Es el momento de aplicar el tratamiento sudafricano en el apartheid israelí

Omar Barghouti
PACBI
Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos
Vía Rebelión
28/01/08

En estos momentos la mayoría de los palestinos reconocen una forma de apartheid en el consolidado sistema israelí de colonialismo, racismo y negación de los derechos humanos básicos. De hecho, los palestinos están lejos de ser los únicos en considerar así a Israel; importantes intelectuales, políticos y abogados de derechos humanos sudafricanos suscriben la misma idea. Por ejemplo, en un artículo publicado en The Guardian gráficamente titulado “Apartheid en Tierra Santa”, el arzobispo Desmond Tutu escribió:

“Me he sentido profundamente afligido durante mi visita a Tierra Santa; me recordó tanto a lo que nos ocurrió a nosotros los negros en Sudáfrica. […] ¿Han olvidado su humillación nuestras hermanas y hermanos judíos? ¿Tan pronto han olvidado los castigos colectivos, las demoliciones de casas ocurridas en su propia historia?”[1].

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De hecho, muchos judíos no han olvidado. Dentro de Israel, algunos políticos y periodistas judíos han establecido claras analogías entre Israel y Sudáfrica. Roman Bronfman, presidente de la facción Opción Democrática del partido Yahad, criticó lo que él calificó de “un régimen de apartheid en los territorios ocupados” y añadió: “la política del apartheid se ha infiltrado también en el Israel soberano y discrimina diariamente a los árabes israelíes y a otras minorías. Es tarea de cada humanista luchar contra este punto de vista fascista” [2].

Esther Levitan, la abuela judía que en la Sudáfrica del apartheid fue condenada a confinamiento en solitario indefinido sin juicio por su activismo en el ANC [Consejo Nacional Africano], admitió en una entrevista publicada en el diario Ha’aretz que ella consideraba a Israel terriblemente racista y afirmó: “Los israelíes tienen ese detestable odio a los árabes que me pone enferma. […] Crearán aquí un apartheid peor”[3].

El ex-ministro de educación israelí, Shulamit Aloni, declaró recientemente que Israel comete crímenes de guerra “utiliza el terror” y “no es diferente del racismo sudafricano”. Cuando se le preguntó cómo veía el futuro de Israel, Aloni respondió: “Le puedo mostrar libros de Mussolini sobre el fascismo. Si los lee usted, llegará a la rotunda conclusión de que los ministros del actual gobierno israelí transitan por la misma senda”[4].

Valientes dirigentes sudafricanos judíos también han hecho que se escuchen sus voces contra el apartheid israelí al publicar su famosa Declaración de Conciencia No en Nuestros Nombres en la que condenan rotundamente la negación por parte de Israel de los derechos palestinos como la causa raíz del conflicto. La Declaración, de la que son autores el ministro del gobierno, Ronnie Kasrils, y el legislador Max Ozinsky, y que ha sido firmada por cientos de otros importantes judíos sudafricanos, establece que “resulta difícil, especialmente desde la perspectiva sudafricana, no establecer paralelismos entre la opresión experimentada por los palestinos bajo el dominio de Israel y la opresión experimentada en Sudáfrica bajo el gobierno del apartheid”[5].

Uno podría preguntarse qué puede haber suscitado toda esta indignación moral. Los siguientes ejemplos representativos de la opresión israelí en las tres partes principales del pueblo palestino (bajo la ocupación, en el exilio y en Israel) pueden ayudar a responder esta pregunta.

La ocupación israelí

Nada refleja mejor la inmensa injusticia de la ocupación como el Muro colonial de Israel, construido en su mayoría sobre territorio y condenado por ilegal por una opinión consultiva histórica de Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en julio de 2004. A pesar de las graves repercusiones del Muro sobre los medios de vida, el medio ambiente y los derechos políticos palestinos, la prácticamente totalidad de los judíos israelíes lo apoyan [6]. Sin embargo, el ex ministro de Medioambiente israelí, Yehudit Naot, protestó en relación a un aspecto específico del Muro afirmando:

“La valla de separación rompe la continuidad de las zonas abiertas y es perjudicial para el paisaje, la flora y la fauna, los corredores ecológicos y el drenaje de los arroyos. El sistema de protección [sic] afectará irreversiblemente a los recursos de la tierra y creará enclaves de comunidades que están cortadas de su entorno”[7].

