El Ártico alerta de una gran tragedia

Agencias/InSurGente
4/10/07

Carlos Duarte, investigador del CSIC y jefe científico de la primera expedición española al Ártico fue severo y tajante en el análisis.

"El año pasado se revisaron [las previsiones de deshielo total del Ártico] al año 2040, y si extrapoláramos la tendencia que estamos viendo en el 2007, posiblemente el Ártico pudiera quedar desprovisto de hielo en 2020", según este experto, uno de los más prestigiosos en el mundo. Además, Duarte advierte que el deshielo hace que cada año sea más probable una mayor reducción y que se alcancen mínimos históricos.

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Duarte, que acaba de regresar de una expedición científica en la zona, presenta una estampa del Ártico poco idílica. "Tiene una extensión de hielo que no se había visto en los últimos cientos de miles de años por su escasez. Es un Ártico que en vez de blanco, es cada vez más azul, que permite usos de extracción de riquezas pesqueras y recursos de gas y petróleo".

Y es que algunas zonas del Ártico registraron este verano temperaturas sin precedentes de 20º, 15 grados por encima de la temperatura media de 5º. Este aumento de la temperatura fue acompañado en septiembre de un dramático descenso de la capa de hielo, la más importante que se recuerda. Así lo revela un informe de un grupo de científicos de la Universidad de Queen de Ontario, cuyos termómetros registraron esos 22 grados durante una expedición en julio.

Una isla de hielo se parte en dos y se dirigen al sur con consecuencias imprevisibles

El 13 de agosto de 2005 los medios de comunicación de todo el mundo reflejaron en sus portadas una noticia preocupante. Un enorme bloque de hielo de 66 kilómetros cuadrados (el equivalente a más de diez mil campos de fútbol) se había desprendido de la plataforma helada de Ayles, en el Ártico canadiense, y quedaba a la merced de las gélidas corrientes oceánicas. Se trataba, y se trata, del mayor desprendimiento de hielo jamás detectado por los científicos.

La gran plataforma, una auténtica isla de 15 km de longitud por 5 km de anchura y más de cuarenta metros de espesor, había quedado encallada en las costas del norte de Canadá. Pero su «siesta» estaba destinada a durar poco. Ahora, y mucho más rápido de lo que se esperaba, la gran plataforma helada se ha roto en dos partes que se dirigen, a distintas velocidades, hacia mar abierto. Y una de ellas, que en apenas una semana ha conseguido recorrer casi 100 kilómetros, se dirige directamente hacia las instalaciones de gas y petróleo de Alaska.

Luke Copland, uno de los científicos de la Universidad de Ottawa que sigue el devenir de este gigante de hielo, se muestra, en declaraciones realizadas a la cadena británica BBC, muy sorprendido por el hecho de que la «isla» se esté dirigiendo de forma tan decidida hacia el sur. «Resulta poco corriente -afirma el investigador- que un bloque de hielo vaya a la deriva en dirección sur a tanta velocidad. En el pasado, otros grandes fragmentos helados se habín quedado, tras su desprendimiento, dentro del Océano Ártico, o habían llegado como mucho hasta la zona norte de las islas Reina Isabel.

Escasez de hielo

Para Copland, la causa que está empujando la isla tan lejos hacia el sur está en la escasez de hielo marino en el Ártico este verano. Nunca, desde que se comenzó a medir el deshielo estival con satélites en 1979, se había detectado una reducción de la superficie marina helada como la de este año. El pasado 16 de septiembre, el National Snow and Ice Data Center de Estados Unidos (NSIDC), midió una extensión de 4,13 millones de km cuadrados de hielo en el Ártico, muy por debajo del mínimo anterior, de 5,32 millones de km, registrado en 2005.

«La escasez de hielo marino registrada este verano -asegura Copland- ha jugado sin duda un papel destacado. En condiciones normales, el hielo del mar bloquea el paso de estos grandes bloques, pero la escasa cantidad registrada este año, ha dejado abierto el camino hacia el sur».

Este anormal desplazamiento hacia aguas más cálidas y que por lo tanto favorecen el deshielo, ha contribuido a que el enorme bloque se rompa en dos partes y se funda con una rapidez no observada hasta el momento. Según los investigadores, en estas condiciones las dos partes de la «isla» no durarán más de diez años, cinco veces menos de lo que sería habitual si se hubiera quedado en el Océano Ártico. Las últimas mediciones realizadas sobre el terreno, el pasado mes de mayo, revelan que la placa tiene, de media, entre 42 y 45 metros de espesor.

Preocupa especialmente a los científicos el hecho de que una de las dos mitades se esté dirigiendo a mucha velocidad (unos 90 km semanales) hacia Alaska, donde abundan las plataformas de gas y petróleo.

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