¿Quién necesita la guerra en Colombia?

Norelys Morales Aguilera
Insurgente
24/03/08

Estados Unidos necesita la guerra en Colombia para mantener un aparato bélico en América Latina, ahora, que como se vio en el Grupo de Río, cuya reunión se celebrara en Republica Dominicana, los estadistas de la región son capaces de resolver los conflictos satisfactoriamente y con mucha altura ética, de lo cual varios dieron muestras inequívocas. El Plan Colombia fue construido para servir de plataforma militar regional y, en diversos momentos, el gobierno estadounidense intentó involucrar a varios países de la región en el conflicto colombiano.

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El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha dado pruebas contundentes de servir a los intereses de Estados Unidos. Su excelente apoyo mediático, que es nada más y nada menos que el del Imperio estadounidense, no ha podido ocultar que hace daño a la paz, independientemente de sus abrazos a los dignatarios en Santo Domingo. Es una pena. Uribe tiene como mandato imperial romper con la posibilidad de un acuerdo negociado y humanitario con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) para la liberación de rehenes, sobre todo de ex parlamentarios que hagan oposición a su política de guerra. Asimismo, ir contra Hugo Chávez y la Venezuela del líder bolivariano hasta las últimas consecuencias. También golpear a Rafael Correa está en la estrategia. ¿Motivos?. Justamente aplicar el Plan Colombia.

Como tendremos que recordar por mucho tiempo, en 2001 George Bush asumió el mando en la Casa Blanca y su secretario de Estado, Colin Powell, tuvo el encargo de buscar la colaboración de los países latinoamericanos para su estrategia en Colombia, que evidentemente no era la paz. En ese entonces el Presidente Andrés Pastrana y el líder de las FARC Manuel Marulanda intentaban negociar un acuerdo de paz. El Plan Colombia fue aprobado por el Congreso de los Estados unidos para defender la democracia y acabar con el narcotráfico.

Incluso, véase la delicia del cambio de estrategia de los políticos estadounidenses, que en el fondo no es cambio, sino su gran verdad. El Congreso condicionó la concesión de 1.3 millones de dólares, a su no utilización para fines contra-insurgentes. Se sabe que en ese momento no había una lucha universal de Estados Unidos contra el terrorismo, ni las FARC eran denominadas terroristas. Eso vendría después.

La posibilidad real apareció con el 11 de septiembre en los Estados Unidos. La política de guerra irracional de Bush que la justifica hasta con la economía y la filantropía en su país, se llamó el “combate al terrorismo”. Ya las FARC podían denominarse grupo “terrorista”, terminología que de inmediato tomaron los grandes medios, dentro y fuera de Colombia y, algunos gobiernos.

En 2002, Colin Powell gestionó adicionar 731 millones de dólares para financiar la participación de Ecuador, Bolivia y Perú en el Plan Colombia. Ecuador adquiriría un rol principal, especialmente porque Estados Unidos utilizaban la Base de Manta, con capacidad de controlar el espacio aéreo de la región Amazónica, del Canal de Panamá y de Centroamérica. Cuando se vence el contrato con el pequeño país andino y su presidente Rafael Correa les propone que se lleven la Base a territorio norteamericano, se comprende la poca simpatía de la propuesta y la necesidad de demonizar al joven dignatario.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha puesto en marcha una campaña internacional por un acuerdo humanitario y la liberación de rehenes secuestrados por las FARC, pero todo el saboteo al proyecto humanitario se enfrenta al proyecto guerrerista. Han sido muchos los escollos para liberar unos pocos rehenes de la guerrilla y el gobierno apenas da pasos positivos. Las mentiras de Uribe son una cadena, pero la verdad y los resultados iniciales se abren paso. Uribe y Bush necesitaban un contrataque y eligieron como blanco Ecuador, apuntando al presidente Rafael Correa y apostando a la diseminación de una ola de “crisis” hemisférica.

Después de una intensa batalla diplomática, que puso la región al borde de la guerra, demostrada la ineficacia de la OEA y el papel de Estados Unidos, el presidente Rafael Correa dijo que el problema de fondo es la existencia de un conflicto, el colombiano, que impacta en la región, y que en esa medida es necesario que Uribe se abra a otras salidas.

Hay muchos indicios que llevan a pensar, que Álvaro Uribe, no va a ceder en sus empeños guerreristas y que el complicado panorama político colombiano, donde participan varios actores, Uribe los reduce al papel de las FARC. Si no existieran las FARC y el ELN, también Colombia estaría en graves situaciones de violencia acumulada y que se sigue acumulando. Solo obsérvese el alevoso oportunismo de Washington, que mientras se dirimía el conflicto con Ecuador por vía diplomática, presionaba para firmar un TLC que ha suscitado grandes protestas y análisis muy atinados de lo que va a representar para Colombia y especialmente para algunos sectores vulnerables.

Un tema que podría parecer secundario, los ordenadores hallados en el lugar del crimen de los guerrillero colombianos en Ecuador* y, ahora otro ordenador, el del guerrillero de las FARC, "Iván Ríos’’ cuyo cadáver las autoridades exhibieron a la prensa el sábado, asesinado por su jefe de seguridad a quien se supone se le ha pagado una recompensa y se le permitió dar una rueda de prensa en la que relató cómo mató al guerrillero, al cual le cortó la mano derecha, mostrando a una guerrilla desmoralizada.

Estos ordenadores que los Estados Unidos ha pedido revisar, apuntan a vincular a las FARC con la adquisición de uranio y el tráfico internacional de armas, además de otros delitos, que no pueden ser comprobados por los lectores, en un clásico manejo manipulativo y por demás, muy peligroso y atentatorio contra cualquier solución de búsqueda de la paz. Así están las cosas, y especialmente el Plan Colombia, que es una punta de lanza contra América Latina, muy bien diseñado en Washington, y en verdad, su principal objetivo es el declarado, o sea, luchar contra el narcotráfico.

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