Incluso después de trasladar los lirios y de crear pasos para los animales pequeños, el portavoz de la Autoridad para la Protección de la Naturaleza y los Parques Nacionales de Israel se queja:

“Los animales no saben qué es una frontera. Están acostumbrados a tener cierto espacio vital y lo que nos preocupa es que su diversidad genética se verá afectada porque diferentes grupos de población no podrán relacionarse y reproducirse. No existe la menor duda de que aislar a las poblaciones a ambos lados de la valla crea un problema genético”[8].

Al tiempo que está tan preocupado por el bienestar de las flores salvajes y los zorros, Israel trata a los niños palestinos como criaturas prescindibles. Tiradores de primera adiestrados profesionalmente disparan contra ellos durante los incidentes en los que se tiran piedras. Por ejemplo, fuentes médicas [9] y organizaciones de derechos humanos, incluyendo Médicos por los Derechos Humanos, documentaron en la primera etapa de la actual Intifada palestina un modelo de disparo a los ojos y rodillas de los niños palestinos con la “clara intención” de herirlos [10]. La profesora de la Universidad de Tel Aviv, Tanya Reinhart, escribe: “Una práctica común [de los tiradores de primera] es disparar una bala metálica recubierta de caucho a los ojos, un pequeño juego entre soldados bien adiestrados que requiere un máximo de precisión”[11].

Y cuando no se produce un incidente de tirar piedras detrás del que escudarse, los soldados israelíes tienen que provocarlo. El veterano periodista estadounidense Chris Hedges expuso [12] cómo los soldados israelíes en Gaza habían provocado sistemáticamente a los niños palestinos que jugaban en las dunas al sur de Gaza para disparar contra ellos. Mientras estos niños jugaban al fútbol, se pudo oír una voz procedente de los jeeps del ejército: “Venid, perros. […] ¿Dónde están todos los perros de Khan Younis? ¡Venid! ¡Venid! [...] ¡Cabrones!”. Hedges describe cómo se desarrolló entonces el plan:

“Los niños (la mayoría de ellos no mayores de diez u once años) se lanzaron duna arriba en pequeños grupos hacia la valla eléctrica que separa el campo del asentamiento judío. Lanzaron piedras por encima de la valla contra los jeeps blindados aparcados en lo alto de la duna y sobre los que había altavoces. [...] Explotó una granada de percusión. Los niños [...] , asustados, corrieron torpemente por la densa arena. Bajaron por detrás de un banco de arena fuera de mi vista. No se oyeron los tiros, Los soldados dispararon con silenciador. Las balas de los rifles M-16 llovieron sobre los delgados cuerpos de los niños. Más tarde pude ver en el hospital la destrucción: los estómagos arrancados, los huecos dejados por las bajas en los miembros y el torso.

Ayer los israelíes dispararon en este punto a ocho niños [...]. Se ha disparado contra niños en otros conflictos que he cubierto […], pero nunca no había visto antes a soldados atraer a los niños a una trampa y después matarlos por deporte”.

Atroces como son, las violaciones israelíes de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados no son la única forma de opresión practicada contra los palestinos. Otras dos dimensiones cruciales de la injusticia israelí y de las violaciones del derecho internacional no son menos importantes, ni posiblemente menos urgentes, concretamente la negación por parte de Israel de los derechos de los refugiados palestinos y su discriminación racial sistemática contra sus propios ciudadanos árabe-palestinos. Los palestinos no pueden ignorar ninguna de las dos formas de opresión.

Israel y los derechos de los refugiados palestinos

Lejos de admitir su culpa en la creación del más antiguo y mayor problema de refugiados del mundo, Israel ha eludido constantemente toda responsabilidad sobre la Nakba, la catástrofe de la desposesión y desarraigo palestinos en torno a 1948. Lo más peculiar en la corriente dominante del discurso israelí sobre el “nacimiento” del Estado es su negación total de este crimen. Con unas pocas brillantes excepciones, los israelíes consideran como la “independencia” de Israel la implacable destrucción sionista de más de 400 pueblos palestinos y su campaña de limpieza étnica que llevó al exilio a más de 750.000 palestinos. Incluso comprometidos israelíes de izquierda se lamentan con frecuencia por la pérdida de la “superioridad moral” de Israel después de la ocupación de Gaza y Cisjordania en 1967, como si antes de esta fecha Israel hubiera sido un Estado normal, civil y respetuoso de la ley.

