La mayor ola de suicidios de la historia - Terrorismo neoliberal en India
P. Sainath
Counter Punch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
16/02/09
182.936 agricultores se han suicidado en India en 1997 y 2007. Cerca de dos tercios de esos suicidios han ocurrido en cinco Estados (India tiene 28 Estados y siete territorios de la unión). Los Grandes 5 [Estados] – Maharashtra, Karnataka, Andhra Pradesh, Madhya Pradesh y Chattisgarh – representan sólo un tercio de la población del país, pero dos tercios de los suicidios de agricultores. La proporción de agricultores que se matan en esos Estados es mucho más elevada que las tasas de suicidios entre los no-agricultores. Los suicidios en el campo también han ido aumentando en otros Estados del país.
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Es significativo que la cantidad de agricultores que se quitan la vida aumente a pesar de la disminución de la cantidad de agricultores, es decir, sobre una base agrícola en disminución. Hasta 8 millones de personas abandonaron la agricultura entre los dos censos de 1991 y 2001. La cantidad de gente que ha abandonado la agricultura sólo ha aumentado desde entonces, pero recién tendremos la cifra actualizada de los agricultores en el censo de 2011.
Esos datos de suicidios son oficiales y tienden a ser inmensas subestimaciones, pero son de por sí bastante tristes. Los datos de suicidios en India son reunidos por el Buró Nacional de Registros de Crímenes (NCRB), una sección del Ministerio de Asuntos Interiores del gobierno de India. El propio NCRB no parece hacer mucho daño a los datos. Pero los Estados que los reúnen dejan afuera a miles en la definición de “agricultor” y, por lo tanto, amañan los resultados para reducirlos. Por ejemplo, las mujeres que trabajan el campo no son normalmente aceptadas como agricultoras (por costumbre, la tierra casi nunca está a sus nombres). Hacen la mayor parte del trabajo en la agricultura – pero son sólo “esposas de agricultores.” Esta clasificación posibilita que los gobiernos excluyan innumerables suicidios de mujeres agricultoras. Son registradas como muertes suicidas – pero no como “suicidios de agricultores.” Del mismo modo, muchos otros grupos, han sido también excluidos de esa lista.
La avalancha de suicidios en las granjas – la mayor ola continua de tales muertes registrada en la historia – acompaña la adopción por India del ‘mundo feliz’ del neoliberalismo. Muchos informes sobre ese proceso y cómo ha afectado a la agricultura han sido publicados aquí mismo, en el sitio CounterPunch. [Y en Rebelión, N. del T.] La tasa de suicidios de agricultores ha empeorado particularmente después de 2001, cuando India iba bien avanzada por el engañoso camino de la OMC en agricultura. La cantidad de suicidios de agricultores en los cinco años – 1997-2001 – fue de 78.737 (o sea un promedio de 15.747 por año). La misma cifra para los cinco años 2002-2006 fue de 87.567 (o sea un promedio de 17.513 por año). Es decir, en los cinco años siguientes después de 2001, un agricultor – o agricultora - se quitó la vida cada 30 minutos en promedio. Las cifras de 2007 (detalladas a continuación) colocan también ese año, en la tendencia creciente.
¿Qué tienen en común los suicidios en las granjas? Los que se quitaron la vida estaban profundamente endeudados – los hogares campesinos endeudados se duplicaron en la primera década de las “reformas económicas” neoliberales, de un 26% de los hogares agrícolas a un 48,6%. Lo sabemos por datos del Muestreo Estadístico Nacional. Pero en los peores Estados, el porcentaje de semejantes hogares es mucho más alto. Por ejemplo, un 82% de todos los hogares agrícolas en Andhra Pradesh estaba endeudado en 2001-2002. Los que se quitaron la vida eran sobre todo agricultores de cultivos comerciales – cultivadores de algodón, café, caña de azúcar, cacahuetes, pimienta, vainilla. (Hay menos suicidios entre los agricultores de cultivos para la alimentación – es decir, cultivadores de arroz, trigo, maíz, lentejas.) La filosofía del ‘mundo feliz’ ordenó a innumerables millones de agricultores del Tercer Mundo que pasaran del cultivo para la alimentación a cultivos para la comercialización (el mantra del “crecimiento impulsado por la exportación”). Para millones de agricultores de subsistencia en India, esto significó costes de cultivo mucho más elevados. Préstamos mucho mayores, deudas mucho más altas, y estar atrapados en la volatilidad de los precios globales de las materias primas. Es un sector dominado por un puñado de corporaciones multinacionales. La medida en que el paso a cultivos comerciales impacta al agricultor se refleja en lo siguiente: solía costar aproximadamente Rs. 8.000 (165 dólares actuales) cultivar un acre de arrozal en Kerala. Cuando muchos pasaron a cultivar vainilla, el coste (para 2003-2004) por acre fue de casi Rs. 150.000 (3.000 dólares) por acre. (El dólar equivale a unas 50 rupias.)
Cuando gigantescas compañías semilleras desplazan a híbridos baratos y variedades tradicionales más resistentes con sus propios productos, un agricultor de algodón en la red de Monsanto paga mucho más por semillas que lo que algún día hubiera llegado a imaginar. Las variedades locales e híbridos fueron desplazados con entusiasta apoyo estatal. En 1991, se podía comprar un kilo de semilla local por sólo Rs. 7 o Rs. 9 en Vidarbha, la región más afectada actualmente. En 2003, se pagaban Rs. 350 (7 de dólares) por una bolsa con 450 gramos de semilla híbrida. En 2004, los socios de Monsanto en India comercializaban una bolsa de 450 gramos de semilla de algodón Bt por entre Rs. 1.650 y Rs. 1.800 (33 a 36 dólares). El precio fue reducido dramáticamente de un día al otro debido a la fuerte intervención gubernamental en Andhra Pradesh, donde cambió el gobierno después de las elecciones de 2004. El precio cayó a cerca de Rs. 900 (18 dólares) aún muchas veces superior al de 1991 o incluso de 2003.
Mientras tanto, la desigualdad fue el gran devorador de hombres entre los “tigres emergentes” del mundo en desarrollo. La comercialización depredadora del campo devastó todos los demás aspectos de la vida para los campesinos y los trabajadores sin tierra. Los costes de la salud, por ejemplo, aumentaron dramáticamente. Muchos miles de jóvenes se salieron de las escuelas y universidades para trabajar en las granjas de sus padres (incluyendo muchos que tenían becas). El gasto promedio mensual per cápita del hogar agrario indio era de sólo Rs. 503 (diez dólares) a principios de esta década. De eso, aproximadamente un 60% era gastado en alimento y otro 18% en combustible, vestimenta y calzado.
¿Gastaban tanto dinero en alimentos los agricultores? Para comenzar, millones agricultores indios pequeños y marginales son compradores netos de cereales alimenticios. No pueden producir lo suficiente para alimentar a sus familias y tienen que trabajar en los campos de otros y en otros sitios para cerrar la brecha. Al tener que comprar parte de los cereales que necesitan en el mercado, son profundamente afectados por los aumentos en los precios de alimentos, como ha sucedido desde 1991, y de modo particularmente agudo en este año. El hambre entre los que producen alimentos es algo muy real. Hay que agregar a esto que la “disponibilidad neta per cápita” de cereales alimenticios ha bajado dramáticamente en India desde que comenzaron las “reformas”: de 510 gramos por indio en 1991, a 422 gramos en 2005. (No es una baja de 88 gramos. Es un caída de 88 multiplicada por 365 y luego por un millón de indios.) Como ha estado señalando constantemente la profesora Utsa Patnaik, la más destacada economista especializada en agricultura de India, la familia pobre promedio tiene aproximadamente 100 kilos menos actualmente de lo que tenía hace diez años – mientras que la elite come como si se estuviera pasando de moda. Para muchos, el paso de cultivos de alimentación a cultivos comerciales empeora las cosas. A fin de cuentas, si es necesario uno se puede comer su arrozal. Es difícil comer algodón. Mientras tanto, incluso el sector de los cultivos de alimentación cae cada vez más bajo control de la fijación oligopolítica de las corporaciones. La especulación en los mercados a término hizo subir este año los precios de cereales en todo el globo.
Mientras tanto, el modelo neoliberal que impulsó el crecimiento a través de un tipo de consumo también significó la reorientación de inmensas cantidades de dinero del crédito rural a la promoción de los estilos de vida de las elites ambiciosas de las ciudades (y también del campo). Miles de filiales bancarias rurales cerraron durante los 15 años desde 1993 a 2007.
Incluso al derrumbarse los ingresos de los agricultores, también lo hicieron los precios que obtienen por sus cultivos comerciales, gracias a los obscenos subsidios que los agricultores corporativos y acaudalados de Occidente reciben de EE.UU. y de la UE. Su batalla sólo por los subsidios para el algodón (de un valor de miles de millones de dólares) destruyó a los agricultores de algodón no sólo en India sino en naciones africanas como Burkina Faso, Benín, Mali, y Chad. Mientras tanto, durante todo el tiempo, India fue reduciendo la inversión en la agricultura (procedimiento neoliberal estándar). La vida se hacía más y más imposible para los pequeños agricultores.
Mientras subían los costes, el crédito se acababa. La deuda se descontroló. Los subsidios destruyeron sus precios. La ausencia de inversiones en la agricultura (de un valor de miles de millones de dólares por año) aplastó al campo). India incluso cortó muchos de los pocos salvavidas que tenía para sus agricultores. La confusión fue total. Desde fines de los años noventa, los suicidios comenzaron a ocurrir en lo que entonces parecía un ritmo acelerado.
De hecho, la crisis agraria de India puede ser resumida en cuatro palabras (llámela Ag Crisis 101): el impulso hacia la agricultura corporativa. La ruta (en cuatro palabras): comercialización depredadora del campo. El resultado: El mayor desplazamiento en nuestra historia.
Las corporaciones todavía no controlan directamente la tierra de labranza india y no realizan directamente las operaciones cotidianas. Pero controlan todos los demás sectores: insumos, distribución, mercadotecnia, precios, y se orientan también hacia el control del agua (que los Estados en India se ocupan de privatizar de una u otra manera).
La mayor cantidad de suicidios en las granjas sucede en el Estado de Maharashtra, sede de la Bolsa de Valores Mumbai y con su capital Mumbai [Bombay] donde están 21 de los 51 multimillonarios en dólares de India y más de un cuarto de los 100.000 millonarios en dólares del país. Mumbai atrajo la atención global cuando terroristas masacraron a 180 personas en un espantoso ataque en noviembre. En ese Estado con su capital Mumbai, ha habido 40.666 suicidios de agricultores desde 1995, que han recibido muy poca atención en los medios.
Los suicidios de agricultores en Maharashtra volvieron a cruzar la marca de los 4.000 en 2007, por tercera vez en cuatro años, según el Buró Nacional de Registro de Crímenes. 4.238 agricultores se quitaron la vida en ese Estado durante ese año, el último para el cual hay datos, los que representan un cuarto de los 16.632 suicidios de agricultores en el país. El total nacional muestra una ligera caída de los 17.060 suicidios de agricultores de 2006. Pero la tendencia general de la última década parece ser inconmovible. Los suicidios en granjas del país desde 1997 suman ahora 182.936.
Para volver a repetirlo, los cinco Estados más afectados: Maharashtra, Andhra Pradesh, Karnataka, Madhya Pradesh y Chattisgarh – representan dos tercios de todos los suicidios de agricultores en India. En conjunto, fueron 11.026 en 2007. De estos, solo Maharashtra representa más de un 38%. De los 5 Grandes, Andhra Pradesh tuvo una disminución de 810 suicidios de su total de 2006. Karnataka tuvo un aumento de 415 durante el mismo período. Madhya Pradesh (1.375) mostró una disminución de 112, pero los 1.593 suicidios en las granjas de Chattisgarh significan un aumento de 110 sobre 2006. Factores específicos en esos Estados alimentan el problema. Son zonas de agricultura altamente diversificada, comercializada, donde dominan los cultivos comerciales. El estrés acuático ha sido una característica común, y empeora con el uso de tecnologías como la semilla Bt que exige inmensas cantidades de agua. Los altos insumos externos y sus costes son también comunes, así como el uso de productos químicos y pesticidas. La desregulación sin discernimiento cavó muchas tumbas, prendió muchas piras.
Maharashtra registró una baja de 215 suicidios en 2007. Sin embargo, ningún otro Estado llega a la marca de los 3.000. Y Andhra Pradesh (con 1.797) y Karnataka (2.135) – los dos Estados peor afectados que le siguen – no pasan en conjunto la marca de más de 4.000 de Maharashtra. Una baja de 221 en un año, ocurrió también en 2005, en Maharashtra, sólo para ser seguida por al punto más alto de todos los tiempos de 4.453 suicidios en 2006. La tendencia del Estado no muestra ningún cambio y sigue siendo deprimente.
