Asistiendo al colapso de Gaza

Yasmin Moor
Electronic Intifada, via rebelion.org
Traducción: Observatorio de la Islamofobia
9/9/07

Hoy he ido con la mujer de mi primo y sus niños a la oficina de ayuda social de Gaza para recoger el cheque mensual que les da el gobierno. Mi primo fue asesinado el pasado septiembre por un francotirador israelí cuando se encontraba en la puerta de su casa. A sus hijos y esposa el gobierno palestino les entrega ahora 375 NIS (un poco menos de 100 dólares USA) al mes.

Es la tercera vez que acudimos a la oficina este mes, porque cada vez que vamos está cerrada. Las puertas están abiertas, con guardias en el exterior, pero la oficina no está operativa y no hay empleados que puedan ayudarnos. "¿Por qué está cerrada?", pregunté a uno de los guardias. "En huelga", respondió.

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"¿Entonces que hacemos ahora?", le pregunté. "Espero que nos paguen, y así podamos volver al trabajo", me contestó. Le miré con frustración, pero supe que no podía culparle a él o al personal de la oficina por no ir a trabajar. Su situación era exactamente la misma que la de cualquier otro funcionario en Gaza. Entiendo que los empleados del gobierno ya no puedan más; después de todo no han recibido sus salarios desde enero de 2006, pero todavía muchos van a trabajar. He conocido personas que tuvieron que pedir prestado a sus vecinos para pagarse el transporte a un trabajo por el que no han cobrado todavía. Cada vez que me planteo escribir sobre Gaza, para dar al mundo una idea de lo que la gente aquí está pasando, me siento desbordada. Nunca estoy segura de por dónde empezar para dar a los lectores una idea de la vida en Gaza y la creciente crisis humanitaria y económica. ¿Debería comenzar describiendo los efectos de los cierres de fronteras? Estos cierres son, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), la razón de que Gaza se encuentre al borde del colapso económico, y de que, de no haber cambios en las próximas semanas, la población entera acabe dependiendo completamente de las ayudas sociales. Todos podemos ver los efectos de estos cierres en los mercados, donde sólo hay unas pocas verduras, y estamos obligados a depender de los paquetes de alimentos de la UNRWA, que contienen harina, arroz y aceite.

Ni siquiera podemos cultivar nuestra propia comida, porque los campesinos se han quedado sin suministros, incluidos los fertilizantes. Sin embargo, Israel pone todas las facilidades para el cultivo israelí de frutas y verduras en el interior de Gaza, cuando así lo desea. Estamos forzados a comprar y comer de la mano de nuestro ocupante, y apoyar así su economía mientras vemos la nuestra desplomarse.

O quizás debería escribir sobre los miles de palestinos todavía bloqueados en el paso fronterizo de Rafah, separados de sus familias, quedándose sin dinero, sentados esperando que la frontera se abra. Tal vez debería describir cómo viven en condiciones insalubres, que hacen que el enfermo se ponga más enfermo, y el sano caiga enfermo.

Las noticias de prensa olvidan mencionar las erupciones en la piel de esta gente que tiene que estar al sol todo el día sin agua potable y sin acceso a agua para lavarse.

¿Cómo puedo describir los efectos de la huelga de los funcionarios del gobierno, incluidos los basureros, que provoca por ejemplo que la basura de Gaza no se haya recogido en las dos últimas semanas, con las moscas, cucarachas y ratas invadiendo nuestras calles y hogares? Tenemos que guardar todo refrigerado, incluida el azúcar, a causa de las ratas. Gaza se ha quedado incluso sin veneno para ratas de ningún tipo.

¿Cómo puedo describir que las farmacias se hayan quedado sin determinados medicamentos que no llegas realmente a apreciar hasta que ves a tu tío en la cama, incapaz de respirar, porque no tiene su medicación para el corazón, o al bebé de seis meses de tu vecino siendo hospitalizado por una diarrea que se podría tratar normalmente?

Y que Dios ayude a quienes no son refugiados, los palestinos que vivían en Gaza antes de 1948. Al menos los refugiados pueden obtener alimentos y asistencia médica de la agencia de la ONU para los refugiados, la UNRWA – los no refugiados no pueden. Entonces tienen que depender del gobierno y, con los hospitales del gobierno cerrados, muchos de ellos no tienen acceso a la asistencia médica. Y así las mujeres se sientan con sus hijos a la puerta de los ambulatorios gubernamentales esperando que los médicos decidan presentarse ese día a trabajar movidos por su buen corazón, ya que no han cobrado desde el año pasado.

¿O cómo puedo empezar a explicar que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, haya denegado completamente el reconocimiento de cualquier documento que provenga de Gaza, incluidos los pasaportes, los títulos y los diplomas? Hace sólo unos días, unos mil estudiantes obtuvieron sus licenciaturas en las dos universidades de Gaza, pero sus títulos no son reconocidos internacionalmente, y ni siquiera internamente dentro de su propio país, en el resto de la Palestina ocupada.

Poniéndose del lado de Israel y de los Estados Unidos, Abbas ha vendido a Gaza y al pueblo palestino para obtener beneficios políticos propios. Él mismo ha ordenado personalmente que el paso fronterizo de Rafah permanezca cerrado, cortando Gaza del resto de Palestina, a pesar de los sufrimientos de más de 4000 palestinos. Simplemente ignora a la gente que dice representar.

La gente aquí se ha quedado sin dinero. Aunque consiga cubrir sus necesidades mínimas alimentarias, no tiene medios para comprar cosas como ropa o material escolar para sus hijos, o para pagar el alquiler. No tienen trabajo ni dinero, y así gastan su tiempo yendo y viniendo a la playa de Gaza, porque no hay nada que hacer en Gaza.

Al pueblo de Gaza se le niega cualquier derecho humano básico – el derecho a vivir libremente, sin miedo, no bajo la bota de la ocupación; el derecho a trabajar y a encontrar el sustento para sus familias; y el mero derecho de gobernarse a sí mismos. Por el contrario, Beit Hanun y Beit Lahiya han sido completamente arrasadas con bulldozers y estamos aterrorizados por los tanques que han estacionado frente a nosotros, y por los F-16 que pasan una y otra vez sobre nuestras casas. ¿Cómo puedo describir los aviones que se lanzan sobre nosotros en vuelo rasante en plena noche para aterrorizar a nuestros hijos, que se quedan gritando durante el resto de la noche?

Todo le ha sido arrebatado al pueblo de Gaza, hasta el punto de que si un muchacho desea trabajar de taxista porque no hay otras oportunidades de empleo, no puede ni siquiera conseguir una licencia, porque éstas ya no se expiden en Gaza.

La secretaria de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, se ha reunido con los autodenominados "líderes palestinos", pero negándose a incluir al primer ministro Ismail Haniya o a Hamas en las conversaciones. El pueblo de Gaza no está representado o incluido en las negociaciones. No tenemos voz. Nuestras necesidades no son escuchadas ni tenidas en cuenta. Ni siquiera podemos confiar en nuestro propio presidente para obtener nuestro derecho a ser representados. Por lo tanto, yo pregunto a Abbas, Rice, Fayyad, Bush, Blair y al resto del mundo:

¿Qué va a pasar con los 1.400.000 palestinos de Gaza?

Yasmin Moor es palestina-americana y escribe desde Rafah, Gaza. Actualmente trabaja para poner en marcha un proyecto hortícola a través de una organización que ella ha confundado, Save Gaza [Salvemos Gaza]

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