Pero la verdad que había sido literalmente enterrada bajo los escombros ha salido finalmente a la luz, en gran parte gracias al trabajo de los nuevos historiadores de Israel. Hoy el problema de los refugiados sigue siendo, de manera irrefutable, el motivo de acusación más importante y con mayor carga moral de todo el conflicto.

Manipulando el Holocausto, Israel ha establecido la premisa de su rechazo de los derechos de los refugiados palestinos sobre la teoría de que los judíos no están a salvo entre los gentiles y de que, por consiguiente, deben vivir en un Estado que tenga un carácter judío dominante que ha de ser mantenido sagradamente, sin tener en cuenta el derecho internacional y sin respetar los derechos humanos y políticos de las personas nativas desplazadas de la tierra sobre la que se erigió este Estado. Ningún otro país del mundo reivindica hoy un derecho similar a una supremacía étnico-religiosa. Cuando las víctimas de las “super-víctimas” son consideradas como humanos relativos, como si tuvieran un valor comparativo inferior, semejante actitud es ampliamente tolerada [13].

Al tiempo que niegan los derechos básicos de los refugiados palestinos, los judíos de Israel y de occidente han obtenido muchos éxitos en sus campañas a favor de las restituciones y compensaciones por el Holocausto, que a menudo incluyen su derecho a retornar a Alemania, Polonia y otros países de los que fueron expulsado. Pero la quintaesencia de la falta de coherencia la delatan las presiones por parte de la Federación Mundial Sefardí sobre España para que reconozca a los sefardíes, los descendientes de los judíos expulsados de Andalucía hace más de cinco siglos, como ciudadanos españoles y que, en consecuencia, los rehabiliten [14].

El hecho de que los refugiados constituyan una mayoría del pueblo palestino unido a sus sufrimientos en el exilio desde hace 57 años hacen del reconocimiento de los derechos básicos de los refugiados palestinos, incluyendo el derecho a retornar a sus tierras, la prueba decisiva de moralidad para alguien que sugiera una solución justa y duradera para el conflicto israelo-palestino. Dejando de lado los derechos morales y legales, la negación de los derechos de los refugiados palestinos garantiza la perpetuación del conflicto [15].

Israel y sus propios ciudadanos árabe-palestinos

Puede que Israel no sea el único en practicar la discriminación racial contra su minoría nacional [16]. Pero desde luego sí es el único en su notable y continuo éxito, por el momento, en salir bien parado al proyectar una falsa imagen de progresía y democracia. En el centro de la forma específica de apartheid de Israel subyace una consideración profundamente arraigada de los ciudadanos palestinos del Estado no sólo como indeseables recordatorios del “pecado original”[17], sino también como una amenaza demográfica. La discriminación racial contra ellos en todos los aspectos de la vida ha sido siempre la norma. De hecho, la defensa de una igualdad total y inequívoca entre árabes y judíos se ha convertido en un equivalente a la sedición, si no a la traición. En una ocasión en Tribunal Supremo Israelí estipuló que “es necesario evitar que un árabe o judío que defiende la igualdad de derechos para los árabes se siente en el Knesset [Parlamento israelí] o sea elegido a él”[18]. Hasta la fecha, una significativa mayoría de judíos israelíes se han opuesto sistemáticamente a la completa igualdad de los ciudadanos palestinos de Israel [19].