La cifra de 4.238 de Maharashtra en 2007 viene después de un año y medio de “paquetes de ayuda” agrícola por un valor de Rs. 5000 crore (1.000 millones de dólares) y una visita del primer ministro a mediados de 2006 a la afligida región Vidharbha. El Estado también ha visto una plétora de informes, estudios de comisiones de investigación oficiales entre 2005 y 2007, orientados a encarar el problema. Sin embargo, los 12.617 suicidios en las granjas en los mismos años es su peor total de todos los tiempos para un período de tres años desde que el Estado comenzó a registrar datos semejantes en 1995. Por cierto, los suicidios agrícolas en Maharashtra desde ese año han sobrepasado la marca de los 40.000. Las causas estructurales de esa crisis parecen no haber sido tocadas.
A escala nacional, los suicidios de agricultores entre los años 2002 y 2007 fueron peores que para los años entre 1997 y 2001. Los datos del NRBC para todo el país existen ahora desde 1997 hasta 2007. En los cinco años hasta 2001, hubo un promedio de 15.747 suicidios de agricultores al año. Para los seis años desde 2002, ese promedio es de 17.366 suicidios de agricultores por año. El aumento es angustiosamente superior en los principales Estados en crisis.
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P. Sainath es editor de asuntos rurales de The Hindu y es autor de “Everybody Loves a Good Drought.” Es colaborador regular de CounterPunch. Para contactos, escriba a: psainath@vsnl.com.
Sistema en rojo - Efecto desocupación: EEUU y Europa pierden el control sobre la crisis
IAR Noticias
16/02/09
El malestar social que generan la desocupación creciente y el deterioro de las condiciones salariales, así como el achicamiento de la capacidad de consumo, alimenta y exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de confianza en los políticos y alienta las huelgas y protestas sociales que comienzan a extenderse por toda la geografía europea y ya amenazan a EEUU. El sistema está en un punto de inflexión: La pérdida de gobernabilidad.
En estos días comprobamos que la "inteligencia" del sistema, sus dirigentes políticos, comunicadores y analistas ensayan un nuevo discurso de "comprensión de la crisis" económica que niveladamente se expande por todo el planeta, con epicentro en Europa y EEUU.
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Este discurso oficial de "comprensión de la crisis" se basamenta en una ecuación: La crisis económica es, antes que nada, una "crisis moral", de hombres (incapacidad, codicia, corrupción, etc) y no del sistema dominante.
Desde el nuevo presidente del Imperio USA, Barack Obama y los lideres de las potencias centrales hasta el último gerente político de los países que integran el circuito globalizado del planeta controlado por las corporaciones transnacionales, hacen lo que pueden para convertir el colapso capitalista en una crisis producida por "errores humanos".
De esta manera, sacan de escena la responsabilidad del sistema capitalista que, como emergente totalizado sólo produce para dar rentabilidad a los consorcios capitalistas trasnacionales que controlan los sistemas económicos productivos, los mercados internos y los comercios exteriores tanto de los países centrales como de los periféricos.
Las razones por las cuales el sistema capitalista entra en crisis periódicas no se explican por "errores humanos", sino por el emergente de su propia dinámica y modelo de funcionamiento histórico que no está diseñado para servir al bienestar general y al reparto equitativo de los bienes producidos entre la sociedad, sino para concentrar riqueza y capital en pocas manos.
En primer lugar, la lógica histórica de la rentabilidad y concentración del capital en pocas manos, segmenta y achica la producción (el capitalismo sólo produce para quien pueda pagar), genera pobres y marginados excluidos del mercado y sin capacidad de consumo, y desata desocupación con pérdida del consumo que periódicamente producen crisis y conflictos sociales que alteran la gobernabilidad del sistema.
Y hay un principio axiomático probado por la realidad: Así como las potencias centrales (con EEUU a la cabeza) son las grandes exportadoras de crisis mundial, los bancos y empresas transnacionales imperiales son los grandes exportadores de desocupación masiva a escala global.
Ante el derrumbe del modelo de explotación capitalista "globalizado" esos bancos y trasnacionales del Imperio (que hegemonizan el control sobre el comercio y los sistemas productivos a escala global) descargan la crisis sobre las espaldas de los obreros y empleados que pasan a la categoría de "desocupados".
De manera tal que las crisis periódicas del sistema no se producen por "errores humanos" (como quieren demostrar Obama y los gurúes del sistema), sino por el achicamiento de los márgenes de rentabilidad capitalista que conduce a la reducción de la producción y del consumo y a los despidos masivos como ya está sucediendo en Europa y EEUU.
Al contrario de lo que pregonan los analistas y autoridades del sistema, el colapso financiero-recesivo, originado en EEUU y Europa, y que ya se proyecta a las economías centrales y periféricas a escala global, no se trata de una crisis por "falla de las normas de regulación y control financiero", sino de una reestructuración económica-financiera global impulsada por la dinámica histórica de concentración del capital en pocas manos.
Al sistema capitalista, representado en el G-7 (países ricos) que acaba de celebrar una cumbre, no le interesa resolver la crisis social emergente de la desocupación, sino la crisis de rentabilidad producida por la crisis financiera recesiva proveniente de la competencia intercapitalista por el control de los mercados.
La crisis se expande y multiplica a escala global: El colapso financiero con desaceleración económica y desempleo (por efecto de la contracción del crédito) exportada originalmente de EEUU se contagia aceleradamente por las economías del euro que afrontan crecientes huelgas y protestas sociales que han llevado a la Unión Europea a decretar alerta roja y una agenda de reuniones de urgencia para afrontar el terremoto económico recesivo.
El colapso financiero recesivo con epicentro original en las economías imperiales USA-UE ya se convirtió en derrumbe nivelado de la economía real a escala mundial.
La crisis recesiva con desempleo masivo que azota con dureza extrema a la primera potencia imperial, EEUU, ahora arrasa también con las economías centrales de la zona del euro donde se registran huelgas y protestas sociales que barren con la estabilidad de los gobiernos desde Francia, Reino Unido, España, hasta Bélgica e Islandia.
A medida que las consecuencias de la desocupación y el desplome del poder adquisitivo del salario se hacen sentir por toda Europa, la protesta social y sindical gana la calle en cada vez más países, para expresar el descontento.
El malestar social que generan la desocupación creciente y el deterioro de las condiciones salariales, así como el achicamiento de la capacidad de consumo, exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de confianza en los políticos y alimenta las huelgas y protestas sociales que comienzan a extenderse por toda la geografía europea.
"La situación es preocupante y puede empeorar en los próximos meses", alertó el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn. "La crisis amenaza con provocar protestas "casi en todas partes", advirtió.
Todo el planeta (globalizado y nivelado por el sistema capitalista "único") está aquejado de los mismos síntomas: Derrumbe de los precios del petróleo y de las materias primas (deflación de los precios internacionales), devaluación de las monedas y revaluación el dólar, colapso financiero con quiebra de bancos, crisis crediticia con achicamiento del consumo, suba de precios internos de los alimentos y la energía y oleadas de despidos laborales constantes en EEUU y las potencias centrales.
Los billonarios paquetes de "rescate bancario" estatal con dinero de los impuestos (pagado por toda la población de los países donde se han instrumentado) no han servido de antídoto y han fracasado estrepitosamente como medida para enfrentar la crisis mundial, que ha devenido de financiera a recesiva a escala global.
En los primeros día del año 2009 (y como clara señal de que el planeta ya ingresó en la "crisis estructural"), se reafirmó la ola de de despidos laborales que certifica la presencia de una recesión a escala planetaria, cuyo centro gravitante y expansivo se encuentra en EEUU y Europa, potencias directrices del sistema capitalista a nivel global.
En un orden secuencial, para que la crisis se convierta en "global" (el desenlace) tiene que haber una convergencia interactiva de la "crisis financiera" (los mercados del dinero), la "crisis estructural" (la economía real) y la "crisis social" (el impacto de la crisis económica-financiera en la sociedad).
La confluencia interactiva de estos tres factores es lo que va a posibilitar, a corto plazo, el desenlace de la "crisis global" del sistema capitalista donde los gobiernos (centrales y periféricos) van a perder el control social y político de sus países por medio de las huelgas y estallidos sociales generados por la desocupación masiva y la suba de precios.
Solo la convergencia interactiva de estos tres factores (por acumulación de crisis) va a producir (a modo de desenlace) la "crisis global" del sistema capitalista proyectada desde las economías centrales (USA-UE) a los países que integran la red a escala planetaria.
La desocupación es el elemento clave, el detonante estratégico, que marca el principio del desarrollo de la crisis estructural con pérdida de la gobernabilidad (económica, política y social) de los Estados que integran desigual y combinadamente la red "globalizada" del sistema capitalista, cuyos resortes de decisión se encuentran en EEUU y en Europa.
La desocupación es la matriz de la pérdida de gobernabilidad por una razón esencial: Los despidos masivos de obreros y empleados son el barómetro y marcan el momento exacto en que la crisis se sale de la "superestructura" económico financiera y se mete dentro de la sociedad.
La desocupación sigue una línea claramente definida: Nace en los sectores financieros, de servicios o industriales de Europa y EEUU (los exportadores imperiales de la recesión) y se proyecta a los países "emergentes" o periféricos mediante las filiales de las empresa y bancos trasnacionales (con casa matriz en los países centrales) que empiezan a despedir, suspender o recortar horas a sus planteles de trabajadores.
Metodológicamente esto indica que, impulsada por la dinámica de los países centrales, la desocupación en los países periféricos (de Asia, África y América Latina) comienza por los bancos y empresas trasnacionales que controlan el sistema económico productivo y los comercios interiores y exteriores de los países, y que dan trabajo a la mayoría de la mano de obra urbana empleada (eso explica porqué la desocupación es simultánea a la de los países centrales).
En resumen, los despidos (el "impacto social") conforman la "noticia estratégica" que rompe el statu quo de la "crisis superestructural" (controlada por los gobiernos) y la convierten en "crisis social".
Las huelgas y los estallidos sociales (como respuesta inmediata a la desocupación en masa) conmocionan los pilares del control institucional y político de los Estados capitalistas, anarquizan la economía, y hacen estallar el sistema, como antes la desocupación hizo estallar al individuo.
La desocupación es la clave, el principio funcional, de la crisis capitalista extendida a escala global.
Conforma la ruptura de la última línea de supervivencia del individuo y es la sustancia matriz del descontrol económico, político y social de los gobiernos capitalistas.
Y hay un dato central que diferencia a la "crisis social" de las precedentes (la financiera y la estructural"): Las huelgas y estallidos sociales no se controlan con "salvatajes financieros, sino con represión masiva.
Y la represión masiva genera el caos del sistema y retroalimenta los estallidos (que a su vez retroalimentan la represión), se rompen los marcos institucionales y políticos: El Estado y el sistema capitalista pierden el control y entran en crisis, no superestructural sino "total" .
Tomada en términos del sistema capitalista (el organismo), la crisis sólo sobreviene cuando se quiebran las variables de "gobernabilidad" sobre los que están construidos los pilares de su funcionamiento a escala global.
La condición esencial para el funcionamiento del Estado capitalista (tanto en los países centrales como periféricos) se resume en tres factores: Estabilidad económica, gobernabilidad política y "paz social".
Esas tres condiciones son básicas para que el "sistema" (la estructura funcional) de los negocios y la rentabilidad capitalista funcionen sin interferencia y no se alteren las líneas matrices de la propiedad privada y concentración de riqueza en pocas manos.
Cuando por alguna razón se altera alguno de estos tres factores, el sistema entra en crisis, y debe generar inmediatamente alternativas para preservar su supervivencia.
La verdadera crisis del sistema capitalista va a comenzar a desarrollarse cuando el proceso de despidos laborales se torne masivo y las víctimas sumen centenares de miles hasta millones multiplicadas por todo el planeta.
La actual dinámica es indicativa de que los despidos laborales ( a diferencia de la crisis económica financiera que se desarrolló primero en el centro) ya comienzan a multiplicarse y van a ser simultáneos en los países centrales y en los periféricos, por vía de las transnacionales, y en consecuencia, el estallido de la crisis va seguir un proceso nivelado y simultáneo en todo el planeta.
Egipto o el síntoma de la elefantiasis diplomática
René Naba
Traducido para Rebelión por Caty R.
16/02/09
El escuadrón de la OTAN enviado como refuerzo de Egipto para luchar contra el tráfico de armas a lo largo de Gaza y la actividad diplomática desplegada por El Cairo con la organización de las negociaciones interpalestinas y la Conferencia de los países donantes para la reconstrucción del enclave palestino destruido por Israel, no han modificado en nada la cruel realidad: Egipto, «Massr oum addounia», la madre del mundo cuya historia se ha identificado a lo largo del tiempo con la epopeya, ya no es más que la sombra de sí mismo, un país que ha asumido su derrota, dedicado al papel poco glorioso de subcontratista de la diplomacia estadounidense en el ámbito regional y mayordomo de las imposiciones de la seguridad de Israel, el talón de Aquiles del mundo árabe, su gran tumor maligno.
