Crisis mundial de alimentos: se extienden los motines por comida

Dr. Eric Holt-Giménez
Ecoportal/inSurGente.org
24/04/08

Los titulares de esta semana están ardiendo con reportajes sobre motines por comida. Parecería que de un día para otro, la comida barata y la sobreproducción, se transformaron en alza de precio hasta del 80% y en la prohibición de exportar alimentos en algunos países para prevenir su escasez.

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Los titulares de esta semana están ardiendo con reportajes sobre motines por comida. Parecería que de un día para otro, la comida barata y la sobre producción, se transformaron en alza de precio hasta del 80% y en la prohibición de exportar alimentos en algunos países para prevenir su escasez.

¡Ha llegado la nueva crisis de alimentos! Pero ésta ha estado produciéndose durante décadas. Desde que el Banco Mundial, BM, y el Fondo Monetario Internacional, FMI, invadieron el mercado del Sur—al obligarlos a abrir sus puertas a los granos subvenciados de EEUU y Europa—los campesinos de los países pobres constantemente son expulsados de la tierra y la producción agrícola. Con la bandera de “ventajas comparativas”, muchos países pobres que anteriormente fueron autosuficientes en la producción de su comida se han convertido en importadores de comida, debido a la política externa deliberada de EEUU. Pero ahora que EEUU retiene su maíz y vende caro el alimento, estas naciones han quedado como los perdedores del juego.

Echándole la culpa a las sequías en Australia, al aumento del consumo de carne en China, a la explosión de los agrocombustibles y al alto precio del petróleo, nuestros líderes (de EEUU) han sido muy rápidos en ofrecer una avalancha de soluciones: Un “Nuevo Acuerdo” propone el BM, otra “Revolución Verde” ofrecen las Fundaciones Bill & Melinda Gates y Rockefeller, y rápidamente aparecen US$300 millones de George Bush en ayuda de emergencia para la alimentación. Esto es solo el inicio de los billones de dólares que serán gastados en este lucrativo negocio. Los monopolios del negocio agrícola como ADM, Cargill, Monsanto y el gigantesco “General Foods” sospechosamente se han mantenido callados respecto a la crisis. Durante los últimos tres años mientras la crisis se extendía, ellos alcanzaban ganancias récord de 60-80%.

Urgentemente se necesitan medidas de emergencia para que la comida sea accesible a la gente pobre. Pero también son urgentes los cambios profundos a un sistema globalizado de alimentación que requiere transformaciones. De manera vulnerable a los choques ambientales y económicos, producimos, transportamos y consumimos alimentos de manera dependiente de vastas cantidades de petróleo, en un mercado concentrado en tres o cuatro mercancías, y sujeto al poder de un grupúsculo de compañías que dominan las semillas, los granos y productos químicos.

Desafortunadamente, la necesidad de un cambio de sistema—no simplemente más de lo mismo—está fuera de las propuestas oficiales para afrontar la crisis de alimentos. Posiblemente esto es comprensible porque significaría que los gobiernos, las instituciones de financiamiento internacional y las corporaciones de negocios agrícolas, reconocerían que ellos son parte esencial del problema.

Con razón están los líderes mundiales preocupados con las manifestaciones populares en contra del alza de precios de la comida. Con excepción de Haití (donde la población está comiendo galletas hechas con barro y aceite vegetal), estas manifestaciones en las calles parecen más rebeliones con ira de ciudadanos despojados de sus derechos que, enloquecidas masas muertas de hambre amotinándose. La gente no está sólo molesta por el alza de precios, es la injusticia del sistema global de alimentación lo que los lleva a rebelarse.

La Evaluadora Internacional de Ciencias Agrícolas y Tecnología (IAASTD siglas en ingles) recientemente presentó su informe final en Johannesburgo, Sud África. Producto de una exhaustiva consulta de 3 años, similar a la del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, IAASTD llama a una revisión de la agricultura dominada por compañías multinacionales y un régimen de comercio injusto. El informe advierte contra las imposiciones de la ingeniería genética en la producción de alimentos, y enfatiza la importancia de la producción local y la producción agroecológica. La ventaja esencial de esta forma de producción agrícola—además del leve impacto ambiental—es que brinda tanto comida como empleo a la población pobre del mundo, así como un exedente para el mercado. Haciendo la comparación en kilos por hectárea de tierra cultivada, se ha comprobado que las pequeñas fincas familiares son más productivas que las enormes fincas industriales. Además, utilizan menos petróleo, especialmente si la comida se comercia local o sub-regionalmente. Estas alternativas, creciendo por todo el mundo, son como pequeñas islas de sostenibilidad en un mar económico y ambiental cada vez más peligroso. Mientras la agricultura industrializada y los regímenes de libre comercio fracasan, estas formas de producción serán la clave para reconstruir la resiliencia ante el disfuncional sistema global de alimentación.

Esperar que solucionen el problema las instituciones que han creado la crisis de alimentos es como pedir a un pirómano apagar el fuego. Que la gente pobre regrese al campo y brindarles el apoyo que actualmente dominan los monopolios agrícolas y de alimentos sería verdaderamente una solución sistémica y duradera a la actual crisis global de alimentos.

El Dr. Eric Holt-Giménez es Director Ejecutivo, Food First - Instituto sobre Políticas de Alimentación y Desarrollo - Oakland, California

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