Incluso en la investigación contra el cáncer [20], el apartheid israelí está presente de forma contundente. En junio de 2001 el ministerio de Sanidad publicó un mapa de la distribución geográfica de las enfermedades malignas en Israel entre los años 1984 y 1999. El informe detallado presenta datos acerca de estas enfermedades en comunidades con más de 10.000 residentes. El informe no incluye ni una sola comunidad árabe en Israel, con excepción de Rahat. Cuando se les preguntó la razón, altos cargos del ministerio recurrieron a la omnipresente excusa de los “problemas de presupuesto”. Pero, ¿por qué es particularmente importante esta investigación? Pues bien, porque en Israel sólo cuando se demuestra que hay una correlación entre la presencia de lugares contaminados y la incidencia de una enfermedad maligna es posible impedir la instalación de nuevos riesgos y exigir unas medidas de seguridad medioambientales más estrictas. Al omitir intencionadamente las ciudades árabes en su exhaustivo mapa del cáncer, indirectamente el ministerio de Sanidad ha dado luz verde a los contaminadores para que se trasladen a las ciudades árabes. Los resultados de este apartheid sanitario no presagian nada bueno. En las últimas tres décadas el índice de enfermedades malignas entre la población palestina ha aumentado un 97.8% entre los hombres y un 123% entre las mujeres, frente al aumento del 39.8% para los hombres del 24.4% para mujeres entre la población judía. Un portavoz del Centro contra el Racismo comentó: “El informe ha producido dos grupos diferentes. Primero, un grupo privilegiado cuyas vidas son valiosas para el Estado; segundo, cuyas vidas no tienen importancia para el Estado”.

Hay que considerar esta discriminación en el más amplio contexto de la percepción que tiene Israel de los palestinos. Los políticos, intelectuales, académicos y los medios de comunicación israelíes a menudo debaten apasionadamente sobre qué es lo mejor para combatir en la “guerra” demográfica contra los palestinos. Se han erigido vallas racistas en varias localidades dentro de Israel en las que judíos y palestinos viven muy cerca. En Lydda, Ramleh y Caesaria se construyeron barreras de distintos tipos para separar demográficamente ambas comunidades [21]. Haciéndose eco de un punto de vista popular en Israel, un académico perteneciente al grado más alto, el mayor general (en la reserva) Shlomo Gazit del Centro Jaffee de Estudios Estratégicos, afirma: “Hay que subordinar la democracia a la demografía”[22].

Muchos israelíes pertenecientes a todo el espectro político defienden ahora distintas formas de limpieza étnica de los ciudadanos palestinos de Israel. Esta consigna de la extrema derecha y que antes era considerada tabú, defendida por figuras marginales como el rabino Meir Kahane se ha convertido ahora en un discurso aceptable acerca de la demografía en la corriente dominante israelí [23].

Un israelí de conciencia, que se subleva contra este lenguaje de control demográfico, es el dr. Amnon Raz-Krakotzkin de la Universidad de Ben-Gurion, quien afirma: “Es alarmante cuando los judíos hablan de demografía”[24].

Ronnie Kasrils y Victoria Brittain trataron este raramente mencionado aspecto del apartheid de Israel en un artículo de The Guardian, en el que escribieron:

“El deseo de una mayoría étnico-religiosa de judíos israelíes se ha filtrado por los territorios ocupados hasta impregnar la agenda ‘nacional’ israelí, que cada vez más considera a los ciudadanos palestinos de Israel como una ‘amenaza demográfica’ […]. Durante décadas se ha negado a la minoría palestina de Israel los derechos básicos a la igualdad en la sanidad, educación, alojamiento y posesión de tierras, únicamente por no ser judíos. El hecho de que se permita votar a esta minoría apenas compensa la desmesurada injusticia en todos los demás derechos humanos básicos. Los palestinos de Israel están excluidos de la definición misma de ‘Estado judío’ y prácticamente no tienen influencia en la legislación o en los ámbitos político, social o económico. De ahí su similitud con los negros sudafricanos” [25].

Entonces, ¿qué se debe hacer?

El abyecto fracaso de la comunidad internacional durante las últimas décadas en conseguir que Israel acate el derecho internacional ha provocado que personas de conciencia de todo el mundo vayan más allá de la mera condena de los crímenes y violaciones de los derechos humanos de Israel para aprobar y defender explícitamente formas de presión efectiva contra Israel, como se hizo con el régimen de apartheid Sudáfrica. En un artículo titulado “Contra el apartheid israelí”, Desmond Tutu afirma:

“Quienes ayer eran habitantes de los distritos segregados de Sudáfrica pueden hablarles de la vida actual en los territorios ocupados. […] Las humillaciones, la dependencia y la ira son demasiado familiares para ellos. […] Muchos sudafricanos están empezado a reconocer los paralelismos con lo que nosotros sufrimos. […] Si acabó el apartheid, también puede acabar la ocupación, pero la fuerza moral y la presión internacional tienen que tener la misma determinación. La actual campaña de desinversión es el primer paso necesario en esta dirección, aunque desde luego no es el único”[26]