Original en francés:
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Ubicado en el centro geográfico del mundo árabe, en la articulación de su ribera asiática y su ribera africana, alojamiento de la mayor concentración industrial en una zona que va del sur del Mediterráneo a los confines de la India, y por añadidura controlador exclusivo de los dos principales ejes de comunicación del mundo árabe, el Nilo hacia el continente africano y el Canal de Suez hacia el Golfo petrolero, Egipto ha sido durante mucho tiempo la punta de lanza de la lucha nacionalista árabe. Centro neurálgico de la diplomacia árabe, Egipto ha asumido sin descanso el papel del gran hermano protector, regulador de las turbulencias y padrino de los arreglos, como en el caso del acuerdo líbano-palestino de El Cairo, el 3 de noviembre de 1969, que puso fin a la primera guerra civil líbano-palestina, o del acuerdo jordano-palestino, el 27 de septiembre de 1970, a raíz del «septiembre negro» jordano.
Pero el arquitecto de la primera nacionalización victoriosa del Tercer Mundo, la nacionalización del Canal de Suez en 1956, hecho que anunciaba la desaparición de la presencia colonialista franco-británica en tierra árabe, la base de retaguardia de los principales movimientos de liberación del mundo árabe, desde Argelia a Yemen del Sur, el destructor de la línea Bar Lev en 1973, que exorcizó el complejo de inferioridad militar árabe frente a Israel, parece afectado de elefantiasis diplomática, a juzgar por su comportamiento vergonzosamente pusilánime durante los dos últimos enfrentamientos entre Israel y los árabes: la guerra de destrucción israelí de Líbano en junio de 2006 y la guerra de devastación israelí de Gaza dos años después, en diciembre de 2008.
Incluso en el terreno privilegiado de una supremacía que ha cautivado el imaginario y capta la adhesión de las multitudes desde hace medio siglo, el dominio cultural, la superioridad de Egipto parece resquebrajarse.
Primer exportador de videocasetes, películas y telefilmes en el mundo árabe, Egipto disponía de un magisterio cultural inigualable que se articulaba sobre tres pilares: el carisma de su jefe, Nasser, su prestigioso grupo de estrellas de gran talento, como Oum Kalsoum y Abdel Wahab, sus grandes escritores Taha Hussein, Naguib Mahfouz y el poeta contestatario Cheick Imam. Tahia Karioka y Nadia Gamal en el mundo del espectáculo y, finalmente, en el terreno de la comunicación, el tándem formado por el periódico Al-Aharam, el diario árabe más importante, y Radio El Cairo, la decana de las emisoras árabes. Séptima difusora internacional por la importancia de su programación radiofónica semanal, Radio el Cairo, que emite en 32 lenguas y cubre un amplio espectro lingüístico (afar, bambara, pastún, albanés), constituye un poderoso vector de promoción de la idiosincrasia egipcia hasta los confines del cuarto mundo. Pero actualmente su supremacía cultural sufre un menoscabo por el renacimiento de Beirut, el punto de fijación traumática de Israel, capital cultural floreciente del mundo árabe, y por la fulgurante penetración de las cadenas transfronterizas árabes, en particular Al-Jazeera, convertida ya en la estrella imbatible debido a su profesionalidad.
También su supremacía diplomática está cuestionada por la emergencia de las dos potencias regionales musulmanas no árabes, Irán y Turquía, en sustitución de la fracasada diplomacia árabe, principalmente de Egipto y sobre todo de Arabia Saudí, mudos durante las tres semanas de la destrucción israelí de Gaza. También su supremacía militar está relegada al olvido por el relevo rebelde de los artífices de la victoria de la nueva guerra asimétrica contra Israel, el chií Hezbolá libanés y el sunní Hamás palestino, que han vuelto obsoleto el falso argumento que pretende impulsar a Arabia Saudí y Egipto como las dos ramas del Islam en el espacio árabe.
El mayor y más poblado país del mundo árabe, con 80 millones de habitantes, está al borde de la implosión social con el 34% de los egipcios viviendo por debajo del umbral de la pobreza, menos de dos dólares diarios. Tras el viraje proestadounidense del presidente Anuar El Sadat en 1978 y su tratado de paz con Israel hace treinta años, Egipto funciona sobre un modelo binario, con un reparto de funciones entre el poder político, gestionado por la burocracia militar, mientras que la gestión cultural de la esfera civil está confiada al cuidado de la organización de los Hermanos Musulmanes, cuyo proselitismo se ha materializado con el restablecimiento del delito de apostasía. Bajo la amenaza islamista, Egipto navega así entre la corrupción, la regresión económica y la represión, con 1.300.000 policías empleados por el ministerio del Interior y varios miles de presos políticos.
La pasividad egipcia ante la orgía sangrienta perpetrada por Israel en Gaza, su letargo diplomático frente al activismo de países de América Latina como Venezuela y Bolivia, que expulsaron a sus embajadores israelíes en Caracas y La Paz, ha suscitado una sublevación de los Hermanos Musulmanes que ha conducido a la cofradía a abandonar la oposición a Siria y a caducar su colaboración con el ex vicepresidente sirio Abdel Halim Khaddam, el prófugo baassista refugiado en París. Por un increíble viraje de alianzas que pone de manifiesto el estrabismo estratégico de Egipto, resulta que es Siria, su antiguo socio árabe en la guerra de la independencia, y no Israel, quien constituye ahora su bestia negra. Y Gaza, al borde del colapso y sometida al bloqueo, y no Israel, abastecido de energía a precios ventajosos que desafían cualquier competencia, seguramente para engrasar la máquina de guerra israelí contra un país ocupado y bajo perfusión, Palestina.
La señal de su servilismo con respecto a Estados Unidos es que hasta la más mínima iniciativa de Egipto es tributaria de la conformidad estadounidense, tanto en el terreno de la tecnología nuclear, obtenida en 2005 después de que Irán se comprometiera en la carrera atómica y con el fin de contrarrestarla, como en el ámbito de la diplomacia. La última iniciativa franco-egipcia sobre Gaza no escapa a la regla. La iniciativa responde más a la preocupación de Hosni Mubarak y Nicolas Sarkozy de salvar del naufragio su primer ensayo, la Unión para el Mediterráneo, en la que comparten la presidencia, que a detener el baño de sangre perpetrado por Israel.
Egipto se beneficia, es cierto, de una renta estratégica materializada por una ayuda estadounidense de 3.000 millones de dólares anuales. Pero este óbolo aparece ante un buen número de observadores como una especie de dinero de Judas, que a los ojos de la opinión pública del Tercer Mundo no puede compensar el papel de peana de la fuerza diplomática egipcia y los efectos devastadores de su apatía, tanto en el plano del prestigio internacional de Egipto como en el de la seguridad del espacio nacional árabe.
Egipto está afectado del síntoma de elefantiasis, a imagen de su viejo presidente (80 años), un personaje de tinte cerúleo, una figura de cera en vías de momificación por casi treinta años de poder autocrático esquizofrénico, ultra represivo en el plano interno y letárgico en el plano internacional, aferrado a su trono a la espera de una sucesión filial.
Nasser nacionalizó el Canal de Suez y resistió la agresión tripartita franco-aglo-israelí en 1956. Vencido en 1967, inmediatamente desencadenó una «guerra de desgaste» de 18 meses a lo largo del frente de Suez, en una demostración de su rechazo a la resignación y la capitulación, antes de poner fin a la guerra civil jordano-palestina la víspera de su muerte en septiembre de 1970.
Sadat recuperó el Sinaí, pero marginó a su país con la firma de un tratado de paz en solitario con Israel. Mubarak, la vaca que ríe, según el apodo que le colgaron desde el principio de su reinado para señalar su cinismo falsamente bobalicón, pasará a la historia por haber sido el dirigente egipcio que no sólo no ha hecho ni lo más mínimo en beneficio de su pueblo, sino que además reintegró a su país a la Liga Árabe para conseguir una renta de situación con el fin de avalar todas las intervenciones militares estadounidenses contra los países árabes, tanto durante la primera guerra del Golfo contra Iraq, en 1990, o todavía trece años después, durante la invasión estadounidense de Iraq en 2003.
El alto el fuego unilateral israelí en la Franja de Gaza alcanzado tras un arreglo entre dos gobiernos moribundos, el del revanchista israelí Ehud Olmert, malparado por la derrota frente al Hezbolá libanés en 2006, y el del fantoche estadounidense George Bush, ha resonado como un feo desaire tanto para el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, como para el mediador egipcio Hosini Mubarak y para su homólogo francés Nicolas Sarkozy, el hiperactivo e ineficaz copresidente de la Unión para el Mediterráneo.
El ninguneo de Egipto por parte de sus dos socios del Tratado de Paz de Camp David en los acuerdos de seguridad relativos al enclave palestino, del cual es fronterizo, ha puesto al día cruelmente el papel de sirvientes –y no de socios- de los Estados árabes en la diplomacia occidental, y ha llevado a Egipto y a Arabia Saudí a fijar una unidad de cara a la galería con sus oponentes, especialmente Siria, en la cumbre económica de Kuwait el 19 de enero, la víspera de la toma de posesión del presidente Obama.
Por lo tanto, que nadie se llame a engaño. La organización de la Conferencia de los países donantes para la reconstrucción de Gaza, lo mismo que la escuadra de la OTAN enviada para reforzar a Egipto en la lucha contra el tráfico de armas a lo largo del enclave palestino, están destinadas a reflotar al presidente Hosini Mubarak, en pleno naufragio diplomático lo mismo que su desacreditado compadre palestino Mahmud Abbas. Por otra parte, ambos pretenden mantener un papel europeo sostenido en Oriente Próximo en la nueva configuración diplomática de la era Obama.
La llegada del primer presidente afroestadounidense de la historia relega a Nicolas Sarkozy tanto más inexorablemente en cuanto que el último líder europeo del neoconservadurismo estadounidense, el pivote europeo del eje israelo-estadounidense, desacreditado por una ostentación estridente y los sucesivos desaires de Israel, por añadidura está rodeado de colaboradores desprestigiados por su flexibilidad moral, con un jefe de la diplomacia bajo perfusión financiera de un sátrapa africano (1) y la compañera de este ex humanitario, hazmerreír universal de la opinión pública por su manipulación frenética para la erradicación del pluralismo político en el mecanismo audiovisual exterior francés (2).
El faraón egipcio se ha quedado en cueros, desnudado por sus nuevos aliados; el Primus inter pares (3) de los árabes ya se ha convertido en el mayordomo oficial de la diplomacia israelo-estadounidense. Aciago destino para El Cairo, Al-Kahira, la victoriosa en su significado árabe, rebajado a la categoría de líder del «eje de la moderación árabe». El ex abanderado de la lucha independentista árabe, amorfo y átono, ya ha asumido sin rubor el liderazgo del eje de la sumisión y la corrupción… el eje de la resignación y la capitulación… el eje de la traición a los ideales de la conmoción nasseriana.
Notas
(1) Ver a este respecto el sitio Backchich: «Bernard Kouchner, ministro de facturaciones extranjeras» (15 de enero de 2009), http://www.bakchich.info/article6462.html, donde informa de un pago de 817.000 euros del presidente de Gabón Omar Bongo a una sociedad de consultores en relación con negocios con el ministro de francés de Asuntos Exteriores, en concepto de retribución por una consulta sobre el sistema de salud gabonés. Un artículo en el mismo sitio, tres días después: «Bernard Kouchner y Christine Ockrent se han vuelto locos, pero nadie se ocupa de ellos», bakchich (18 de enero de 2009). También «Kouchner: del saco de arroz al saco de pasta» en Le Canard enchaìné del miércoles 21 de enero de 2009, en el que el diario satírico relata de qué forma el ministro francés de Asuntos Exteriores «ha pasado en algunos años de Médicos sin fronteras a médicos sin escrúpulos». Y además el libro de Pierre Péan Le monde selon K, aparecido el 4 de febrero de 2009 en ediciones Fayard.
(2) Desde su toma de posesión como directora de audiovisual exterior en 2007, Christine Ockrent, con pretextos falaces, ha procedido al despido de periodistas reputados por su conocimiento del mundo árabe, especialmente el periodista y escritor Richard Labèvière, gran especialista de la zona y autor de una entrevista al presidente sirio Bachar al-Assad; así como Wahib Abou Wassel, representante sindical y único periodista palestino de la audiovisual exterior francesa.
