impunidad en Oriente Próximo y Asia Central.

Los iraníes no son suicidas. En una entrevista de la semana pasada, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu describió al régimen iraní como “culto mesiánico, apocalíptico.” En realidad, Irán ha tendido a comportarse de un modo astuto, calculador, haciendo progresar sus intereses cuando es posible, retirándose cuando es necesario. Los iraníes se aliaron con EE.UU. y contra los talibanes en 2001, ayudaron a crear el gobierno de Karzai. Trabajaron contra EE.UU. en Iraq, porque temían la creación de un títere favorable a EE.UU. en su frontera. Antes, en este año, durante la guerra de Gaza. Israel advirtió a Hezbolá que no lanzara cohetes en su contra, y existe mucha evidencia de que Irán jugó un papel en el control de sus aliados. La elite gobernante de Irán está obsesionada por el logro de acumular riqueza y mantener el poder. El argumento de los que están a favor de sanciones coercitivas contra Irán – incluyendo a muchos israelíes – es que hay muchos en el régimen que han estado acumulando dinero en cuentas bancarias en Dubai y Suiza para sus hijos y nietos. No son acciones asociadas con gente que cree que el mundo está a punto de acabar.

Uno de los asesores de Netanyahu dijo hablando de Irán: “Piensen en Amalek” La Biblia dice que los amalecitas eran enemigos dedicados del pueblo judío. En 1 Samuel 15, Dios dice: “Así que ve y ataca a los amalecitas ahora mismo. *Destruye por completo todo lo que les pertenezca; no les tengas compasión. Mátalos a todos, hombres y mujeres, niños y recién nacidos, toros y ovejas, camellos y asnos." »

Ahora bien, si el presidente de Irán y sus asesores hubieran citado un texto religioso que otorgara la aprobación divina al aniquilamiento de toda una raza, serían llamados, bueno, mesiánicos.

Irán no es una dictadura. Ciertamente no es una democracia. El gobierno encarcela a oponentes, clausura revistas y tolera pocos cuestionamientos de su autoridad. Pero tampoco es una dictadura monolítica. Podría ser descrito mejor como una oligarquía, con considerable debate y disenso dentro de las elites. Incluso el así llamado Supremo Líder tiene un cuerpo de electores, la Asamblea de Expertos, que lo seleccionó y a quienes tiene que mantener contentos. Ahmadineyad es visto ampliamente como el “mullah loco” que dirige el país, pero no es el ejecutivo jefe incuestionable y es en realidad una espina clavada en el torso del establishment clerical. Es laico, sin conexiones familiares con ayatolás importantes – lo que lo convierte en un personaje extraño en la clase gobernante. No fue inicialmente el candidato preferido del Supremo Líder en la elección de 2005. Incluso ahora desagrada evidentemente a los mullahs y él, por su parte, hace cosas con la intención deliberada de socavar su autoridad. Irán puede estar dispuesto a llegar a un acuerdo. No podemos saber si un acuerdo es posible ya que nunca hemos tratado de negociar uno, directamente. Aunque el régimen aparece unido en su creencia en que Irán tiene derecho a un programa nuclear civil – una posición con amplio apoyo popular – algunos dirigentes parecen ser sensibles a los costes de la actitud actual. Es concebible que esos “moderados” podrían apreciar los beneficios potenciales de una limitación de su programa nuclear, incluido el comercio, la tecnología y el reconocimiento por parte de EE.UU. Los iraníes insisten en que tienen que poder enriquecer uranio en su propio suelo. Una proposición es que esto tenga lugar en Irán pero sólo bajo el control de un consorcio internacional. No es una solución perfecta porque los iraníes podrían, si fueran muy creativos y dedicados – engañar. Pero tampoco es perfecto desde el punto de vista iraní porque podría significar efectivamente un régimen permanente de inspecciones en su país. Pero ambas partes podrían obtener lo suficiente de lo que consideran esencial para que funcione. Por qué no probarlo antes de que se lance la próxima guerra en Oriente Próximo.

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