Ésta es precisamente la conclusión a la que llegó la sociedad civil palestina. El día 9 de julio [de 2005], día del primer aniversario de la Opinión Consultiva del Tribunal Internacional de Justicia contra el Muro, más de 170 partidos políticos, sindicatos, asociaciones profesionales y otras organizaciones sociales palestinas emitieron el Llamamiento al Boicot, la Desinversión y las Sanciones, o BDS, contra Israel hasta que acate totalmente el derecho internacional y los principios universales de los derechos humanos. La campaña de BDS está anclada en la resistencia no-violenta contra la opresión israelí en todas sus dimensiones. Estableciendo un importante precedente, este documento histórico fue firmado por representantes de los tres sectores constitutivos del pueblo palestino: los refugiados, los ciudadanos palestinos de Israel y los palestinos de los territorios ocupados. También es la primera vez que esta forma de resistencia no violenta es respaldada ampliamente por prácticamente todos los sectores de la sociedad palestina. Un aspecto crucial del Llamamiento es su apelación directa a los israelíes de conciencia a apoyarlo.

Donde más fuerte es el apoyo al boicot contra Israel es en Sudáfrica. En octubre de 2004, un llamamiento a un boicot total contra Israel emitido por grupos de solidaridad sudafricanos fue respaldado por la mayoría de las principales organizaciones y sindicatos de Sudáfrica, incluyendo el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU, por sus siglas en inglés), el Movimiento de Los Sin Tierra, la Coalición Sudafricana de ONGs, la Coalición Contra la Guerra y Médicos por los Derechos Humanos.

Así pues, ¿en qué consiste exactamente el llamamiento de la sociedad civil palestina?

Basándose en sistema del apartheid israelí en tres estadios que hemos descrito, el Llamamiento al BDS palestino estipula:

“Nosotros, representantes de la sociedad civil palestina, hacemos un llamamiento a las organizaciones de la sociedad civil internacional y a las personas de conciencia de todo el mundo a imponer un amplio boicot y a implementar iniciativas de desinversión contra Israel similares a las aplicadas en Sudáfrica en la época del apartheid. Os apelamos a presionar a vuestro respectivos Estados para que impongan embargos y sanciones contra Israel. Invitamos también a los israelíes de conciencia a apoyar este Llamamiento en nombre de la justicia y la paz genuina” [27].

El modelo del Llamamiento al BDS fue un llamamiento anterior emitido por la Campaña Palestina por el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, por sus siglas en inglés) que se convirtió en el centro de atención durante el debate que llevó, y siguió, al boicot de AUT contra una selección de universidades israelíes en abril de 2005. Aquella decisión histórica fue invalidada en mayo de ese mismo año. Durante 34 los palestinos de todas partes del mundo vieron un poco de luz al final del túnel de la obscura opresión que lleva durando 57 años. Nos dimos cuenta de que se podía bajar a Israel del pedestal en el que lo ha situado occidente, por tomar la metáfora de Desmond Tutu. Durante 34 días nos pareció que el mundo escuchaba, que finalmente habíamos conseguido hacer una verdadera brecha en el muro del silencio vergonzante y de la complicidad en la arena internacional. Durante 34 días fuimos testigo de un evidente momento de transformación en el modus operandi del movimiento de solidaridad desde limitarse a concienciar y emitir comunicados o condenas, por muy importante que esto sigan siendo, hasta aplicar también medidas efectivas de presión para conseguir justicia y paz.

Hay muchos argumentos en contra de ignorar el Llamamiento palestino. Trataré de resumir los más racionales y populares de ellos, y de dar contra-argumentos, la clave de los cuales es el principio de coherencia moral.

Principales argumentos contra el Llamamiento al BDS

Algunos destacados defensores de la causa palestina han argumentado en contra de aplicar sanciones y boicot al estilo de las aplicadas en Sudáfrica por diferentes razones, las más significativas de las cuales son las siguientes:

(A) Israel es esencialmente un país democrático con una activa sociedad civil y, por consiguiente, se la puede convencer de acabar esta opresión sin sanciones.

(B) A diferencia de la Sudáfrica del apartheid, la mayoría en Israel se opone a las sanciones.