(3) Primus inter pares: primero entre sus iguales
Herramientas para una nueva economía - Propuestas para un sistema de regulación financiera
Robert Pollin
Sin Permiso
Traducción al español por Xavier Fontcuberta Estrada
16/02/09
El colapso de la burbuja inmobiliaria y del mercado especulativo de las hipotecas subprime (de baja calidad – N. del T.) demuestra, una vez más, la obviedad de que los mercados financieros necesitan una regulación estricta. Desde septiembre del 2008 una serie de rescates masivos llevados a cabo por el Tesoro norteamericano y la Reserva Federal han evitado que los mercados financieros experimentasen un colapso como el de 1929. Estas medidas extremas, sin embargo, no han puesto solución a los auténticos problemas más generales. En el momento en que escribo estas líneas, estamos viviendo la contracción económica más seria desde la década de los treinta.
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Los políticos americanos – demócratas y republicanos por igual – empezaron a desregular el sistema financiero norteamericano en los setenta. Su premisa era que la regulación concebida en los años treinta – especialmente el sistema Glass-Steagall, que definía esferas separadas para los bancos comerciales y los de inversión – iban a dificultar el buen funcionamiento de los mercados financieros contemporáneos. El Economic Report of the President (Informe económico del presidente - N. del T.) de 2001, el último de Bill Clinton, se deshacía inequívocamente del marco Glass-Steagall: “Dada la masiva inestabilidad financiera de los treinta, estrechar la gama de actividades que podían desempeñar los bancos era razonablemente importante en ese tiempo y lugar. Pero esas reglas ya no se necesitan hoy en día”.
El elenco de políticos y economistas que durante una generación entera defendió la desregulación financiera tenía razón en una cosa: el sistema financiero se ha hecho infinitamente más complejo que en los treinta. Algo que fue tan sencillo como una caja de ahorros local que concedía una hipoteca a alguien de su comunidad – recuerden a Jimmy Stewart en It’s a Wonderful Life – ahora es parte de un mercado especulativo global. La vieja regulación se ha quedado de hecho pasada de moda, pero de ahí no se sigue que los mercados financieros deban operar totalmente desregulados.
La historia dejo esto bien claro. En el clásico texto Manias, Panics and Crashes, Charles Kindleberger calificó a las crisis financieras de “mala hierba” ante un contexto de mercados financieros desregulados. Documentó como, desde 1725 en adelante, las crisis financieras han venido ocurriendo en las economías capitalistas occidentales a un ritmo medio de una cada ocho años y medio.
Hay muchísimo en la actual crisis financiera que resulta familiar. En 2001 el mercado bursátil norteamericano estalló después de que durante los últimos años noventa hubiese llegado a niveles de frenesí especulativo sin precedentes a raíz del boom de las punto com. Entre 1997 y 1998 se había originado una crisis financiera global en el sudeste asiático y se había extendido rápidamente. En esos momentos las inversiones más seguras estaban en los países en desarrollo. El hedge fund norteamericano llamado Long Term Capital Management – con su consejo de dirección dirigido por dos premios Nobel de economía especializados en finanzas – se desintegró en dicha crisis, necesitando un rescate de 4 mil millones de dólares por parte de otras empresas de Wall Street para evitar un derrumbe del mercado.
El crack más severo debido a un mercado financiero desbocado, el crash de Wall Street de 1929, produjo una auténtica debacle económica, que llevó a su vez a un colapso del sistema bancario norteamericano. Entre 1929 y 1933, casi el 40% de los bancos del país desaparecieron. Después de eso, el New Deal de Roosevelt puso en marcha un extenso sistema de regulación financiera, mucho del cual perduró más allá del final de la Gran Depresión. La iniciativa más importante fue la Ley Glass-Steagall de 1933, o como se la conoce oficialmente la Ley de Banca. Los bancos comerciales fueron constreñidos a desempeñar las relativamente rutinarias funciones de aceptar depósitos, gestionar cuentas de crédito y dar préstamos para empresas. A su vez los bancos comerciales serían también controlados por la recientemente creada Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC), que les proveía de seguros garantizados por el gobierno para los depósitos, a cambio de un detallado seguimiento de sus actividades por parte del gobierno. Los bancos de inversión, por el contrario, podían invertir libremente el dinero de sus clientes en Wall Street y llevar a cabo otras actividades de alto riesgo, pero debían mantenerse alejados de los bancos comerciales.
Se impuso regulaciones parecidas a las cajas de ahorros en 1932, y continuaron vigentes hasta los años setenta. En concreto, bajo el antiguo régimen de regulación, las hipotecas en EEUU sólo las podían conceder las cajas de ahorros o instituciones similares. El gobierno regulaba los tipos de interés que las cajas podían cargar a las hipotecas, y se les prohibía tener activos altamente especulativos en sus carteras.
Pero incluso durante los propios días del New Deal, los colosos de los mercados financieros luchaban ya por eliminar o al menos limitar la regulación. Desde los años setenta, lo han conseguido casi siempre. De este modo se ha ido desmantelando paulatinamente el sistema de Glass-Steagall. El toque de gracia se lo dieron en 1999 cuando el presidente Clinton firmó la Financial Services Modernization Act (Ley de modernización de los servicios financieros – N. del T.). Lo hizo con todo el apoyo del entonces senador Phil Gramm, quien después ha sido uno de los principales asesores de la campaña presidencial de John McCain; del quien era presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan; y los asesores Robert Rubin y Lawrence Summers, ambos futuros consejeros de la campaña de Obama y luego de su equipo de transición.
Mientras que la crisis actual se parece a sus predecesoras en muchos aspectos, tiene también algunas características novedosas. Su rasgo distintivo más llamativo es que se ha gestado a resultas de actividades que se suponía que beneficiaban a las familias trabajadoras. Los bancos dieron oportunidades a familias cuyo expediente crediticio no estaba inmaculado para obtener una hipoteca y así poder comprar sus casas. Y al empaquetar miles de hipotecas en títulos que se comerciaban libremente en el mercado financiero global, los bancos permitieron a quienes tenían una hipoteca subprime que comprasen casas que de otra forma hubiesen estado totalmente fuera de su alcance. Este tipo de ingeniería financiera, operando a escala global, no habría sido posible bajo el sistema Glass-Steagall.
La idea que hay detrás de la práctica de empaquetar las hipotecas en títulos que puedan salir al mercado significa que tu banco o caja local, que te presta dinero para comprar una casa, no se queda con el préstamo que te ha dado una vez ya recibes el dinero. En su lugar, vende tu préstamo a una gran institución financiera, como las patrocinadas por el gobierno Fannie Mae o Freddie Mac, quienes a su vez empaquetan miles de hipotecas individuales en forma de títulos. Fannie o Freddie venden luego estas hipotecas empaquetadas a los bancos, los fondos de inversión o al resto de participantes en el mercado. Con miles de hipotecas empaquetadas en un solo título, el peligro de prestar a clientes de alto riesgo se supone que se reduce mucho; con una gran cartera de hipotecas, las pérdidas en las que incurren los prestamistas por la pequeña fracción de clientes morosos quedan más que compensadas por los muchos más que sí cumplen sus obligaciones.
Los actores del mercado se convencieron de que “transfor” los préstamos en títulos hacía de los préstamos subprime una apuesta mucho más segura. Durante un tiempo, las expectativas optimistas se auto-cumplieron. Una gran cantidad de dinero fluyó hacia los mercados. Los precios de las casas subieron, haciendo que para sus propietarios fuese como si se crease riqueza de la nada. Los tiburones del mercado se hicieron ricos mientras que los inversores más prudentes parecía que se quedaban atrás. Los vendedores de hipotecas se llevaban jugosas comisiones por llevar a nuevos clientes a su banco. Estos vendedores tenían muchos incentivos para dar el visto bueno a las hipotecas subprime – no iban a tener que devolver sus comisiones cuando años después los préstamos, en manos por ejemplo de un fondo de inversión suizo, se revelasen incobrables.
Esta lógica está sin embargo muy viciada. Los actores del mercado creyeron que el riesgo de las hipotecas subprime disminuiría al agruparlas. Pero en realidad, lo que resultó ser cierto fue lo contrario. La riqueza de la mayoría de los tenedores de una hipoteca subprime subió y posteriormente se hundió al unísono junto con el boom inmobiliario y su posterior pinchazo. Una vez pinchada la burbuja, los problemas de los propietarios para cumplir con los pagos de sus hipotecas se convirtieron en la habitual, no en sólo algunos casos aislados. Por ello es por lo que grandes instituciones financieras como Citigroup, Merrill Lynch y Bear Stearns, que tenían enormes cantidades de hipotecas subprime, sufrieron en 2007 unas pérdidas sin precedentes, desencadenando el colapso de los mercados financieros norteamericanos. La crisis actual es pues la consecuencia directa de ese proyecto intergeneracional por desregular los mercados financieros.
* * *
Necesitamos pues un nuevo marco regulador que sea capaz de, por un lado, estabilizar los mercados financieros y, por el otro, hacerlo canalizando los recursos financieros hacia inversiones productivas y socialmente útiles, alejándolos del casino especulativo. A continuación voy a explicar una serie de propuestas que sirvan de guía para este nuevo marco. Ofrecen una ruptura radical con la agenda de la desregulación de la anterior generación, pero todas ellas son viables bajo el actual conjunto de instituciones políticas y reguladoras. Llevarlas a cabo implicaría un aumento de los costes administrativos insignificante y bajos niveles de gasto público. Y todas ellas han sido debatidas seriamente en los principales círculos políticos.
Los mercados de EEUU, claro, operan en un marco global e integrado, una realidad que complica cualquier diseño de regulación. Estas propuestas han sido pensadas para ser aplicadas a todas las instituciones financieras que estén bajo la jurisdicción legal norteamericana, se llamen bancos, holdings, fondos de inversión o cualquier variación por el estilo.
Mi primera propuesta es establecer un pequeño impuesto a todas las transacciones de activos financieros. Los mercados financieros ofrecen de hecho un servicio esencial al simplificar la transformación de inversiones en dinero. Pero este beneficio debe ponderarse con el hecho de que comerciar no tiene casi nada que ver con conseguir fondos para la inversión. En el año 2007, los participantes del mercado comerciaron acciones y bonos por valor de aproximadamente 300 dólares por cada otro dólar que las empresas no financieras destinaron a nuevas inversiones en plantas o equipo. Este ratio es actualmente unas tres veces mayor de lo que era hace sólo una década, cuando la burbuja de las punto com estaba en lo más alto.
Un pequeño impuesto a todas las transacciones financieras, comparable a los impuestos sobre las ventas de bienes y servicios, aumentaría el coste de las operaciones especulativas a corto plazo mientras que sus efectos sobre quienes operan menos a menudo serían desdeñables. De este modo, desanimaría la especulación y canalizaría los fondos hacia inversiones productivas. Los impuestos sobre las transacciones de títulos y activos son habituales en otros lugares del mundo. Unos cuarenta países, incluidos Japón, el Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, China, Brasil, India, Sudáfrica y Chile utilizan o han utilizado hasta hace poco este tipo de impuestos.
Tras el crash de 1987, un impuesto a las transacciones de activos o medidas similares fue apoyado por el entonces presidente de la Cámara Jim Wright, el líder de la minoría en el Senado Bob Dole, e incluso el primer presidente Bush. Variantes de la misma idea fueron regularmente llevadas al Congreso en los años siguientes, pero nunca se convirtieron en una ley. Dos de los principales economistas de la administración Clinton, Stiglitz y Summers, defendieron razonadamente un impuesto de este tipo hacia finales de los ochenta. Summers se desentendió de la idea poco después de ingresar con Clinton en el Tesoro, convirtiéndose en cambio en uno de los principales defensores de la agenda de desregulación de los años de Clinton. Lo que vaya a sostener Summers ahora, como presidente del Consejo Económico Nacional de Obama, está por ver.
Las peculiaridades técnicas de un impuesto sobre las transacciones son sencillas. En el caso de acciones, al vendedor se le podría cobrar, por ejemplo, un 0,5% del precio de venta (Jim Wright propuso este impuesto en 1987). Para los bonos, el impuesto sería proporcional a la duración del bono, aplicándose un 0,01% por año. Así, el impuesto por vender un bono a 30 años sería del 0,3%, y para uno a 50 años, del 0,5%. El impuesto se adaptaría de forma comparable para los instrumentos financieros derivados, como las opciones, los futuros o los CDS. Los agentes de bolsa serían los responsables de recaudar el impuesto en el momento de la venta.
Como el IRS ya impone requerimientos de información sobre las transacciones, un impuesto de este tipo conllevaría poco más papeleo administrativo. Y no supondría un impacto importante para nadie que comprase un activo y no lo revendiese en poco tiempo para conseguir un beneficio rápido. Para alguien que haya comprado acciones por 50 dólares cada una y las vendiese diez años después a 100 dólares la acción, el impuesto sería de 0,50 dólares por acción, sobre unas ganancias de 50 dólares por cada una de ellas.