(C) Las organizaciones de la sociedad civil israelí son ampliamente progresistas y están a la vanguardia del movimiento de paz, y, por consiguiente, hay que apoyarlas no boicotearlas.

Contra-argumentos

(A) ¿Cómo se puede calificar de democracia a una supremacía étnico-religiosa que también es un poder colonial? Por ejemplo, el profesor de la Universidad de Nueva York Tony Judt, considera que Israel es un “anacronismo disfuncional” y lo clasifica ente los “etno-Estados dirigidos por la fe y beligerantemente intolerantes”[28].

El famoso escritor judío-estadounidense I.F. Stone, resumió el dilema del sionismo afirmando: “Israel está creando una especie de esquizofrenia en el mundo judío. Fuera de Israel, el bienestar de los judíos depende del mantenimiento de sociedades plurales, laicas y no raciales. Dentro de Israel, los judíos defienden una sociedad en la que no se pueden legalizar los matrimonios mixtos, en la que los no-judíos tienen un estatuto inferior al de los judíos, en la que el ideal es racista y exclusivista”[29].

(B) De todos los argumentos en contra del boicot, éste refleja o bien una sorprendente ingenuidad o bien una deliberada deshonestidad intelectual. ¿Vamos a juzgar si se aplican sanciones a un poder colonial basándonos en la opinión de la mayoría en la comunidad de los opresores? ¿La comunidad oprimida no cuenta en absoluto?

(C) Esto es simplemente un mito propagado y mantenido por algunos académicos e intelectuales que se consideran a sí mismos la “izquierda”. La inmensa mayoría de los israelíes sirve en las fuerzas de reserva del ejército israelí y, por consiguiente, conocen de primera mano o han participado en los crímenes cotidianos de la ocupación y la colonización. Además, con la excepción de una exigua aunque crucial minoría, la sociedad civil israelí se opone mayoritariamente a una igualdad total de los palestinos, apoya la opresión del Estado o mantienen un silencio connivente con ella.

Segundo grupo de argumentos contra la campaña de BDS

Desde una perspectiva ligeramente diferente, algunos observadores han argumentado que boicotear a Israel es contraproducente y que puede llevar a:

(1) Perder la capacidad de influir en el posible campo de la paz de Israel,

(2) Radicalizar a la derecha israelí y dificultar el trabajo a la izquierda,

(3) Aumentar indirectamente el sufrimiento de los palestinos que pueden llegar a perder financieramente e incluso verse sometidos a unas condiciones aún más deterioradas de opresión debido a un Israel más salvaje y aislado.

Segundo grupo de contra-argumentos

(1) ¿Qué influencia? Europa prácticamente no tiene ahora derecho alguno. Incluso en Estados Unidos la israelización de la política exterior, particularmente contra Oriente Próximo, ha llegado a sus cotas más altas con lo que se ata de manera efectiva las manos a toda perspectiva de presión estadounidenses con el objetivo de restringir, por no mencionar cambiar, las políticas represivas israelíes.

(2) ¿Qué izquierda? La izquierda sionista de Israel consigue fácilmente que los partidos de extrema-derecha de Europa parezcan tan morales como la Madre Teresa, especialmente cuando se trata de reconocer los derechos de los refugiados palestinos. Por otra parte, la izquierda moralmente coherente y no sionista es un grupo diminuto, cuyos miembros pueden sin querer acabar perdiendo beneficios, privilegios y fondos a consecuencia del boicot. Esto debería obligarnos a matizar nuestras tácticas de boicot para disminuir la posibilidad de que esto ocurra innecesariamente. Pero, todos lo sabemos, esto no es una ciencia exacta (si es que lo es alguna ciencia). Debemos subrayar el aspecto positivo que puede tener el boicot en la totalidad de la lucha por los derechos humanos, la igualdad y la democracia real incluso en Israel.

(3) ¿Más asfixia? Incluso el arzobispo Desmond Tutu se quedó horrorizado por el elaborado y multifacético asedio que ha establecido Israel en los territorios palestinos ocupados, y ha hecho un llamamiento a aplicar contra Israel unas sanciones al estilo de las aplicadas contra Sudáfrica.