Por el contrario, un impuesto del 0,5% reduciría considerablemente los beneficios de los especuladores a corto plazo. No es raro que los especuladores compren acciones, las tengan durante un día o incluso unas horas, y las vuelvan a vender obteniendo un pequeño beneficio. Una ganancia de 1 dólar por acción sobre una compra a 99 dólares hecha ayer y que hoy se vendió por 100, supone un buen margen para una inversión a un día. El impuesto sobe transacciones se llevaría 50 céntimos, es decir la mitad de las ganancias de la operación.
Uno podría usar el impuesto mismo para recortar dramáticamente la especulación financiera. Se trataría simplemente de subir el tipo hasta el punto en que los agentes no tuviesen ya incentivos para hacer operación alguna. Pero el objetivo no es acabar con todo el comercio financiero; si ese fuera el caso, entonces nacionalizar totalmente los mercados financieros sería probablemente una opción más efectiva.
Pero incluso con un tipo demasiado bajo para desanimar totalmente la especulación, un impuesto sobre las transacciones de activos tiene otros beneficios. Supondría una nueva fuente de ingresos para el gobierno en un momento en que se está muy necesitado de ello. Usando las cifras de 2007, estimé que un impuesto del 0,5% sobre operaciones con acciones, y la escala que mencioné antes para bonos y derivados, recaudaría aproximadamente unos 350 mil millones de dólares, si el comercio no se redujese nada después de la introducción del impuesto. Pero incluso si el comercio cayese un 50% debido al nuevo impuesto, el gobierno seguiría recaudando 175 mil millones de dólares, una cantidad parecido tanto al presupuesto de 2008 para la guerra de Irak como al estímulo fiscal de abril del 2008. El impuesto sobre transacciones financieras podría además diseñarse como la principal fuente de ingresos para financiar el sistema de regulación de cualquier nueva iniciativa del gobierno.
Pero un modesto impuesto sobre las transacciones de activos no es suficiente, por si mismo, para desincentivar la especulación y dirigir el crédito allí donde más se necesita. Una segunda propuesta, si se llevase a cabo, consistiría en aumentar la rendición de cuentas democrática en el Sistema de la Reserva Federal, aumentándose también a su vez la rendición de cuentas en todo el aparato regulador así como en los mercados privados.
Propuestas para democratizar la Reserva Federal han sido introducidas desde hace tiempo en los principales círculos políticos mediante los esfuerzos de los congresistas Wright Patman, Henry Reuss y Henry Gonzales, entre otros. Estos tres hombres estuvieron de presidente del House Banking Committee (Comisión parlamentaria para la banca – N. del T.) entre 1963-75, 1976-82 y 1989-94, respectivamente.
La mejor aproximación para acometer la democratización empezaría por redistribuir hacia abajo el poder, hacia los doce bancos de distrito del Sistema de la Reserva Federal, para luego abrir sus presidencias a elecciones directas. Actualmente, estos bancos son muy poco democráticos, y realmente no tienen poder. Yo propongo lo opuesto: bancos de distrito reforzados y responsables.
Cuando se formó el Sistema de la Reserva Federal en 1913, los doce bancos de distrito se suponía que en general debían dispersar la autoridad del banco central, y responder a las necesidades regionales. Ello sigue siendo una buena idea, pero nunca se ha implementado seriamente. Los presidentes de esos bancos actualmente son designados por sus propios consejos de dirección. Se trata de gente de negocios, la mayoría de bancos comerciales, que a su vez han sido también designados, no elegidos.
Al nivel de la política nacional, los bancos de distrito sólo tienen influencia porqué 5 de ellos se sientan de forma rotativa en el Federal Open Market Committee (Comité federal de mercado abierto – N. del T.), el organismo que vota todas las iniciativas de política monetaria de la Fed. Pero bajo las actuales disposiciones, el presidente de la Fed, que es también presidente del comité, ejerce un claro predominio sobre el resto de miembros, habitualmente trabajando de acuerdo con el Secretario del Tesoro.
La elección directa de los presidentes de los bancos de distrito por parte de los residentes de cada región claramente los democratizaría. Y crear más puestos para ellos en el Open Market Committee aumentaría su cuota de poder. Lo presidentes de los bancos de distrito, una vez en el comité como representantes electos de su región, podrían encargarse explícitamente de los problemas de sus electores.
Otra propuesta relacionada con lo anterior se basa en un experimento de los años treinta, cuando los bancos de distrito formaron comités de banqueros y empresarios para discutir cuestiones del mercado financiero en un ámbito fuero del propio mercado. Este modelo podría extenderse para incluir a los trabajadores, los consumidores y a representantes de la comunidad.
Fortalecer el abanico de políticas disponible para la Fed es un tercer componente clave en cualquier plan para aumentar la rendición de cuentas democrática. En concreto, la Fed debe ser capaz de promover la canalización del crédito hacia actividades productivas por encima de las especulativas. Sin este tipo de herramienta, extender la democracia en la institución sería algo básicamente simbólico.
Un sistema de “requerimientos de reservas de activos”, que obligaría a las instituciones financieras a mantener reservas de efectivo en proporción a los activos de alto riesgo que tengan en su cartera, animaría a los bancos, los fondos de inversión y al resto de agentes a dirigir el crédito a áreas prioritarias y de menos riesgo. Esta idea tiene un reconocimiento previo y una reputación importantes, si bien ampliamente ignorados. El profesor del MIT Lester Thurow, por ejemplo, esbozó la siguiente idea en un artículo de 1972 escrito para una conferencia en el Banco de la Reserva Federal de Boston:
“Si el interés nacional requiriese que se invirtiese el 25% de los ahorros del país en inmuebles u otros sectores prioritarios, a cada institución financiera se le requeriría un 100% de reservas sobre esa fracción de sus activos. En la medida en que invirtiese un 25% de sus activos en inmuebles, sin embargo, no tendría que dejar reserva alguna en el gobierno. Si invirtiese en inmuebles sólo un 20% de sus activos, un 5% más de ellos deberían ponerse a disposición del gobierno en forma de reservas. Si no invirtiese nada, un 25% de sus activos se quedarían como reservas”.
Otras versiones específicas de requerimientos de reservas de activos fueron perfiladas en los setenta por los anteriores gobernadores de la Reserva Federal Andrew Brimmer y Sherman Maisel. Sus propuestas iban, más o menos, en la línea de los infructuosos esfuerzos del senador William Proxmire y del congresista Reuss – en esos momentos presidentes del Senado y de la Comisión parlamentaria para la banca, respectivamente – para sacar adelante leyes que estableciesen procedimientos para que la Fed pudiese aplicar políticas de asignación directa de crédito.
De hecho, algo equivalente a unos requerimientos de reservas de activos ha venido siendo una práctica habitual en los EEUU. Las cajas de ahorros, después de todo, tenían originariamente sus carteras de préstamos restringidas con un porcentaje fijo para hipotecas. Ello podría describirse como un requerimiento de reservas de activos del 100%.
Quienes diseñen las medidas primero deberían – sea en el marco de una Reserva Federal democratizada o con un diálogo más amplio – determinar qué sectores de la economía van a tener un acceso preferente al crédito. Desde mi punto de vista, deberíamos alentar las inversiones domésticas donde los riesgos se entienden correctamente, y consecuentemente desanimar las inversiones especulativas donde los riesgos son relativamente opacos. Yendo un poco más allá, deberíamos dar prioridad a la creación de empleo, subsidiando las inversiones ecológicas y sostenibles o que luchen contra el calentamiento global, y las que permitan que haya vivienda asequible. La financiación de viviendas asequibles, por ejemplo, sería así subsidiada directamente mediante políticas públicas y no, como en esta última década, a modo de subproducto de jugosas apuestas.
Con unos objetivos bien establecidos, esta política otorga un importante control social sobre las actividades financieras y de inversión más importantes, mientras que también permite una considerable libertad de decisión tanto para los intermediarios como para compradores y vendedores. Los intermediarios seguirían siendo los responsables de establecer la fiabilidad del crédito de los agentes y la viabilidad de sus proyectos. Los agentes seguirían siendo los responsables del diseño y la implementación de sus inversiones. De hecho, los inversores seguirían teniendo libertad para llevar a cabo proyectos menos deseables, y los bancos podrían seguir financiándolos. Simplemente los costes financieros serían significativamente más altos.
Implementar los requerimientos como un sistema de subastas de mercado en lugar de cuotas, como propuso Maisel, permitiría una mayor flexibilidad. Las entidades no tendrían que disponer de un determinado porcentaje (digamos un 25%) en préstamos a los sectores prioritarios. A los intermediarios que excediesen ese porcentaje se les permitiría entonces vender el excedente a otras entidades cuyos préstamos a sectores prioritarios estuviesen por debajo del mínimo. Así las entidades podrían decidir seguir manteniendo a título individual cierto nicho de mercado. Al mismo tiempo, el sistema aseguraría que algunos nichos conlleven exigencias extra en forma o bien de mayores reservas o bien de compras de “permisos por activos prioritarios”.
Una cuarta medida que podría canalizar el crédito hacia sectores prioritarios y reducir el riesgo en los mercados financieros de EEUU consistiría en centrarse y aumentar el sistema de préstamos directos y garantías del gobierno federal, ya extenso pero engorroso y difícil de manejar. El gobierno de los EEUU ha estado durante mucho tiempo invirtiendo fuertemente en los mercados financieros nacionales, como prestamista directo o más significativamente como proveedor de garantías sobre préstamos. Entre los sectores de la economía que reciben un apoyo importante a través de estos programas están el inmobiliario, el educativo, el agrícola y el desarrollo rural, y las pequeñas y medianas empresas. En 2007, el gobierno manejo unos 140 programas distintos de préstamos directos o de garantía de créditos. Ese año, los 250 mil millones del gobierno en nuevas garantías de créditos y los 42 mil millones en préstamos directos juntos supusieron alrededor del 14% del total de préstamos pedidos por los hogares y las empresas en los mercados financieros de EEUU. Los préstamos y garantías que ya tenía el gobierno ascendían a 1,4 billones de dólares, un 6% de la deuda total (estos programas son independientes de las operaciones de las “empresas patrocinadas por el gobierno”. Fannie Mae y Freddie Mac eran las mayores de ellas hasta que fueron nacionalizadas en septiembre de 2008 para evitar el colapso financiero. Otras empresas patrocinadas por el gobierno son el Federal Home Loan Banks, el Agricultural Credit Bank and Farm Credit Banks, y la Federal Agricultural Mortgage Corporation).
A pesar de su enorme tamaño, estos programas no han sido integrados en una agenda política más amplia o ligados de forma alguna a la política monetaria y la gestión de tipos de interés de la Reserva Federal. Operan más bien como mecanismos de financiación de distintos programas del gobierno, desde préstamos para estudiantes hasta desarrollo rural. No se ha considerado su influencia en el nivel general de riesgo del mercado financiero o en los costes de acceso al crédito, ni su efectividad para que siendo cantidades relativamente pequeñas de fondos públicos puedan mover los mercados financieros privados en direcciones socialmente deseables.
Un mayor programa de préstamos y garantías podría incluirse como una herramienta para promover la estabilidad financiera y el bienestar social. Imaginemos, por ejemplo, que el gobierno dobla el nivel de 2007 de garantías de créditos. Los 300 mil millones adicionales al año podrían destinarse a inversiones sostenibles y para vivienda asequible, y se fijaría un nivel de garantía concreto de, digamos, el 75%. El gobierno sería entonces quién garantizaría 225 mil millones en préstamos para inversiones sostenibles y vivienda asequible. Los tipos de interés de estos préstamos subsidiados caerían debido al menor riesgo – esto es, un 75% relativo a la diferencia entre un bono a tipos de mercado y un bono del tesoro sin riesgo. Si el tipo de interés de mercado fuese del 10% y el de los bonos del gobierno del 5%, el tipo subsidiado sería del 6,25% - el 10% de tipo de mercado menos el 75% de los 5 puntos de diferencia entre el tipo de mercado y el 5% de tipo de los bonos del tesoro sin riesgo.
Con estas condiciones, los prestamistas privados seguirían asumiendo un riesgo significativo y por tanto tendrían importantes incentivos de evaluar atentamente las peticiones de crédito. Las fuerzas del mercado estarían funcionando, pero esta política desviaría la actividad del mercado hacia fines socialmente deseables.