El argumento del Holocausto y del anti-semitismo

Como afirma el filósofo francés Etienne Balibar, “no se debería permitir a Israel instrumentalizar el genocidio de los judíos europeos para situarse por encima de la ley de las naciones”[30]. Más allá de ello, al hacer la vista gorda de la opresión de Israel, como suele hacer Estados Unidos y la mayor parte de la Europa oficial, occidente ha perpetuado de hecho la miseria, el sufrimiento humano y la injusticia que han continuado desde el Holocausto.

Por lo que se refiere a la acusación de anti-semitismo, salta a la vista que está fuera de lugar y que claramente se utiliza como una herramienta para la intimidación intelectual. Apenas vale la pena reiterar que el llamamiento palestino al boicot, las desinversiones y sanciones no se dirige contra los judíos, ni siquiera contra los israelíes en tanto que judíos. Se dirige exclusivamente contra Israel en tanto que potencia colonial que viola los derechos palestinos y el derecho internacional. El creciente apoyo entre los judíos progresistas europeos y estadounidenses a una presión efectiva contra Israel es un contra-argumento al que no se da una publicidad adecuada.

La campaña de BDS no descarta una cooperación palestino-israelí en tanto ésta reconozca la realidad de la opresión, acepte la necesidad básica de igualdad y se dirija contra la injusticia. Simplemente establece unos criterios cuidadosos para hacer esta cooperación moralmente firme y políticamente efectiva. No basta con hacer un llamamiento a la paz, porque esta palabra se ha convertido en la palabra del diccionario de la que más se abusa, particularmente cuando dos notorios y certificados criminales de guerra se consideran actualmente a sí mismos “hombres de paz”. La paz sin justicia equivale a institucionalizar la injusticia.

Los proyectos de paz que omiten deliberadamente toda mención a la opresión que ejerce Israel sobre los palestino no son sino esfuerzos perjudiciales y corruptos. Quienes imaginan que pueden adoptar la postura del avestruz ante el conflicto sugiriendo unos foros para el acercamiento, la distensión o el “diálogo” -- que ellos esperan que puedan llevar a un auténtico proceso de reconciliación y finalmente a la paz -- son cínicamente ilusos o peligrosamente engañosos. Tratar de cambiar la percepción de los oprimidos en vez de ayudar a terminar con la propia opresión es un indicador de ceguera moral y de estrechez de miras política. Prolongar la opresión no sólo carece de ética, sino que también es pragmáticamente contraproducente ya que perpetúa el conflicto.

La campaña de boicot, desinversión y sanciones no es un bloque cerrado que sirve para todo. Si se acepta la premisa básica de que hay que presionar a Israel para que acate el derecho internacional, entonces se pueden aplicar diferentes formas de presión de acuerdo con contextos específicos. Sin un apoyo basado en principios y eficaz a este forma mínima, civil y no-violenta de resistencia a la opresión o a cualquier forma comparable de lucha, las organizaciones de la sociedad civil internacional abandonarán su obligación moral de defender el derecho, la justicia, la paz verdadera y una oportunidad de dar validez a la preponderancia de principios éticos universales.

Notas:

* Omar Barghouitti es un investigador palestino independiente y miembro fundador de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI).

[1] Desmond Tutu, Apartheid in the Holy Land, The Guardian, 29 de abril de 2002.

[2] Roman Bronfman, The Hong Kong of the Middle East, Ha’aretz, 20 de mayo de 2005.

[3] Thomas O'Dwyer, Parts and apartheid, Ha’aretz, 24 de mayo 2002.

[4] Roee Nahmias, ‘Israeli terror is worse’, Yedioth Ahronoth, 29 de julio de 2005.

[5] Jon Jeter, South African Jews Polarized Over Israel, Washington Post, 19 de diciembre de 2001.

[6] Editorial de Ha’aretz, A Fence Along the Settlers’ Lines, 3 de octubre de 2003.

[7] Mazal Mualem, Old Habitats Die Hard, Ha’aretz, 20 de junio de 2003.

[8] Ibid.

[9] Dr. Aghlab Khouri del Hospital Oftalmológico de St. John de Jerusalén explica en su declaración jurada a la organización de derechos humanos el efecto del impacto de una bala de metal recubierta de caucho en el ojo: “Los casos que he tratado durante los enfrentamientos eran de disparos directos a los ojos con balas de metal recubiertas de caucho. Este tipo de bala no es afilada, pero tiene dentro un trozo de metal; golpea el ojo a una gran velocidad y crea un impacto que hace añicos el ojo”.

LAW, Israel’s Excessive and Indiscriminate Use of Force: Eye Injuries, 2 de noviembre de 2000.

[10] Physicians for Human Rights, Evaluation of the Use of Force in Israel, Gaza and the West Bank, 3 de noviembre de 2000. http://www.phrusa.org/research/forensics/israel/Israel_force_2.html

[11] Tanya Reinhart, Don’t Say You Didn’t Know, Indymedia, 6 de noviembre de 2000.

[12] Chris Hedges, A Gaza Diary, Harper’s Magazine, octubre de 2001.

[13] Para leer más sobre este argumento, véase: Omar Barghouti, The Spirit of Auschwitz, Al-Ahram Weekly Online, 2 - 8 de mayo de 2002.

[14] DPA, Sephardi Jews Demand Recognition from Spanish Government, Ha’aretz, 15 de octubre de 2002.

[15] Para más detalles, véase: Omar Barghouti, On Refugees, Creativity & Ethics, ZNet, 28 de septiembre de 2002.

[16] Según Médicos por los Derechos Humanos de Israel [Physicians for Human Rights-Israel], “aunque los ciudadanos palestinos del Estado de Israel representan aproximadamente el 20% de su población, esta comunidad sufre una discriminación institucional que provoca unas graves diferencias socio-económicas entre la mayoría judía y la minoría árabe. No se han hecho inversiones relevantes para eliminar estas diferencias. Al contrario, la población árabe continúa sufriendo carencias de asignaciones presupuestarias y discriminación en muchos ámbitos, incluyendo el paro, la educación, la pobreza y políticas de planificación y los servicios sanitarios”. http://www.phr.org.il/Phr/Pages/PhrArticle_Unit.asp?Cat=37&Pcat=4

[17] El escritor israelí Benjamin Beit-Hallahmi afirma, “los israelíes parecen obsesionados por […] la maldición del pecado original contra los nativos árabes. ¿Cómo se puede discutir sobre Israel sin recordar la desposesión y exclusión de los no judíos? Este es el hecho más básico acerca de Israel y no es posible comprender la realidad israelí sin él. El pecado original obsesiona y atormenta a los israelíes: marca todo y tiñe a todo el mundo. Su recuerdo envenena la sangre y marca cada momento de la existencia", Benjamin Beit-Hallahmi, Original Sins: Reflections on the History of Zionism and Israel (1993); citado en: “The Origin of the Palestine-Israel Conflict,” www.cactus48.com

[18] Edward Herman, Israeli Apartheid and Terrorism, Z-Magazine, 29 de abril de 2002.

[19] Ha’aretz, 22 de mayo de 2003.

[20] Eli Ashkenazi, Budget for Cancer Mapping doesn’t extend to Arab Sector, Ha’aretz, 28 de marzo de 2005.

[21] Lily Galili, Long Division, Ha’aretz, 19 d diciembre de 2003.

[22] Lily Galili, A Jewish demographic state, Ha’aretz, lunes 1 de julio de 2002.

[23] Yulie Khromchenco , Poll: 64% of Israeli Jews support encouraging Arabs to leave, Ha’aretz, 22 de junio de 2004.

[24] Galili, 2002.

[25] Ronnie Kasrils y Victoria Brittain, Both Palestinians and Israelis will benefit from a boycott, The Guardian, 25 de mayo de 2005.

[26] Desmond Tutu y Ian Urbina, Against Israeli Apartheid, The Nation, 15 de julio de 2002.

[27] Se puede leer el llamamiento completo de la sociedad civil palestina al boicot, las desinversiones y sanciones (BDS) en: www.PACBI.org

[28] Tony Judt, Israel: The Alternative, New York Review of Books, Vol. 50, #16, 23 de octubre de 2003. http://www.nybooks.com/articles/16671

[29] I.F. Stone, For a new approach to the Israeli-Arab Conflict, The New York Review of Books, 3 de agosto de 1967.

[30] Etienne Balibar, A Complex Urgent Universal Political Cause, ponencia den la conferencia la Facultad para la Paz Israelo-Palestina (FIP, en sus siglas en inglés), Université Libre de Bruxelles, 3 y 4 de julio.

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