¿Cuánto costaría un programa como éste? Eso dependerá del porcentaje de morosidad. En 2007 el gobierno tuvo que desembolsar 50 mil millones de entre una asombrosa cartera de garantías por valor de 1,2 billones de dólares. Esto es un ratio de morosidad del 4%. Con esa cifra, nuestra propuesta de añadir 300 mil millones más de préstamos garantizados costaría grosso modo otros 9 mil millones al año en cobros de préstamos, incrementando el presupuesto total federal en un 0,3%. Pero impulsaría más de 300 dólares en préstamos privados por cada dólar gastado por el gobierno. Este tipo de programa de garantía de créditos podría ser una zanahoria para el palo de los requerimientos de reservas de activos para instituciones financieras privadas.
Quinto y último, propongo la creación de una agencia pública de calificación de crédito que compita con las privadas como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch. Estas agencias de calificación contribuyeron considerablemente a la burbuja inmobiliaria y el subsiguiente crash de 2007-08, al proporcionar sistemáticamente valoraciones excesivamente optimistas de sobre operaciones financieras arriesgadas, especialmente en mercados de activos empaquetados como títulos.
Las agencias de calificación se supone que se dedican a proveer a los mercados financieros con evaluaciones objetivas y precisas de los riesgos asociados a la compra de un cierto instrumento financiero. En parte, ellas fueron quienes subestimaron los riesgos estos últimos años porqué se basaron en teorías económicas ortodoxas para sus valoraciones. Pero lo más importante para nuestro propósito es que los propios incentivos de mercado empujaron a las agencias a ofrecer evaluaciones excesivamente favorables. Dar una valoración favorable de los riesgos era bueno para los balances contables de las propias agencias, así que actuaron de forma predecible.
En principio, los incentivos de mercado deberían haber llevado a las agencias a ofrecer valoraciones precisas ya que se supone que el único producto que ofrecen es su credibilidad. Uno esperaría pues que la competencia de mercado recompensase a aquellas que dieran una mejor información. Pero existe un abismo entre el conjunto de incentivos que habría idealmente y los que operan realmente. En la práctica, las agencias de calificación muestran un fuerte sesgo hacia las valoraciones positivas por una sencilla razón: las contratan las mismas empresas que tienen que evaluar. De ese modo las empresas eligen las agencias que creen que posiblemente les darán una buena valoración; y esas calificaciones, a su vez, mejoran la capacidad de las empresas de vender sus productos financieros.
A toro pasado, ahora se reconoce ampliamente los errores de juicio que cometieron las agencias. El escritor sobre temas económicos Roger Lowenstein escribía hace poco la siguiente reflexión en el The New York Times Magazine:
“Durante la última década, Moody’s y sus dos principales competidores, Standard & Poor’s y Fitch. . . [pusieron] lo que equivalía a un sello de oro en los títulos que contenían hipotecas de modo que los inversores se los quedaban cada vez con más ímpetu. Para las agencias de calificación, este negocio les resultaba extremadamente lucrativo. Sus beneficios aumentaron vertiginosamente… ¿pero quién estaba evaluando esos títulos? ¿Quién estaba juzgando la calidad de las hipotecas, el patrimonio que había tras ellas y una infinidad más de consideraciones? Sin duda no eran los inversores”.
Los inversores asumieron que las agencias de calificación estaban aportando valoraciones objetivas y precisas. Las agencias deciden cómo van a poner precio los inversores a los activos, lo que a su vez tiene un gran impacto en si se financian los proyectos de inversión o en cómo se hace.
La desmedida importancia que tenían los activos en forma de paquetes de hipotecas como parte del conjunto de toda la actividad del mercado, solo sirvió para generar incentivos perversos. En unos mercados financieros dominados por este tipo de productos, la principal fuente que tienen bancos y otras instituciones financieras para ganar dinero no es dando crédito y quedándose con el interés. Por el contrario, los bancos sacan ganancias por vender préstamos individuales a entidades como Fannie Mae o Freddie Mac, que buscan empaquetar los préstamos en forma de títulos. Fannie y Freddie ganarán a su vez otra buena cantidad de beneficios al vender sus préstamos empaquetados en el mercado. E incluso se puede seguir ganando más comisiones al vender pólizas de seguro sobre esos mismos paquetes.
Lo que hace de estos paquetes un activo más valorado en el mercado que los propios préstamos que contienen es que los riesgos asociados con esos préstamos han sido reconfigurados, reempaquetados, y presumiblemente clarificados para los agentes del mercado. Sin una calificación favorable, estos paquetes sencillamente no pueden comerciarse. Pero con una calificación favorable, aparecen oportunidades de beneficio en todos los eslabones de la cadena de empaquetar, asegurar y vender, con los intermediarios llevándose siempre sus comisiones, sin importar lo que ocurra un tiempo después con los activos que había detrás.
Una agencia de calificación pública contrarrestaría este sistema de incentivos perversos. A su personal se le pagaría como a altos funcionarios. No sacaría beneficio alguno por ofrecer valoraciones positivas o negativas. De hecho, un mecanismo de incentivos salariales podría premiar con el paso del tiempo la precisión de sus evaluaciones.
Es cierto que proporcionar valoraciones del riesgo precisas se ha convertido en una tarea cada vez más desafiante a medida que se ha ido profundizando los mercados para este tipo de productos. Los técnicos de la agencia pública puede que en alguna ocasión concluyan que un instrumento es demasiado complejo para dar una valoración fiable. Pero la agencia estaría obligada a ser transparente respecto a esa valoración – es decir, calificando un instrumento como de “no calificable”. Los participantes en el mercado financiero podrían después decidir si jugársela o no con un producto así.
Las agencias privadas podrían seguir operando como quisiesen, pero se verían obligadas a explicar cualquier gran divergencia entre sus valoraciones y las de la agencia pública. Una calificación pública debilitaría los sesgos a favor de más riesgo y más complejidad, llevando las operaciones del sistema financiero hacia un mayor grado de transparencia. Podría incluso proporcionar las bases para poner en marcha el sistema de requerimientos de reservas de activos.
La valoración del riesgo posiblemente se volvería más prudente con la existencia de una agencia de calificación pública, y el entusiasmo del mercado por la innovación financiera posiblemente se moderaría. De hecho, esa sería parte de la lógica de adoptar una medida de este tipo. Pero no necesariamente va a hacer de toda la economía algo menos innovador y dinámico. Con una agencia de calificación pública y el resto de medidas que propuse aquí, el dinamismo de un mercado financiero con las riendas bien sujetas emergería en la medida en que el crédito se desplazase cada vez más hacia áreas productivas.
* * *
A finales de 2008, la crisis financiera y la recesión hicieron respetable una pregunta que hubiese sido impensable sólo unos meses antes: si las instituciones financieras en manos privadas – al menos las más grandes e importantes instituciones que representan “el puente de mando” de Wall Street – deberían no ser simplemente reconducidas mediante la regulación, sino substancialmente nacionalizadas, operando bajo propiedad pública. Después de todo, el gobierno federal con George W. Bush ya nacionalizó a Fannie Mae y a Freddie Mac como parte de sus operaciones de rescate en otoño del 2008.
Las principales razones para una nacionalización son evidentes. Primero, las carencias y errores de un sistema financiero desregulado resultan hoy meridianamente claros. Volver a controlar los mercados financieros de alguna u otra forma ya no se discute; sólo la cuestión de cómo hacerlo sigue abierta. Una posibilidad sería pues eliminar de una sola pasada la propiedad privada de las instituciones financieras.
En segundo lugar, aunque adquiriese una importante parte del capital de varias de las mayores instituciones financieras a finales de 2008, el gobierno no insistió en ejercer una autoridad significativa en las decisiones de gestión. Ni reclamó un derecho claro a participar de los beneficios una vez la crisis pase. Con los bancos totalmente nacionalizados, el gobierno sería claramente quién los dirigiría así como quién se llevaría los beneficios.
En tercer lugar, sin nacionalización podemos estar seguros de que Wall Street luchará vehementemente, como ha hecho siempre, para minimizar la regulación que pueda limitar su capacidad de obtener beneficios. Y esos esfuerzos van a incluir el intento de corromper a los reguladores y los cargos electos que deban vigilarlos. Muchos de esos esfuerzos serán enteramente legales: partiendo de que los reguladores sean generosos respecto al sector que están controlando, después encontrarán lucrativas oportunidades de empleo en ese mismo sector una vez dejen su posición de funcionarios y pasen al sector privado.
Estas son cuestiones importantes, pero por si solas no constituyen una buena defensa de la nacionalización respecto a la alternativa de un nuevo sistema de regulación. Con una nacionalización, habría problemas importantes. Al contrario que Francia o Japón, EEUU no tiene una larga tradición de control público y directo de grandes instituciones financieras. Siendo realistas, tenemos todos los motivos del mundo para esperar toda una colección de errores y fracasos, incluyendo los problemas del “capitalismo de amiguetes” – tratos de privilegio para las empresas favoritas o afines al gobierno.
Aunque dejemos de lado los problemas de corrupción, tenemos que reconocer que a nivel individual las empresas financieras, como cualquier otro negocio, necesitan una importante dosis de gestión del día a día. El gobierno de EEUU en ocasiones ha manejado razonablemente bien la macroeconomía del país. Pero los retos a los que se enfrentaría el gobierno para combinar ambas, la gestión de la microeconomía de las empresas y la de la macroeconomía nacional, serían enormes. A parte de las cuestiones del día a día, el gobierno tendría que crear un sistema de incentivos para los gestores de los bancos de propiedad pública que sustituiría a la maximización de beneficios que guía a los directores de los bancos privados. Si los bancos nacionalizados no se deben a la maximización de beneficios, ¿cómo debería evaluarse su desempeño?
Resolver estas cuestiones requeriría años de experimentación y de puesta a punto. Mientras, los contribuyentes norteamericanos estarían pagando por inevitables fallos del sistema nacionalizado. La tolerancia ante dichos fallos posiblemente sea poca, y cada paso en falso o pequeño escándalo podría minar la legitimidad del nuevo sistema. Al final, la nacionalización podría acabar perjudicando el proyecto más importante de restablecer una gran presencia del sector público en el sistema financiero. De hecho, los fracasos del sistema nacionalizado podrían acabar siendo la razón misma – y tal vez la única – que desviase la atención y el enfado generalizado con Wall Street como responsable del colapso financiero hacia, en su lugar, el gobierno de los EEUU.
Llegados a este punto, parece preferible promover la estabilidad financiera y el bienestar social controlando los mercados y así reorientando sus prioridades, y no cortando con ellos de raíz.
* * *
Un conjunto de fuerzas en los EEUU y el resto de la economía global se han combinado para crear la más severa crisis económica desde la década de los treinta. Seguiremos debatiendo durante años para explicar cómo estas fuerzas se combinaron e interactuaron. Pero hay un factor que se aparece como la principal causa de esta crisis: el colapso del sistema financiero de EEUU. Y este colapso del sistema financiero puede a su vez explicarse por el desmantelamiento desde los setenta hasta ahora del sistema de regulación financiera de Glass-Steagall. El sistema de Glass-Steagall se creó en los años treinta precisamente para prevenir la recurrencia de los desastres económicos de esa era. Tanto los líderes políticos demócratas como republicanos deben ahora aceptar su responsabilidad por el actual desastre.
Empezamos ahora lo que necesariamente será un largo proceso de construir un sistema de regulación capaz de movilizar los recursos financieros de la economía hacia la actividad económica productiva en lugar de para el capitalismo de casino. Con el anterior modelo de un sistema financiero desregulado ahí colapsado ante nosotros, el conjunto de propuestas que ofrecí aquí son un punto de partida para formar una estructura financiera estable y equitativa para la economía norteamericana.
Robert Pollin es profesor de economía y codirector y cofundador del Political Economy Research Institute [Instituto de Investigación de Economía Política] (PERI) en la Universidad de Massachusetts, Amherst. Sus libros más recientes son Contours of Descent: U.S. Economic Fractures and the Landscape of the Global Austerity (Verso, 2003) y, en colaboración con Stephanie Luce, The Living Wage: Building a Fair Economy (The New Press, 1998).
Israel trató a Gaza como su propio laboratorio privado de la muerte
Conn Hallinan
Alternet
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
16/02/09
Erik Fosse, cardiólogo noruego, trabajó en hospitales de Gaza durante la reciente guerra. “Fue como si hubieran pisado una mina,” dice de ciertos pacientes palestinos que atendió. “Pero no había metralla en la herida. Algunos habían perdido sus piernas. Parecían como si hubieran sido cortadas. He estado en zonas de guerra durante 30 años, pero nunca he visto heridas semejantes.”
El doctor Fosse estaba describiendo los efectos de un arma de “letalidad enfocada” estadounidense que minimiza el daño explosivo a estructuras, mientras inflige heridas catastróficas a sus víctimas. ¿Pero de dónde sacaron esa arma los israelíes? ¿Y fue su uso generalizado en el ataque contra Gaza un ensayo sobre el terreno para una nueva generación de explosivos?
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DIME a muerte
El arma específica se llama explosivo de metal inerte de alta densidad [DIME, por sus siglas en inglés]. En 2000, la Fuerza Aérea de EE.UU. trabajó en cooperación con el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore de la Universidad de California. El arma envuelve altos explosivos con una aleación de tungsteno y otros metales como cobalto, níquel o hierro en un contenedor de fibra de carbono y epoxi. Cuando la bomba estalla el contenedor se evapora y el tungsteno se convierte en micro-metralla que es extremadamente letal dentro de un radio de 4 metros. El tungsteno es inerte, de modo que no reacciona químicamente con el explosivo. Aunque un metal no inerte como el aluminio aumentaría la explosión, el tungsteno limita realmente la explosión a un área limitada.
Dentro del alcance del arma, sin embargo, es desmesuradamente letal. Según el doctor noruego Mad Gilbert, la explosión resulta en múltiples amputaciones y “fracturas muy graves. Los músculos son en cierto modo separados de los huesos, se quedan colgando y también hay quemaduras bastante graves.” Muchos de los que sobreviven a la explosión inicial sucumben rápidamente por septicemia y colapso de los órganos. “Inicialmente, todo parece estar bien, pero al operar resulta que docenas de minipartículas pueden encontrarse en todos sus órganos”, dice el doctor alemán Jam Brommundt, que trabaja en Kham Younis, una ciudad en el sur de Gaza. “Parece ser una especie de explosivo o proyectil que dispersa pequeñísimas partículas que penetran en todos los órganos, no es posible tratar quirúrgicamente esas heridas miniatura.” Según Brommundt, las partículas causan múltiples fallos orgánicos.
Si por milagro las víctimas resisten esas condiciones, es casi seguro que desarrollarán un rabdomiosarcoma (RMS), un cáncer particularmente mortífero que se encastra profundamente en el tejido y es casi imposible de tratar. Un estudio en 2005 del Departamento de Salud de EE.UU. estableció que el tungsteno estimula cánceres RMS incluso en dosis muy pequeñas. Todas las 92 ratas probadas desarrollaron el cáncer.
Mientras los DIME fueron originalmente diseñados para evitar daño “colateral” generado por bombas de explosivos de alta potencia normales, la letalidad del arma y su profunda toxicidad a largo plazo no parecen representar una mejora.
Parece que armas DIME pueden haber sido utilizadas en la invasión israelí de 2006 del Líbano, pero no en suficientes cantidades como para alarmar a los trabajadores médicos. Pero en Gaza, la munición fue ampliamente utilizada. Sólo en [el hospital] Al Shifta se han visto entre 100 y 150 víctimas de esos ataques.
Gaza como prueba
El doctor Gilbert dijo a Gardermoen de Oslo: “Existen fuertes sospechas de que Gaza está siendo utilizada ahora como laboratorio de pruebas para nuevas armas”.
DIME es una invención de EE.UU. ¿Consiguieron de EE.UU. los israelíes las armas, o diseñaron armas similares ellos mismos? En vista de las estrechas relaciones entre los militares de ambos países, no deja de ser probable que la Fuerza Aérea de EE.UU. haya suministrado las armas o, por lo menos, las especificaciones para construirlas. Y ya que EE.UU. todavía no ha utilizado esos dispositivos en una guerra, ciertamente se beneficiaría de ver cómo esas nuevas armas de “letalidad enfocada” funcionan bajo condiciones de campo de batalla.
Marc Garlasco, asesor militar sénior de Human Rights Watch, dice que “queda por ver cómo Israel ha adquirido la tecnología, si compró armas de EE.UU. bajo algún acuerdo, o si en los hechos ha adquirido una licencia o desarrollado su propio tipo de munición.”
Las armas DIME no están prohibidas bajo las Convenciones de Ginebra porque nunca han sido probadas oficialmente. Sin embargo, de manera normal se prohíbe el uso de cualquier arma capaz de infligir un daño tan horrendo, en particular si se trata de una de las regiones más densamente pobladas del mundo.
En primer lugar, nadie sabe cuánto tiempo permanece en el entorno el tungsteno o cómo podría afectar a gente que vuelve a casas atacadas con DIME. El cancerólogo de la Universidad de Arizona, doctor Mark Witten, quien investiga vínculos entre el tungsteno y la leucemia, dice que a su juicio “tiene que haber mucha más investigación sobre los efectos para la salud del tungsteno antes de que los militares aumenten su uso.”
Más allá de los DIME
Los DIMEs no fueron las únicas armas controvertidas utilizadas en Gaza. El ejército israelí también hizo uso generoso de fósforo blanco, un producto químico que quema con calor intenso e inflige terribles quemaduras a las víctimas. En forma de vapor también daña los conductos respiratorios. El derecho internacional prohíbe el uso del arma cerca de áreas pobladas y requiere que se tomen “todas las precauciones razonables” para evitar a los civiles.
Israel desmintió inicialmente el uso del producto químico. “El ejército israelí sólo actúa de acuerdo con lo que es permitido por el derecho internacional y no usa fósforo blanco,” dijo el 13 de enero el Jefe del Estado Mayor de Israel, Gabi Ashkenazi. Pero informes de testigos presenciales en Gaza e Israel pronto obligaron al ejército israelí a admitir que ciertamente estaba utilizando la sustancia. El 20 de enero, el ejército israelí confesó que estaba utilizando proyectiles de artillería de fósforo para cortinas de humo, así como 200 obuses de mortero de fósforo M825A1 hechos en EE.UU. contra “combatientes de Hamás y personal de lanzamiento de cohetes en el norte de Gaza.”
Tres de esos proyectiles dieron en el complejo de la Agencia de la ONU de Trabajo y Ayuda el 15 de enero, provocando un incendio que destruyó cientos de toneladas de suministros humanitarios. Un proyectil de fósforo también alcanzó el hospital Al-Quds en la Ciudad de Gaza. Los israelíes dicen que había combatientes de Hamás cerca de los dos objetivos, acusación que los testigos niegan firmemente.
Donatella Rovera de Amnistía Internacional dijo: “Un semejante uso extensivo de esta arma en vecindarios residenciales densamente poblados de Gaza y las bajas entre civiles constituyen un crimen de guerra.”
Israel también es acusado de utilizar munición de uranio empobrecido (DUA), que una subcomisión de la ONU estableció viola la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Carta de la ONU, las Convenciones de Ginebra, la Convención Internacional contra la Tortura, la Convención de Armas Convencionales, y las Convenciones de La Haya contra el uso de armas tóxicas.
La DUA no es altamente radioactiva, pero después de estallar, se convierte en parte en un gas que puede ser fácilmente inhalado. La densa metralla que subsiste también tiende a enterrarse profundamente, filtrando radioactividad de bajo grado a los niveles freáticos.
¿Crímenes de guerra?
Otros grupos de derechos humanos, incluidos B'Tselem, Gisha, y Médicos por los Derechos Humanos, acusan que el ejército israelí apuntó intencionalmente a personal médico, matando a más de una docena, incluidos paramédicos y conductores de ambulancias.
La Federación Internacional por los Derechos Humanos llamó al Consejo de Seguridad a que envíe a Israel ante el Tribunal Penal Internacional por posibles crímenes de guerra.
Aunque los israelíes rechazan las acusaciones de crímenes de guerra, el hecho de que el gabinete israelí haya realizado una reunión especial el 25 de enero para discutir el tema sugiere que están preocupados de ser acusados de un uso “desproporcionado” de la fuerza. Las Convenciones de Ginebra requieren que los beligerantes distingan “en todo momento” entre combatientes y civiles y eviten utilizar “fuerza desproporcionada” para lograr ventajas militares.
El uso por Hamás de misiles no guiados disparados contra Israel también constituiría un crimen de guerra según las Convenciones.
“La tendencia de la cantidad de víctimas es una medida de desproporción,” dice Richard Falk, enviado de derechos humanos de la ONU para los territorios ocupados. Un total de 14 israelíes han muerto en los combates, tres de ellos civiles matados por cohetes, 11 de ellos soldados, cuatro de estos últimos por “fuego amigo”. Unos 50 soldados israelíes también fueron heridos.
En contraste, 1.330 palestinos han muerto y 5.450 fueron heridos, civiles en su abrumadora mayoría.
“Este tipo de combate constituye una flagrante violación de las leyes de la guerra, que pedimos sea investigada por la Comisión de Crímenes de Guerra,” dijeron una coalición de derechos humanos israelí y Amnistía Internacional en una declaración conjunta. “La responsabilidad del Estado de Israel está fuera de duda.”
¿Actúa La Haya?
El primer ministro israelí Ehud Olmert dijo que el ministro de justicia, Daniel Friedmann, coordinará la defensa de todo soldado o comandante acusado de un crimen de guerra. En todo caso, EE.UU. vetará cualquier esfuerzo del Consejo de Seguridad de la ONU por llevar a israelíes ante el Tribunal Penal Internacional en La Haya.
Pero, tal como señala el Financial Times, “todos los países tienen la obligación de investigar a los acusados de ‘graves’ violaciones de las reglas de la guerra y juzgarlos o extraditarlos a un país que lo haga.”
Fue la base bajo la cual la policía británica arrestó al dictador chileno Augusto Pinochet en 1998.
“Estamos ante un giro sísmico del derecho internacional,” declaró el asesor legal de Amnistía Internacional,
Christopher Hall, al Financial Times, que dice que el ministerio de exteriores de Israel ya está examinando el riesgo para israelíes que viajen al extranjero.
“Es como caminar a través de una calle a pesar de una luz roja,” dice. “El riesgo podrá ser bajo, pero hay que pensarlo dos veces antes de cometer un crimen o viajar si se ha cometido uno.”
Copyright -- 2009 Foreign Policy in Focus.
Conn Hallinan es columnista de Foreign Policy In Focus.
© 2009 Foreign Policy All rights reserved.
Chávez ratificó el liderazgo con una mayoría clara
Marcos Salgado
Rebelión
16/02/09
El 54,36% para el Sí y el 45,63% para el No a la enmienda constitucional.
Poco después de las 9 y media de la noche del domingo en Venezuela, la presidenta del Consejo Nacional Electoral Tibisay Lucena confirmó oficialmente la victoria del Sí con 6.003.594 votos (el 54,36 %) contra 5.040.082 votos (el 45,63 %) por el “No”. Esto con un concluyente 94,2 por ciento de los votos escrutados. Lo que queda por sumar, que se conocerá luego del cierre de esta edición, no alterará la noticia: el presidente Hugo Chávez revalidó su liderazgo y podrá presentarse como candidato a un tercer mandato consecutivo en las presidenciales de 2012.
Miles de corazones paralizados frente a las pantallas de los televisores estallaron en alegría que se derramó en los cerros, los barrios y las avenidas de la noche de Caracas, cuando la autoridad electoral confirmó la victoria del Sí a la enmienda de cinco artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que desde ahora permitirán eventuales postulaciones sucesivas a todos los cargos electivos.
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“Te felicito por una victoria que por su magnitud es imposible medirla” le dijo el líder cubano Fidel Castro al presidente venezolano apenas conocidos los resultados, según contó el mismo Chávez desde el “balcón del pueblo”, en el Palacio de Miraflores. “Hoy se estaba definiendo mi destino político”, recordó el mandatario venezolano y contestó en parte el interrogante de Fidel. “A partir de este instante me consagro íntegramente al pleno servicio del pueblo venezolano. Una consagración definitiva”.
Palabras que sonaron como un yunque al cuello en el comando de campaña del “No”, donde antes de los números oficiales varios dirigentes intentaron asegurar que contaban con “buenos números” sobre la performance de la opción negativa.
Tercer ciclo
“Ahora se viene lo bueno”, aseguró Chávez. “Con esta victoria de hoy comienza el tercer ciclo histórico de la revolución bolivariana, del 2009 al 2019”, remarcó el presidente venezolano mientras recibía a los que llegaban en largas caminatas hasta el palacio de gobierno. “El camino es el camino de la dignidad del pueblo. Ese camino tiene un sólo nombre: el socialismo”, reafirmó.
“A menos que el pueblo disponga otra cosa, este soldado es ya precandidato a la presidencia de la República, para el 2013 al 2019”, gritó Chávez y arrancó una ovación de las mayorías que ganaron las calles de Venezuela nuevamente, después de dos elecciones con sabor amargo. La de diciembre de 2007, cuando por una pequeña diferencia se impuso el “No” a la reforma constitucional y la reciente de noviembre de 2008, cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela no logró reconquistar y tampoco retener las gobernaciones y alcaldías de algunos de los distritos más poblados del país.
En el mismo discurso de la victoria, el presidente Chávez delineó los ejes de sus próximos años de gobierno. “Retomemos con fuerza la política de las ‘tres R’: revisión, rectificación y reimpulso revolucionario” indicó y le puso nombre a las prioridades: la lucha contra la inseguridad y “la corrupción en sus mil maneras, el despilfarro, el burocratismo y la ineficiencia”. También llamó a “fortalecer las misiones sociales”, que en los primeros años de su década de gobierno lograron una efectiva llegada del Estado a los más necesitados, postergados por décadas de alternancia conservadora.
“El que no se ría es chavista”. “Pongan caras de felicidad, que hay motivos para festejar”, reclamaban en el comando del “No” algunos dirigentes, mientras esperaban que la televisora opositora Globovisión les diera un pase en vivo para hablar sobre los resultados, ignorando que otras cámaras los tomaban. Una postal del desconcierto de otra batalla perdida a manos de la fuerza del voto popular.
Alta participación
A diferencia de votaciones anteriores, donde la característica de la jornada eran las largas colas frente a los centros de votación, esta vez una recorrida por diferentes zonas de Caracas mostraban que el proceso fluyó más rápido. Aunque se temía en los comandos por el “Sí” que tal rapidez estuviera ligada al ausentismo, el comunicado oficial del Consejo Nacional Electoral espantó fantasmas: la participación era nuevamente histórica, arañando el 70 por ciento.
Cuando todavía los rezagados llegaban a los centros electorales, los comandos de campaña ya contaban con encuestas a boca de urna que daban ganador al “Sí”. Desde el Comando Simón Bolívar del “Sí” el ministro de Finanzas, Alí Rodríguez Araque, reclamó a la oposición que aceptara los resultados electorales. A la misma hora, opositores variopintos poblaban las pantallas y los parlantes de la profusa prensa opositora venezolana machacando sobre supuestas irregularidades en el proceso de votación, aunque se cuidaban de hablar de “fraude”.
La ecuación de este sector es tan simple como repetida: tomar hechos difundidos pero no confirmados por los medios de comunicación privados (demoras en la apertura de los comicios, confusiones en el mecanismo de votación, pequeños desperfectos del sistema de conteo de votos), darles inmediatamente carácter nacional y sugerir que son parte de un plan concebido desde el gobierno, cuyos alcances y objetivos son tan imprecisos como el origen mismo de las denuncias.
A la misma hora, desde las zonas populares de la capital venezolana muchos comenzaban a caminar hacia el Palacio de Miraflores, repitiendo la senda del año 2002, cuando la movilización popular permitió la vuelta al gobierno del hombre que ahora tendrá la oportunidad de revalidar su liderazgo dentro de tres años y nueve meses.
Venezuela volvió a votar, y volvió a demostrar que cuando lo que está en juego es directamente la permanencia del presidente Hugo Chávez al frente de los destinos del país, las diferencias con la oposición se agrandan. Una comunión entre el líder y las mayorías que no avienta todas la amenazas -propias y enemigas- sobre el proceso de cambios bolivariano, pero renueva la esperanza.
Un soplo de aire fresco, de otro febrero.
ONU: 50 millones de trabajadores podrían perder sus empleos por la crisis económica
Democracy Now!
16/02/09
La Organización Internacional del Trabajo de la ONU calcula que la crisis económica mundial podría provocar que 50 millones de trabajadores pierdan sus empleos. El Jefe de esta organización, Juan Somavia, dijo: “Presiento que se avecina una gran frustración popular”. Somavia dijo que los actuales problemas económicos están “provocando tensiones, incertidumbre política e incluso posibles riesgos para la seguridad”. La semana pasada Dennis Blair, el nuevo Director de Inteligencia, advirtió que la actual crisis económica mundial se ha convertido en un mayor riesgo para la seguridad de Estados Unidos que el "terrorismo".
Submarinos nucleares de Gran Bretaña y Francia chocaron en el Océano Atlántico
Democracy Now!
16/02/09
El gobierno británico y el francés están siendo acusados de encubrir una reciente colisión entre dos submarinos con armas nucleares en el Océano Atlántico. El accidente se produjo el 3 o 4 de febrero, pero no se hizo público hasta hoy. El submarino británico, HMS Vanguard, estaba armado con 16 mísiles balísticos nucleares. El submarino francés transportaba una carga similar. No se sabe si el choque provocó una fuga radioactiva. Kate Hudson de la Campaña para el Desarme Nuclear dijo: “Esto es una gran catástrofe nuclear. La colisión de los dos submarinos, ambos con reactores nucleares y armas nucleares a bordo, puede haber liberado grandes cantidades de radiación y esparcir muchas cabezas nucleares por el fondo del mar”.
Ataques con aviones no tripulados estadounidenses matan a 61 personas en Pakistán
Democracy Now!
16/02/09
Dos ataques con misiles estadounidenses que tuvieron lugar durante los últimos tres días provocaron la muerte de 61 personas en Pakistán. El sábado, un avión no tripulado manejado por control remoto de Estados Unidos bombardeó tres recintos en Waziristán del Sur y causó la muerte de 30 personas. Hoy temprano, otro avión no tripulado estadounidense atacó la región tribal de Kumman y mató a 31 personas. Estados Unidos ha atacado Pakistán al menos tres veces desde que el Presidente Obama asumió el poder.
Colombia en alerta: el Galeras en erupción
Adnmundo
16/02/09
Las autoridades del departamento de Nariño (sur de Colombia, fronterizo con Ecuador) mantienen desde ayer la alerta máxima en la zona tras la erupción del volcán Galeras la noche del sábado, que no provocó daños ni víctimas.
"En razón de la emergencia y de los riesgos que se pueden presentar, se evaluó la situación y se mantuvo la alerta máxima", señaló Eduardo Alvarado, alcalde de Pasto, capital departamental y vecina del volcán, a periodistas tras una reunión del comité regional de emergencias.
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La erupción, registrada a las 19H10 locales del sábado (00H10 GMT del domingo) se escuchó en forma de fuerte explosión en los alrededores del volcán y provocó una lluvia de ceniza sobre la ciudad de Pasto, de 300.000 habitantes.
La actividad del volcán disminuyó tras la erupción. "No tenemos mayor novedad, seguimos en alerta máxima aunque la actividad del volcán es ahora baja y los sismos leves", declaró Diego Gómez, director del observatorio vulcanológico de Pasto del Instituto Geológico y Minero (Ingeominas), a la AFP.
El comité de emergencias determinó mantener la orden de evacuar las laderas del volcán, donde viven unas 8.000 personas, aunque sólo fue cumplida parcialmente.
"Desafortunadamente la evacuacion de la zona rural no fue masiva, aunque los albergues siguen abiertos y listos para recibir a las personas que viven en las laderas", señaló el alcalde Alvarado.
La anterior erupción había sido en enero de 2008, sin que se produjeran víctimas.
El Galeras, de 4.270 m de altura, ubicado en la cordillera de los Andes, se ha mantenido en constante actividad desde 1988. En 1993 una erupción del Galeras dejó 9 muertos.
Chávez ratificó el liderazgo con una mayoría clara
Marcos Salgado
www.marcossalgado.wordpress.com/Rebelión
16/02/09
El 54,36% para el Sí y el 45,63% para el No a la enmienda constitucional.
Poco después de las 9 y media de la noche del domingo en Venezuela, la presidenta del Consejo Nacional Electoral Tibisay Lucena confirmó oficialmente la victoria del Sí con 6.003.594 votos (el 54,36 %) contra 5.040.082 votos (el 45,63 %) por el “No”. Esto con un concluyente 94,2 por ciento de los votos escrutados. Lo que queda por sumar, que se conocerá luego del cierre de esta edición, no alterará la noticia: el presidente Hugo Chávez revalidó su liderazgo y podrá presentarse como candidato a un tercer mandato consecutivo en las presidenciales de 2012.
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Miles de corazones paralizados frente a las pantallas de los televisores estallaron en alegría que se derramó en los cerros, los barrios y las avenidas de la noche de Caracas, cuando la autoridad electoral confirmó la victoria del Sí a la enmienda de cinco artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que desde ahora permitirán eventuales postulaciones sucesivas a todos los cargos electivos.
“Te felicito por una victoria que por su magnitud es imposible medirla” le dijo el líder cubano Fidel Castro al presidente venezolano apenas conocidos los resultados, según contó el mismo Chávez desde el “balcón del pueblo”, en el Palacio de Miraflores. “Hoy se estaba definiendo mi destino político”, recordó el mandatario venezolano y contestó en parte el interrogante de Fidel. “A partir de este instante me consagro íntegramente al pleno servicio del pueblo venezolano. Una consagración definitiva”.
Palabras que sonaron como un yunque al cuello en el comando de campaña del “No”, donde antes de los números oficiales varios dirigentes intentaron asegurar que contaban con “buenos números” sobre la performance de la opción negativa.
Tercer ciclo
“Ahora se viene lo bueno”, aseguró Chávez. “Con esta victoria de hoy comienza el tercer ciclo histórico de la revolución bolivariana, del 2009 al 2019”, remarcó el presidente venezolano mientras recibía a los que llegaban en largas caminatas hasta el palacio de gobierno. “El camino es el camino de la dignidad del pueblo. Ese camino tiene un sólo nombre: el socialismo”, reafirmó.
“A menos que el pueblo disponga otra cosa, este soldado es ya precandidato a la presidencia de la República, para el 2013 al 2019”, gritó Chávez y arrancó una ovación de las mayorías que ganaron las calles de Venezuela nuevamente, después de dos elecciones con sabor amargo. La de diciembre de 2007, cuando por una pequeña diferencia se impuso el “No” a la reforma constitucional y la reciente de noviembre de 2008, cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela no logró reconquistar y tampoco retener las gobernaciones y alcaldías de algunos de los distritos más poblados del país.
En el mismo discurso de la victoria, el presidente Chávez delineó los ejes de sus próximos años de gobierno. “Retomemos con fuerza la política de las ‘tres R’: revisión, rectificación y reimpulso revolucionario” indicó y le puso nombre a las prioridades: la lucha contra la inseguridad y “la corrupción en sus mil maneras, el despilfarro, el burocratismo y la ineficiencia”. También llamó a “fortalecer las misiones sociales”, que en los primeros años de su década de gobierno lograron una efectiva llegada del Estado a los más necesitados, postergados por décadas de alternancia conservadora.
“El que no se ría es chavista”. “Pongan caras de felicidad, que hay motivos para festejar”, reclamaban en el comando del “No” algunos dirigentes, mientras esperaban que la televisora opositora Globovisión les diera un pase en vivo para hablar sobre los resultados, ignorando que otras cámaras los tomaban. Una postal del desconcierto de otra batalla perdida a manos de la fuerza del voto popular.
Alta participación
A diferencia de votaciones anteriores, donde la característica de la jornada eran las largas colas frente a los centros de votación, esta vez una recorrida por diferentes zonas de Caracas mostraban que el proceso fluyó más rápido. Aunque se temía en los comandos por el “Sí” que tal rapidez estuviera ligada al ausentismo, el comunicado oficial del Consejo Nacional Electoral espantó fantasmas: la participación era nuevamente histórica, arañando el 70 por ciento.
Cuando todavía los rezagados llegaban a los centros electorales, los comandos de campaña ya contaban con encuestas a boca de urna que daban ganador al “Sí”. Desde el Comando Simón Bolívar del “Sí” el ministro de Finanzas, Alí Rodríguez Araque, reclamó a la oposición que aceptara los resultados electorales. A la misma hora, opositores variopintos poblaban las pantallas y los parlantes de la profusa prensa opositora venezolana machacando sobre supuestas irregularidades en el proceso de votación, aunque se cuidaban de hablar de “fraude”.
La ecuación de este sector es tan simple como repetida: tomar hechos difundidos pero no confirmados por los medios de comunicación privados (demoras en la apertura de los comicios, confusiones en el mecanismo de votación, pequeños desperfectos del sistema de conteo de votos), darles inmediatamente carácter nacional y sugerir que son parte de un plan concebido desde el gobierno, cuyos alcances y objetivos son tan imprecisos como el origen mismo de las denuncias.
A la misma hora, desde las zonas populares de la capital venezolana muchos comenzaban a caminar hacia el Palacio de Miraflores, repitiendo la senda del año 2002, cuando la movilización popular permitió la vuelta al gobierno del hombre que ahora tendrá la oportunidad de revalidar su liderazgo dentro de tres años y nueve meses.
Venezuela volvió a votar, y volvió a demostrar que cuando lo que está en juego es directamente la permanencia del presidente Hugo Chávez al frente de los destinos del país, las diferencias con la oposición se agrandan. Una comunión entre el líder y las mayorías que no avienta todas la amenazas -propias y enemigas- sobre el proceso de cambios bolivariano, pero renueva la esperanza.
Un soplo de aire fresco, de otro febrero.










